Continuidad en la propaganda

Ados meses de la alternancia en el poder presidencial la propaganda en los tiempos oficiales continúa, siendo más notoria en los públicos, puesto que la enorme cantidad de comerciales de los privados diluyen los spots del gobierno.

Dos modificaciones son visibles: Por un lado el ridículo logo de la florecita desaparece y se recupera el águila del escudo nacional. Por otro, surgen campañas de vacunación, de salud, de educación elaboradas como relatos breves con actores, acción y reflexiones, todo ello sin descuidar la promoción de las reformas legislativas que han pasado por el Congreso. Las referencias directas al ejecutivo se eclipsan. En conjunto hay tres instituciones que se llevan la mayor parte de los mensajes: las cámaras legislativas, el IFE y el IFAI, y lo que se denomina “Gobierno de la República”.

Si bien el estilo cambia, el fondo es el mismo del gobierno panista: promocionar la imagen y los actos de gobierno para legitimarse ante la opinión nacional y eclipsar las críticas. La reforma educativa se justifica con un spot de factura impecable en el cual una maestra pasa lista a sus alumnos, los pequeños llevan el nombre de nuestros héroes de la independencia y la revolución. Supuestamente gracias a las modificaciones cualquier niño puede convertirse en un prócer. El promocional sobre el PRI parece hecho por Pedro Torres y contiene un claro maniqueísmo: “Sí se puede, no se puede”, y las imágenes son realistas pero sólo el escenario para que el personaje se destaque repitiendo el slogan. Las campañas de vacunación en época de frío tienen el mismo sello y parecen elaboradas para personas urbanas, de clase media, blancas, quienes seguramente no asisten a los servicios públicos de salud.

Respecto de los promocionales de otros organismos públicos, el fondo y la forma se conjuntan para dar un producto inverosímil, chocante y de nula creatividad. Acerca de los del IFE ya hemos escrito en entregas anteriores. Esta propaganda será ahora todavía más contraproducente ante los fallos que exoneran al PRI y en cambio multan a los partidos de la coalición que postuló a López Obrador.

De todos estos spots, quizá el de menor calidad técnica y de contenido pertenece al IFAI. Aparecen credenciales del IFE, pasaportes e identificaciones varias; las personas de las fotografías de pronto se ponen a gritar como locas, se mesan los cabellos, alzan los brazos, manotean, uno se desmaya. La razón: hay empresas que no les garantizan la confidencialidad de sus datos personales. Uno no puede sino preguntarse por el autor de tan brillante promocional y por quién dio el visto bueno.

El conjunto de spots gubernamentales indica continuidad entre el PRI y el PAN en la forma de concebir a la ciudadanía, una masa despolitizada, ignorante y manipulable.

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