Televisión: “Tiníssima, el dogma y la pasión”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En el marco del aniversario 71 de la muerte de Tina Modotti ocurrida un 6 de enero, Canal 22 transmitió un documental sobre la existencia de la fotógrafa. La pesquisa y el guión se deben a Laura Martínez Díaz, lo mismo que el haberlo realizado. Cuatro años le llevó completar el trabajo audiovisual de 52’ coproducido por el Fonca y Cinemazero.

Se inicia con imágenes tomadas directamente de Udine, poblado en el cual nació Modotti, patria italiana nunca revisitada. Al relato de sus primeros años se le acompaña con fotos antiguas, en grises, retratos de familia. Emigrada a Estados Unidos a los 16 años para reunirse con sus padres, que salieron huyendo de la miseria, ayuda a su madre en la costura de vestidos, luego se hace modelo y actriz de cine mudo con el objetivo de sobrevivir.

Las imágenes de calles y plazas de la actualidad se entreveran con las palabras de los entrevistados: dos fotógrafos italianos dan cuenta de la calidad de la obra de Modotti, además de un habitante que conoció a los parientes de Tina, así como la forma de vida de esos años, las penurias sufridas e incluso el dialecto que hablaban, pues a principios del siglo XX la lengua italiana no era conocida por todos los habitantes de un país recientemente convertido en nación. Señala las dificultades de la niña para ir a la escuela, su empeño por superarlas y terminar al menos la primaria. Muchos de las historias de esta parte son inéditas, ni la extensa biografía que Elena Poniatowska le dedicó a Tina contiene algunos de los pasajes que aparecen en este documental. Asimismo, fotógrafos mexicanos hablan a cuadro del arte de Modotti.

Va en orden cronológico el relato de su encuentro con los hombres de su vida, con la militancia comunista y con la creación fotográfica. De acuerdo con el guión, sin que se diga explícitamente, el documental deja entrever una tesis: Dos sombras masculinas tutelaron la vida de Tina, una para hacerla artista, otra para hacerla militante. Y estas dos figuras, aunadas a las circunstancias que le tocaron en suerte, constituyeron los dos polos de una vida signada de poca felicidad, mucho sufrimiento, soledad y con un fin trágico.

El primero de ellos fue Edward Weston, el famoso artista de la lente con quien vino a México; gracias a él se prendó de un oficio que le permitió expresar sus sentimientos, su visión estética de la realidad, y mostrar la injusticia de la sociedad mexicana de los años veinte. Pese a todo, Weston siguió siendo su sostén moral, interlocutor en cartas que se reproducen en el video. La otra figura fue Vitorio Vidali, un ser sombrío, oscuro, estalinista, al lado de quien vive en Rusia, en la guerra civil española, y a cuya vera sólo obtiene tristezas.

Debe resaltarse la excelencia de la fotografía en la obra de Martínez Díaz, la luz acorde con los tramos de la alegría de Modotti: brillante en México, deslechada en Europa; las composiciones a manera de cuadros fijos; destaca también la edición que da ritmo y color.

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