La Casa de los Vientos, un soplo de amor

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Se exhibe con sus murales frontales, alberga la ideología comunista y guarda los recuerdos del amor y la pasión que se despertaron en Diego Rivera a su paso por el puerto de Acapulco.

Es “La Casa de los Vientos”, la que le abrió las puertas a personajes como Helen Hayes, Carlos Pellicer, Juan Soriano, Miguel Alemán Valdés, Adolfo López Mateos, entre muchos otros, y que ahora será convertida en un centro cultural para todos los acapulqueños.

El inmueble que fue vendido en tres millones de dólares por su depositario, Carlos Phillips Olmedo, al gobierno federal, al gobierno estatal y a la Fundación Carlos Slim, acunó los sentimientos y deseos del máximo representante de la escuela mural mexicana en los últimos meses de su vida.

Exhalaciones de viento prominente de mar y atardeceres hipnotizantes vistos desde el cerro “La Pinzona” inspiraban los pinceles y las palabras del artista, quien el primero de febrero de 1957 escribió una carta dirigida a Dolores Olmedo Patiño, que fue entregada confidencialmente por “Teresita”, la secretaria del muralista.

Lolita Linda Señora Maravillosa y Vida de mi Vida -comienza el manuscrito-. Por su deseo o no, esto no lo sé, no hay manera de ver a usted jamás, sin caballero sirviente al canto o en tal cercanía, que hace imposible la compañía próxima que todo afecto intenso demanda, y el mío por usted lo es en grado que resulta terrible, sin la menor posibilidad de intimidad.

En el documento que se encuentra reproducido en una edición de El Colegio Nacional, titulado “Diego Rivera, Correspondencia”, el artista expresa: “…estoy seguro de quererla lo suficiente para poder pedir que, con dos palabras, aclare esta situación…creo tener derecho, dada la intensidad de mi querer, a que se me diga SI o NO, precisa y claramente” (sic).

Y con su reconocido porte de caballero dispuesto a escuchar todo lo que una mujer tenía que decir advirtió que su sentir no cambiará “ni el grueso de un cabello” por cualquiera que fuera la orientación sentimental de Olmedo. La adorará invariablemente: Diego Rivera.

Raquel Tibol es periodista y de Diego Rivera la primer antóloga, de él narra que a su regreso de la Unión Soviética convocó a una conferencia de prensa para anunciar: “no me han amputado el miembro”.

Se murió Frida Kahlo en 1954, al año siguiente el guanajuatense se casó con Emma Hurtado, con quien viajó a la Unión Soviética para tratarse el cáncer de pene. El artista pensaba que estaba más avanzada la medicina en la cuna del Partido Comunista y se trasladó a la URSS, donde se aplicó la bomba de cobalto para controlar su padecimiento y regresó a México en 1956 .

Dolores Olmedo estuvo casada con Howard Phillips, padre de sus cuatro hijos: Alfredo, Eduardo, Carlos e Irene. También vivió con el rejoneador Hugo Olvera Villafaña. Su nombre profesional era Juan Cañedo; el mismo que José González describe como multiasesino y narcotraficante al lado del “Negro Durazo” en su libro “Lo Negro del Negro Durazo”.

Olmedo Patiño es conocida como mecenas de artistas, descrita como empresaria exitosa y como madre amorosa gustosa de la cocina. Esta mujer es la misma que despertó la pasión senil de Diego y la que le cerró las puertas de su casa en Xochimilco al periodista fundador de la revista Proceso, Julio Scherer, por contar las corruptelas de Carlos Hank González.

En 1956 Lola traía y llevaba a Diego. Él se sentía muy agradecido por la invitación de ir a recuperarse en su casa de Acapulco. Su aprecio por Olmedo lo dejó plasmado en la fachada de la titulada “Exekatl Kalli” (Casa del Dios del Viento), al representarse como un sapo entregando el corazón. En su interior no solo corren los recuerdos, también se puede encontrar una carta descrita con piedras de distintos matices.

Desde la terraza de la casa principal se pueden ver los populares clavados de “La Quebrada”, pero también se distingue la fiesta de colores que ofrecen los atardeceres, los que hicieron danzar los pinceles de Diego en veinticinco lienzos de 30×40 centímetros pintados al óleo, de los cuales veinte se exhiben en el Museo Dolores Olmedo, uno en el Museo Soumaya y cuatro más están en colecciones privadas.

La antigua propiedad de la difunta Dolores Olmedo, que se ubica en el número seis de la que fuera la calle Inalámbrica, rebautizada recientemente por el cabildo acapulqueño con el nombre de Diego Rivera, se presenta ante los ojos con un mosaico de variada gama e incrustaciones de concha nácar que llenan las pupilas de luz.

“Era un hombre feo y panzón, yo nunca platiqué con él más allá de un buenos días, buenas tardes…pero mi cuñada `Cuca´ decía que era amable. Le gustaba bajar a comer con ella por las tortillas hechas a mano. Cuando él llegaba le daba una tortilla bajadita del comal, él le echaba salsa y le ponía semillitas de calabaza tostadas…se hacía un taco y se tomaba un atole con chile”, cuenta y suspira Gloria Rodríguez Acevedo.

Con 81 años de edad, echa mano de sus recuerdos, arruga más los surcos de su piel opacada por los hilos plateados que adornan su cabeza y suelta: “yo vi cuando hicieron las serpientes”.

Habla de la gran serpiente que adorna la fachada de la casa a la izquierda del que la mira. Quetzalcóatl es un motivo prehispánico que parece moverse con sus plumas onduladas de distintos tonos, al lado de ella el sapo-Rivera sostiene un corazón rojo con las palmas de las manos delanteras.

El inmueble se distingue por su muro frontal, donde el artista desarrolló una esculto-pintura de cien metros cuadrados. El gran mural del frente, dividido por la reja de entrada son dos muros: uno, el de la izquierda, mide 12.70 metros de largo y otro el de la derecha, de 20, más unas inscripciones en 2.35 metros que dicen: Tlalokan; en azul, vertical y paralelamente, Lola Olmedo, Diego Rivera y los número romanos LVI.

“Ese hombre agarraba un palo grande y le ponía un gis para hacer los dibujos…ya que los tenía en la pared se salía más para afuera y se sentaba en una silla a dirigir a sus trabajadores”, narra refiriéndose a Rivera, Rodríguez Acevedo, quien trabajó como camarista en la casa de enfrente, llamada en aquel entonces “Canción del Mar”.

En el mural también hay un hombre a la derecha de la fachada, Tláloc, acompañado de la Coatlicue, que en conjunto forman un gran alto relieve sobre la pared de la entrada principal.

Para Gloria Rodríguez, la figura de un perro decorado con mosaicos de color café, en la fachada de la casa, representa el gusto que Olmedo tenía por los xoloescuintles, sin embargo, en el catálogo de la obra de Diego Rivera se habla de un coyote Xolotl, el hermano gemelo de Quetzalcoátl.

Al interior de La Casa de los Vientos, la carta a Lola Olmedo está representada en el techo del estudio con la paloma y la hoz y el martillo, que es “la tierra de la paz” (URSS) está un avión, peces, el sapo (símbolo del mismo Diego) y el corazón, que es Olmedo, con cuatro estrellas, sus hijos. El mosaico de piedras de colores naturales mide 6.48 metros por 10.20 metros y en la actualidad está cubierto por muros con ventanas.

Diego pinta a Olmedo

Phillips Olmedo, hijo de Dolores, cuenta que en 1930 Diego pidió permiso a la madre de Lola, María Patiño Suárez, para que posara desnuda, lo cual no era nada popular en esa época. La silueta de Dolores se hizo pública en una litografía y eso molestó a Manuel Olmedo Mayagoitia, padre de la mecenas. A partir de ahí rompieron la amistad.

Si Rivera retrató a Lola Olmedo en 1930 “en esa famosa litografía en donde está ella desnudita con los pelitos alrededor de los pezones paraditos (y con) todos los pelitos del triángulo de Venus bien paraditos, es decir, una adolescente en estado de exaltación sexual”, es porque “Lola Olmedo a eso se dedicaba, era modelo de artistas”, afirma Raquel Tibol.

En 1954, después de la muerte de Frida, Arthur MacArthur, vecino de Olmedo en Acapulco, le pide que sirva de intermediaria con Diego Rivera, para que el muralista le haga un autoretrato, a partir de esa petición se reanuda la amistad y el artista le hace un retrato a Lola en 1955.

Tibol, historiadora de origen argentino que se describe como una crítica escéptica, asegura que Diego Rivera fue invitado a la casa de Acapulco, propiedad de Olmedo Patiño, y que él aceptó porque “tuvo un golpe de atracción hacia Lola…(incluso) le hace ese cursi retrato vestida con traje mexicano (traje de tehuana) y las uñitas pintadas de rojo…y se hace una relación de manita calentada”.

La casa

“La Casa de los Vientos” fue construida en 1943, adquirida por Dolores Olmedo Patiño cinco años después. Sin embargo, la propiedad que actualmente cuenta con tres mil metros cuadrados, tuvo dos añadidos, compras de pequeños terrenos que se hicieron entre 1955 y 1957 para que Diego pudiera hacer sus murales en las dimensiones que las había planeado.

El pasado 17 de octubre el gobierno estatal de Guerreo dio a conocer que el gobernador, Ángel Aguirre Rivero y el presidente de Grupo Carso, también presidente del Consejo para el Rescate del Acapulco Tradicional, Carlos Slim Helú, firmaron el convenio con el que se instituye la Asociación Civil que operará la Casa Estudio Diego Rivera del puerto de Acapulco.

Según el director del Museo Dolores Olmedo, el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) valúo la casa en seis millones de dólares, pero con tal de que el inmueble se convierta en un lugar de concentración cultural, él accedió a bajar el precio a la mitad de su valor.

“Acapulco necesita algo cultural, tiene el Fuerte de San Diego, pero no creo que sea suficiente. Necesita algo que haga historia moderna de Acapulco y cuente todo lo que fue Acapulco tradicional”, señaló Phillips Olmedo.

Los tramites de venta de la casa están en proceso y se espera que a finales de este mes se logre tener la documentación necesaria y así el gobierno de Guerrero pueda iniciar con las adecuaciones de esta casa de verano para convertirlo en un espacio cultural accesible para todos.

Alejandra Frausto, titular del Instituto Guerrerense de la Cultura, expresó que en 2013 ya habrá paso libre para que todas las personas que deseen entrar a admirar los murales puedan hacerlo, pero que antes tienen que restaurar uno de los murales, para el cual ya existen los azulejos, que entregará el hijo de Dolores en cuanto se pongan de acuerdo las partes interesadas.

Después seguirá la etapa de adecuación del espacio que tal vez lleve por nombre “Casa Estudio Diego Rivera” o “Memoria Colectiva Diego Rivera”, donde se pretende exhibir la música, películas, fotografías y literatura alrededor de Acapulco.

Es oneroso para el gobierno estatal, invertir un millón de dólares para lograr la conjunción de voluntades, pero la intención es poner un ancla cultural en el corazón del Acapulco tradicional y así atraer el turismo curioso en la historia del puerto, dijo Frausto.

La funcionaria aseguró que con las inversiones de Slim en el Acapulco tradicional y “el tener un centro cultural -como el de La Casa de los Vientos- hará que Acapulco vuelva a ser un referente internacional para el turismo”.

¿Para Raquel Tibol, cuál es la importancia de la obra de Diego Rivera en Acapulco?

Es una obra menor dentro de la producción de un gran artista. Lo mejor que hizo en la casa de Acapulco fueron los paisajes, para mi gusto están horrendamente enmarcados, pero algunos de ellos son obras supremas porque las hizo (pese a su limitación visual), Diego era un gran paisajista.

“Toda su vida padeció de infección en los ojos, y algunas veces estuvo grave y pensó que iba a quedar ciego, (incluso) lo dice Frida en una carta que manda a unos amigos, (avisando que) Diego está internado en el hospital, que lo están tratando, (que) está gravísimo (y que) se puede quedar ciego. A pesar de eso, si se miran los paisajes (uno puede ver que) él mira el sol de frente, desde que aparece hasta que se oculta.

¿Qué opina la crítica de arte sobre la compra del inmueble ubicado en Acapulco por parte de Conaculta, la Fundación Carlos Slim y el gobierno estatal de Guerrero?

A Conaculta me lo paso por el arco del triunfo, porque es un organismo ilegal, no tiene legalidad, es un dedazo de (Carlos) Salinas (de Gortari) para tapar el “Quinazo”, de modo que yo le tengo un gran desprecio al Conaculta.

Y seguramente Slim (decidió invertir porque) no tiene una obra importante de Rivera, porque ese tablero en mosaico que está en el Museo Soumaya lo pidió prestado (mosaico transportable `Río Juchitán o Baño de río´ que realizó Diego Rivera entre 1953-1956) a los hijos de Manuel Suárez.

Debe ser una movida de Slim de hacerse de una pieza de Rivera, (porque) no hay a la venta cosas importantísimas (de la obra del muralista).

Llegó la muerte

El domingo 24 de noviembre de 1957 a las 23.30 horas fallece, víctima de cáncer, el pintor mexicano Diego María Rivera Barrientos en su estudio de Altavista, en San Ángel.

Con casi 71 años de edad, el muralista dejó un legado artístico que perdura a cincuenta y cinco años de su muerte. Y de aquel breve paso por el puerto de Acapulco, quedan los murales y los paisajes, pero también las palabras que salieron de la intimidad: “…la asiduidad del que ama y no es amado resulta insoportable para quien no ama al enamorado”.

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