Malvinas: La muerte del administrador colonial

LONDRES (apro).- El británico Rex Hunt, quien gobernó las Islas Malvinas durante la guerra entre Gran Bretaña y Argentina por la soberanía de ese archipiélago del Atlántico Sur, murió el pasado domingo 11 en Inglaterra, a los 86 años de edad, en un pequeño hospital de la localidad inglesa de Stockton on Tees, donde vivía desde hacía varios años, después de haberse jubilado.

Para los británicos, Hunt era considerado un “héroe de guerra”, pero para los argentinos era la figura política enemiga de las Islas.

Previo al desembarco argentino del 2 de abril de 1982, Hunt dispuso de su residencia oficial como cuartel de operaciones de los Royal Marines, y desde Londres presenció la defensa de las Malvinas, que los británicos lograron recapturar el 14 de junio de ese año, fecha del cese de hostilidades.

El administrador colonial y diplomático fungió como gobernador y comandante de las Islas entre 1980 y septiembre de 1985, salvo los tres meses en que estuvieron ocupadas por Argentina. Hunt también se desempeñó como cónsul británico de la capital de Vietnam, Ho Chi Minh, de 1974 a 1975.

Tres años más tarde, el funcionario recibió la condecoración de “Freedom Of Stanley” (Libertad de Stanley) en reconocimiento a su contribución en las Malvinas.

Luego del anuncio de su muerte, la Asamblea Legislativa de las Malvinas, con sede en Puerto Stanley, afirmó en un comunicado que el exgobernador de las Islas “será recordado por siempre” por sus años de servicio y dedicación.

Roger Edwards, portavoz de la Asamblea, indicó que la muerte de Hunt fue recibida en el territorio austral “con gran tristeza”.

“Sir Rex será recordado por siempre en las Islas por sus años de servicio como gobernador, y en particular por su coraje y dignidad al enfrentar la invasión argentina en 1982”, destacó Edwards.

Añadió:

“Un amigo leal de las Falkland (Malvinas), él sirvió por muchos años como presidente de la Asociación Islas Falkland y como presidente del UK Falkland Islands Trust”.

Según Edwards, “su pasión y dedicación hacia las Islas Falkland serán echados en falta profundamente. Van las condolencias más profundas y sinceras de todos los habitantes de las Falklands a sus familiares y amigos en estas horas tan tristes”, concluyó.

Para el periódico conservador Daily Telegraph, que publicó un obituario sobre Hunt el pasado lunes 12, el gobernador de las Islas Malvinas sabía que primero debía lealtad a los habitantes del lugar, los kelpers, y segundo al gobierno británico, que desde los años 60 buscaba una fórmula aceptable que permitiera un paulatino traspaso de la soberanía del archipiélago a la Argentina.

En sus memorias “My Falklands Days” (Mis Días en Malvinas), escritas poco después de la victoria de la Fuerza de Tareas británica (Task Force) –enviadas por la entonces primera ministra Margaret Thatcher, conocida como la Dama de Hierro–, Hunt escribió: “Los conflictos de intereses iban a surgir y previamente había determinado que si llegaba el momento en que la Cancillería británica me instruyera para buscar una política que yo consideraba iba en contra de los intereses de los habitantes de las Malvinas, no hubiera tenido otra alternativa que renunciar”.

En ese libro, cuya publicación se demoró varios años por orden de los funcionarios del gobierno británico, Hunt puso en perspectiva la “invasión argentina” y el triunfo de la Fuerza de Tareas británica después de una campaña militar de 10 años.

El gobierno de Gran Bretaña había considerado entregar la soberanía de las Islas Malvinas a Argentina, que sigue reclamándolas como propias desde mediados de los años 60. Sólo el deseo de los isleños de seguir siendo británicos previno ese traspaso de soberanía.

Cuando Hunt fue designado gobernador de ese territorio de Ultramar británico en 1980, luego de haber servido en Uganda, Tuquía, Malasia, Indonesia y Vietnam del Sur, tenía poca idea de las complejidades que ese puesto traía consigo, y en ningún momento pensó que presenciaría una guerra.

Para el Foreign Office (Cancillería británica), él era una figura confiable, pero bastante insignificante: una mano colonial que seguiría las políticas oficiales sin cuestionarlas. Su misión era la de seducir a los isleños para “hacerles creer” que estaba en su mejor interés que pasaran a ser argentinos.

El hecho de que los kelpers quisieran seguir siendo británicos fue un factor de irritación que por muchos años perjudicó en gran medida las relaciones diplomáticas y bilaterales con Argentina. Eso también afectó las relaciones de Gran Bretaña con otros países sudamericanos y puso en aprietos a diplomáticos británicos en la Organización de las naciones Unidas (ONU).

Por ello, a comienzos de los años 80, justo en medio de la dictadura más sangrienta que padeciera Argentina en décadas, la Cancillería británica avanzó con un plan para darle la “soberanía tutelar” de las Malvinas al gobierno argentino. Los isleños rechazaron categóricamente esa posibilidad.

Una vez llegado a las Islas, Hunt se reunió de inmediato con los mil 800 habitantes y, tras sendas discusiones, prometió defender los intereses de los isleños ante Londres. La Cancillería quedó enfurecida con el gobernador e incluso pensó en reemplazarlo.

Las primeras señales de alarma surgieron cuando John Nott, entonces ministro de Defensa británico, anunció la retirada del buque Endurance para finales de 1982. Para los isleños, la retirada del buque era considera como una invitación para que las fuerzas argentinas “invadieran” las islas.

El 19 de marzo de ese año, un grupo de obreros argentinos desembarcó en las Georgias del Sur, una isla a 800 millas al este de las Malvinas, e izaron la bandera argentina. Como comandante en jefe de las fuerzas de las Islas, Hunt ordenó a un grupo del Royal Marines trasladarse a las Georgias y retirar a los “invasores”.

En Londres, el entonces canciller Carrington revocó dicha orden. En la capital de las Malvinas, Puerto Stanley, la decisión del canciller fue vista como un acto de contemporización.

Días después, el 31 de marzo, espías británicos descubrieron que una flotilla argentina planeaba abandonar un puerto local para recapturar las Islas. Le llevó 24 horas al Foreign Office pasar la información a Puerto Stanley, en un mensaje en el que pidió a los isleños “tomar la decisión que les pareciera adecuada”.

Con una fuerza de sólo 68 Royal Marines, las opciones posibles para Hunt eran pocas. El gobernador fue informado luego de una fallida negociación entre el dictador argentino, el general Leopoldo Galtieri, y el presidente estadunidense, Ronald Reagan.

La madrugada del 2 de abril, Hunt ordenó arrestar a los obreros argentinos, que temía lo secuestraran. Horas después emitió un mensaje sobre el estado de emergencia en las Islas y explicó lo que pasaba.
Después de ello consideró que moriría.

En sus memorias, Hunt escribió: “Llegué a la conclusión de que había tenido una buena vida, interesante, llena de satisfacciones, bendecida por padres que dieron todo por mí, una esposa maravillosa y dos hijos increíbles. Fue una ayuda saber que podía enfrentar la posibilidad de la muerte con ecuanimidad”.

Dos horas más tarde, su sede en Puerto Stanley, Government House, quedó en medio de los ataques de metrallas de las fuerzas argentinas, en escaramuzas que terminaron con cinco soldados argentinos muertos y tres heridos de gravedad. Posteriormente, después de intensas negociaciones y negándose en todo momento a darle la mano a alguna autoridad militar argentina en las Malvinas, Hunt decidió entregarse.

Horas después, fue trasladado en un avión argentino Fokker a Montevideo, desde donde regresó a Londres.

Durante la preparación para la guerra, la campaña y la victoria británica, ni Hunt ni ningún otro miembro de su administración fue consultado por Londres. Para la Cancillería británica él era irrelevante, sin embargo se ganó la confianza y el respeto de Thatcher, quien decidió reenviarlo a las Malvinas tras la derrota argentina.

En julio de 1982, Hunt estaba de regreso en Puerto Stanley, y ese mismo mes reabrió la primera sesión del consejo legislativo. El 11 de octubre de ese año recibió el título de Caballero del Imperio británico, por parte de la reina Isabel II de Inglaterra. Tres años más tarde, al cumplir 60 años, sería jubilado de su cargo y regresaría a Inglaterra.

Al trasladarse a la localidad de Sunningdale, en el condado inglés de Berkshire, Hunt comenzó a escribir su autobiografía, que publicó finalmente en 1992, ante la insistencia del gobierno británico. De inmediato el libro se convirtió en un bestseller, tanto en Gran Bretaña como en las Malvinas.

Héroe para los kelpers, enemigo acérrimo para los argentinos, Sir Rex sigue dividiendo opiniones, de acuerdo con el cristal con que se lo mire, en un conflicto por la soberanía de las Malvinas que aún no se resuelve y que continúa generando tensiones entre el Reino Unido y Argentina.

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