El “dueño” del Sahara

Mokhtar Belmokhtar, quien lanzó un comando suicida al asalto de la planta de gas argelina de In Amenas el pasado 16 de enero, representa perfectamente la fusión de la guerra santa islámica y el narcotráfico. Su operativo en Argelia costó la vida a 37 rehenes y 29 terroristas, pero hubiera podido tener un desenlace más trágico, ya que los atacantes planeaban hacer volar la gasera.

Alain Rodier, especialista francés en asuntos del llamado narcoyihadismo, es inagotable cuando narra la historia de Belmokhtar, alias Belaouer (El Tuerto) o Mister Marlboro o El Inasible.

El hoy narcoyihadista nació en un pueblito cerca de la ciudad de Gardaia, 600 kilómetros al sur de Argel y sólo tenía 19 años cuando se fue a Afganistán. Contra lo que pretenden sus exégetas Belmokhtar no combatió contra las tropas soviéticas que invadieron ese país y se retiraron en 1989 y tampoco conoció a Bin Laden, quien entonces vivía en Sudán.

Según Rodier, Belmokhtar estuvo en campos de adiestramiento militar yihadistas y combatió contra grupos afganos considerados “infieles”. Quizás en uno de esos enfrentamientos perdió un ojo. En 1993 regresó a Argelia y se incorporó al Grupo Islámico Armado (GIA). Se lanzó de lleno a la lucha guerrillera contra el gobierno que no reconoció la victoria del Frente Islámico de Salvación en las elecciones legislativas de 1991.

En 1998 el GIA se convirtió en el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) y Belmokhtar, en emir de la Novena Región, nombre dado por los islamistas al sur de Argelia, donde El Tuerto impuso su ley.

De 2003 a 2011 su katiba o brigada llamada El Moulathamine (los que tienen el rostro tapado) se movió de forma bastante independiente en relación con la dirección del GSPC, que en 2006 se transformó en Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI). Multiplicó secuestros de rehenes occidentales y argelinos especialmente en las zonas de las gaseras.

Los rescates enriquecieron a su katiba al igual que sus jugosos negocios de contrabando entre Argelia, Níger y Nigeria. El más famoso fue el de cigarros, que le valió su otro apodo: Mister Marlboro.

Explica Rodier: “Las caravanas llevan siglos recorriendo el desierto con todo tipo de productos de contrabando. Belmokhtar no hizo sino controlar estas rutas por la fuerza y también casándose con mujeres de dos influyentes tribus tuaregs, los Berabiches y los Ifoghas. Conforme pasó el tiempo El Tuerto se dio cuenta de que proteger las caravanas de narcotraficantes que necesitaban recorrer la inmensidad desértica del Sahara y el Sahel o cobrarles ‘impuestos’ podía resultar muy rentable”.

La prensa argelina menciona también sus actividades como traficante de migrantes, armas y diamantes y presenta a Belmokhtar esencialmente como un delincuente de alto nivel que utiliza el islamismo para cubrir sus crímenes.

Rodier no comparte esa opinión. Considera que El Tuerto tiene una personalidad compleja.

Enfatiza: “Es pragmático y busca dinero para financiar su guerra santa pero es también un islamista radical estructurado y convencido. Tan es así que goza del apoyo del emir de Qatar, quien lo convenció en la primavera de 2011 de que viajara a Libia para combatir junto con los opositores a Gadafi. Después de la caída del líder libio Belmokhtar se apoderó de grandes cantidades de armas y estrechó lazos con dirigentes de campos de adiestramiento militar en la frontera entre Libia y Argelia”.

El diplomático canadiense Robert Fowler, exenviado especial de la ONU en Níger, pasó cuatro meses –del 14 de diciembre de 2008 al 22 de abril de 2009– secuestrado por Belmokhtar. Durante su cautiverio tuvo muchas oportunidades de conversar con él. Lo describe como “un hombre frío, calculador, dotado de una voluntad de hierro”. “No es solamente un temible y poderoso contrabandista, es también un hombre profundamente piadoso que tiene un ascendiente absoluto sobre sus hombres”, dice en su libro Una temporada en el infierno: Mis 130 días en el Sahara con Al Qaeda.

La creciente autonomía de Belmokhtar en relación con la jerarquía de AQMI encabezada por Abdelmalek Droukdel, sus múltiples negocios poco compatibles con la estricta moral islámica y su competencia con otro emir importante, Abu Seid, llevaron al Tuerto a abandonar AQMI y a crear su propia organización, El Moulathamine. Se trataría en realidad de su misma katiba pero con otro nombre.

Según información recopilada por Rodier, Belmokhtar se habría acercado al Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental, integrado por violentos yihadistas árabes de Malí que nacieron después de una escisión de AQMI y son conocidos por sus lazos con narcotraficantes.

“Esa ruptura con AQMI no implica un rompimiento con Al Qaeda histórico”, recalca Rodier. “Belmokhtar tiene excelentes relaciones con el egipcio Ayman al-Zawahiri, sucesor de Bin Laden, quien mide la importancia de ese emir de gran envergadura que domina la inmensa zona Sahel-Sahara y cuyas redes permiten abastecer a numerosos grupos terroristas con armas, municiones, vehículos, combustible y víveres”.

Según Rodier, Belmokhtar –quien desde el pasado 16 de enero se ha convertido en uno de los terroristas islámicos más buscados del mundo– pretende ser el “emir del continente africano” y unir en un solo frente bajo su mando a los integrantes del radical movimiento Al Shebab de Somalia y los no menos radicales salafistas de Boko Haram que enfrentan con extrema violencia a las fuerzas gubernamentales de Nigeria.

–El Shebab y Boko Haram parecen contar hasta ahora con el apoyo de AQMI, ¿se dejarán convencer por Belmokhtar? –se le pregunta.

–Sea como sea, estas nuevas alianzas entre terroristas salafistas (todos relacionados con el crimen organizado como la piratería y el tráfico de drogas, armas y migrantes) representan una amenaza explosiva a la que deben responder con urgencia los dirigentes occidentales –remata Rodier.

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