Los que no bailan

MÉXICO, D.F. (apro).- En uno de sus picantes comentarios el coreógrafo y maestro de ballet, James Kelly, señaló: “la buena técnica como la ortografía siempre se agradecen¨. Esa regla parece ser premonitoria de una buena parte de los espectáculos “dancísticos” que se ven en muchas de las latitudes del país.

Porque pareciera que en un afán de “experimentar” compañías que, en algunos casos son consideradas como paradigmas de la creación contemporánea actual, lo que menos importa es por un lado el desarrollo técnico de los bailarines y por el otro se piensa que cierto tipo de puestas experimentales tienen cabida en foros convencionales.

Pero hay además otra variable, que en algunos casos ha resultado en n fenómeno contraproducente hacia la danza escénica y es que muchos de los coreógrafos que se esgrimen como portadores de nuevas formas de pensamiento desconocen el lenguaje del escenario, el de la coreografía y por supuesto carecen ellos mismos de una formación técnica que les ermita cuando menos saber qué es lo que intentan pedir a las personas que suben al escenario.

A esto hay que agregarle una ridícula visión reduccionista que algunos trepadores o ignorantes pretenden esgrimir como bandera: para hacer danza no hace falta ni haber visto ni saber de danza.

Esta suerte de azoico artístico ha tenido como resultado que el posible público cautivo salga huyendo y no sólo no desee pagar para ver una función, sino que además no desee asistir a una puesta en escena donde lo menos que puede verse son cuerpos entrenados.

Por otro lado, el anafalbetismo de ciertos funcionarios culturales ha recaído en un hipócrita proceso democratizador en el que más que querer promover se busca darle dinero al mayor número de personas y tenerlos así calladitos. De qué otra manera puede explicarse que hayan aparecido cerca de cincuenta coreógrafos en el programa de producción escénica del INBA y Conaculta. ¿Quiénes son, qué hacen, dónde lo hacen? Es un misterio en una buena parte de los casos.

Ahora bien, es claro que muchos creadores están convencidos en hacer una búsqueda artística mucho más experimental y temeraria, eso está muy bien. Pero entonces si realmente se quiere ser justos deberán de investigar también el espacio físico y a manera de instalación desarrollar su propuesta lejos de aquellos que por primera vez se asoman a un teatro y que por señalar sólo un ejemplo al descubrir a un grupo de personas con una línea corporal sin entrenamiento y que se masturban con gran afán no son muy agradables de ser vistos.

Esto no quiere decir que se busque llevar a cabo un arte burgués y complaciente. Es claro que no, pero para crear, así como para reinterpretar se necesito una buena cantidad de años de formación, entrenamiento y profundidad de emocional e intelectual.

La inexperiencia se cubre con experiencia de foro, la ignorancia con nada y quienes la ejercen como si fuese una cualidad sólo esconden problemas de autoestima y una alarmante fatuidad que aderezada con citas rimbombantes sólo esconde –y evidencia—la falta de estudios adecuados y por encima de todo una cultura del cuerpo, la cual no se sustituye con blogs, vestuario fantoche y aires trasnochados de populismo.

Comentarios