Multiplicar las cadenas

El anuncio acerca de la instalación de dos nuevas cadenas televisivas como parte del listado de propuestas hecho por Peña Nieto el 1 de diciembre augura más de lo mismo que hemos padecido desde el año 2000: la proliferación de canales privados para el entretenimiento y el periodismo inclinado ante el poder.

Mayor número de señales no resulta por sí mismo en democracia ni en pluralidad, los ejemplos a la vista demuestran que si bien el monopolio es por la posesión del espectro, las uniformidades en los contenidos existen aunque se fragmente el usufructo de las concesiones en muchas manos.

A lo anterior debe agregarse la deplorable condición de los medios públicos atrapados en el oficialismo, en loas al gobierno, en ceder sus espacios para difundir imágenes, datos, currículo de funcionarios –como sucedió en Canal 22 en el marco del reporte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara– o en prestarse a incluir programas de supuesto análisis que sirven para denostar a la izquierda y, en general, a todo movimiento o persona que se oponga a las arbitrariedades de un poder cada día más concentrado en lo económico y más autoritario en lo político.

Dos nuevas cadenas sin tocar el monopolio de facto establecido con el pacto entre Televisa y Azteca resultará en un ingreso de nuevos jugadores para repartirse el mercado sin que la audiencia se beneficie de tal reacomodo. Y no lo hará porque las intenciones de lucro o de control político siguen rigiendo la programación de la mayor parte de los canales públicos y de todos los privados. La aparición de emisoras como Milenio, Cadena Tres, Telefórmula, Efekto TV no nos proporcionan opciones distintas a las del oligopolio en materia de noticias. ¿Por qué pensar que dos nuevas cadenas sí lo harán?

Si una de ellas fuera pública, ¿su perfil será el de Canal Once, Canal 22, Canal 34? ¿O una mezcla de las tres con algunos ingredientes de los canales de los estados, de las universitarias, de las de cable? ¿Dependiente de Gobernación?

La vigilancia de la señal al aire que vimos el 1 de diciembre proporciona una pauta de lo que podemos esperar. Las protestas en la calle ausentes, los gritos en la tribuna silenciados, ningún acercamiento a los carteles desplegados, el control total a la llegada de Peña Nieto bajo estricta cadena nacional. Y en los noticiarios el boletín desde la Presidencia.

¿Dos nuevas cadenas para qué? Sin un marco legal que regule y ponga límites, con empresarios ensoberbecidos, políticos corruptos, una ciudadanía despolitizada y el mismo modelo económico, dos nuevas cadenas servirán para multiplicar versiones irreales de la realidad, para replicar “el crimen perfecto”, según el título del libro de Jean Baudrillard.

Comentarios

Load More