Cuádruple play para los oligopolios televisivos

Insistieron en omisiones, demandas, cabildeo, amagos, manipular en silencio para lograr el control de la tecnología que permite ofrecer señales televisivas por cable, telefonía e internet. Así se han hecho de una enorme porción del espectro sin licitar. El Estado ha dejado hacer y pasar a los concesionarios como si de propietarios privados se tratara y no de favorecidos con el otorgamiento de concesiones para explotar bienes propiedad de la nación.

Hoy tenemos dos oligopolios que ofrecen cuádruple play: Televisa, con sus paquetes Yoo; y Azteca, con los suyos de Totalplay. Comparten además las acciones de Iusacell, empresa de telefonía móvil. A Telmex aún no le ha sido concedido emitir contenidos televisivos, aunque es probable que en 2013 pueda ingresar de lleno a este negocio. Tendremos así tres oligopolios que se repartirán el mercado, fijando tarifas a su conveniencia y sin ofrecer servicio a las zonas siempre excluidas.

Todo empezó con las privatizaciones del sexenio salinista. Una vez despojados los mexicanos de la compañía telefónica y de la televisiva pública, los consorcios comenzaron a crecer. La tecnología avanzaba a su vez para hacer más eficientes las transmisiones de señales de audio, video y datos; la convergencia digital hizo el resto. La política neoliberal profundizada por los regímenes panistas despejaron el camino a una mayor concentración con nuevos instrumentos. La nota final la dio la permisividad de este gobierno.

Del segundo paso se encargó Vicente Fox al decidir el ingreso a la televisión digital terrestre. El acuerdo se tomó para llevar a cabo el apagón analógico en 2012, paralelamente las concesiones fueron refrendadas hasta esa fecha. Y para colmar el plato, a cada uno de los canales analógicos privados se les asignó un canal espejo digital. Y ahí se encuentra el meollo de lo que hoy sucede. Ese canal espejo no es tal, la reflexión se multiplica por seis debido a la compresión de la señal. En donde moraba uno, ahora conviven al menos cuatro. Lo que seguía era probar, experimentar y lanzar al aire la señal para luego regresar el canal analógico al Estado. Pero en la propia tecnología está la contingencia de, aun regresando el canal analógico, usar el espejo para algo más que lo televisivo: telefonía, tv restringida e internet.

Los empresarios comprendieron inmediatamente esta posibilidad y para legalizarla intentaron que se publicara la ley Televisa. La Suprema Corte de Justicia invalidó los artículos que permitían el cuádruple play sin licitar. Parecía una victoria pero no lo fue. Apoyados por el gobierno panista y por el PRI, los concesionarios de Televisa y Azteca están dando ya hace varios años el servicio sin decir que lo es.

Ahora emprenden una nueva estrategia: posponer todo lo posible el apagón analógico para posicionarse en el nuevo servicio, compitiendo con Telmex en telecomunicaciones y esperando que los aparatos televisivos que logran captar la señal digital se generalicen. Y evitar por todos los medios que se legisle para repartir el espectro de manera equitativa entre todos los actores sociales.

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