Televisión: “Esquizofrenia”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El Distrito Federal está compuesto por muchas zonas que constituyen en sí mismas distintas ciudades, las cuales a su vez se dividen en grupos según la ocupación, edad y procedencia de los pobladores. En el entramado coexisten lo superficial y lo subterráneo, lo visible y lo oculto. Entre todos éstos hay vasos comunicantes, en la mayor parte de la megalópolis salen a la oscuridad de la noche los marginados con sus botes de pintura en spray para grafitear paredes y monumentos, piedras volcánicas y fachadas recién remozadas.

A la luz del sol se instalan en esquinas, puentes y banquetas los desempleados de siempre para vender un taco, una hamburguesa, un refresco, papitas, chicharrones y fritangas varias. En los últimos dos años, no importa la colonia, el ambulante invade entradas y pasajes; frente a un restaurante de lujo en Insurgentes Sur, un anafre con quesadillas, una cubeta con bebidas embotelladas y un hilillo de grasa hacia el arroyo. Bajo el segundo piso del Periférico sin terminar se ofrecen agua, tortitas de nata y cacahuates. La vía rápida deviene en estacionamiento demasiadas horas y así aprovechan los que viven al día para obtener algunas monedas de las necesidades y el hartazgo de los automovilistas atrapados. El ingenio se despliega con soluciones para no naufragar. Así también los jóvenes discurren maneras alternas de expresarse, de crear, de trascender a su entorno injusto, oprobioso. A su manera parecen preguntarse: ¿A dónde llegaremos los habitantes de esta urbe, a qué nivel de pobreza, degradación, de espera frustrante, de tiempo de vida gastado sólo en transportarnos?

Difundida por Canal 22, la serie Esquizofrenia ha escudriñado en esos mundos soterrados, sin reflectores. Se exponen distintos géneros musicales contemporáneos. Grupos de barrio y colonia son entrevistados. Despliegan junto a sus palabras sus maneras de abordar un arte, transformándolo en instrumento de su voluntad de afirmarse, de dar sentido al transcurrir vital. También puede ser la moderna pintura mural en jornadas permitidas o clandestinas de aerosol. El baile fluye al ritmo entrecortado, contrahecho de sus existencias. La foto, el video, el documental salen de manos expertas en el uso de los nuevos dispositivos, de mentes decididas a dejar su impronta en una sociedad excluyente, contradictoria. La organización es propia, se aleja de representantes, intermediarios que convierten lo que tocan en billetes al precio de cuadrar lo informe, acercar al centro lo que nació en las orillas, desvirtuar el grito de protesta.

Esquizofrenia nos indica cómo se puede sobrevivir en ese estado y sacar provecho creativo de éste. La producción busca mantenerse fiel al título y especialmente a la expresividad de los muchachos, que son la sustancia del programa. Efectos especiales, dibujo animado, un corazón que late conectado a tubos de guitarra eléctrica dan cuerpo y una estética acorde con los contenidos.

Comentarios