Plagio a la alemana

BERLÍN (apro).- En septiembre de 1980 la joven de 24 años, Annette Schavan, obtuvo el grado de doctor en filosofía por la Universidad Heinrich-Heine de Düsseldorf.

Con el título de Persona y conciencia, su tesis doctoral recibió la nada despreciable calificación de sehr gut (muy bien) y con ella logró el grado académico que a partir de entonces ostenta.

Justo 25 años después, Schavan se convirtió en ministra de Educación e Investigación de Alemania. Es, además, vicepresidenta del actual partido gobernante, la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán) y, hasta hace unos días, era una de las personas más cercanas y de mayor confianza de la canciller Angela Merkel.

Pero aquella tesis que hace 33 años la convirtió en doctora fue la misma que el pasado 5 de febrero representó su tumba política. Por la tarde de ese día, el decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Düsseldorf, Bruno Bleckmann, anunció en conferencia de prensa que la institución había determinado retirar el doctorado a la ministra de Educación. La causa: plagio.

El escándalo –que la prensa alemana ha denominado Plagiatsaffäre– llegó al clímax y amenaza con cobrar factura no sólo a la hoy exministra, sino también a la propia canciller Merkel que en las elecciones de septiembre de este año buscará mantener a su partido en el poder.

Y es que, el de Schavan es el segundo caso por plagio durante el mandato de Merkel. En 2011 el entonces ministro federal de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, también se vio obligado a renunciar a su cargo pues quedó demostrado públicamente que gran parte de su tesis doctoral, realizada en 2006, fue plagiada. El caso de zu Guttenberg fue todavía más grotesco pues quedó evidenciado que copió de manera premeditada párrafos completos de otros textos para incorporarlos a su tesis sin dar ningún tipo de crédito a los verdaderos autores. Trampas académicas La pesadilla de Schavan comenzó en abril de 2012, cuando un sitio en internet llamado Cazador de plagios la acusó de haber hecho trampa en su trabajo de tesis doctoral. De inmediato medios de renombre como el semanario Der Spiegel retomaron la historia que se hacía eco del no tan alejado caso del exministro de Defensa.

Como respuesta, la Universidad de Düsseldorf encargó a su comisión doctoral analizara el caso. Cuatro meses después, Der Spiegel dio a conocer los resultados de un informe interno sobre el progreso de la investigación. El presidente de dicha comisión, Stefan Rohrbacher, reportaba que en el trabajo de Schavan había numerosas partes que habían sido plagiadas. La entonces postulante al doctorado había incurrido en esta irregularidad de manera sistemática, por lo que, según el reporte, ello representaba un fraude.

La inculpada se defendió y rechazó de manera contundente las acusaciones. De manera formal lo hizo ante la Universidad. Sin embargo, en declaraciones al semanario Die Zeit y ante los resultados de las investigaciones, en las que además participaron peritos profesionales, reconoció que quizás “pudo haber sido descuidada en el tratamiento de sus fuentes”, pero aseguró que nunca lo hizo de forma consciente ni con la intención de engañar y/o cometer fraude.

La propia Angela Merkel expresó su apoyo a la que era no sólo su colaboradora sino amiga cercana. Durante 10 meses Schavan estuvo bajo los reflectores de los medios y de la clase política que exigía su renuncia en caso de que fueran ciertas las acusaciones. También la academia alemana presionaba de forma insistente ante el hecho de que la prestigiada investigación del país se pusiera en entredicho ante la posibilidad de plagio.

Y es que, en Alemania un grado académico de doctor es altamente valorado y resulta motivo de prestigio y respeto para todo aquel que lo ostenta.

Fraude intelectual

Luego de realizar las investigaciones correspondientes la Comisión doctoral de la Universidad de Düsseldorf recomendó en diciembre del año pasado abrir un procedimiento para retirarle el título de doctor a Schavan, que estaría a cargo del Consejo de la Facultad de Filosofía de la Universidad.

Lo que pareciera ser el capítulo final de esta historia de fraude intelectual se registró el pasado 5 de febrero, cuando en una reunión privada el Consejo de la Facultad determinó quitar el grado de doctor a Schavan.

En conferencia de prensa, el decano Bruno Bleckmann informó ese mismo día que la decisión se tomó con 12 votos a favor, dos en contra y una abstención. Y los motivos fueron contundentes: que en una considerable parte del trabajo doctoral de la exministra se detectó el uso de párrafos, cuyas citas textuales no fueron identificadas por la autora.

“La frecuencia en el uso de citas sin crédito y la omisión de los textos fuente en los pies de página e incluso en la bibliografía dan al Consejo General la idea de que la entonces doctorante fingió de una forma deliberada y sistemática un trabajo intelectual, el cual en realidad ella nunca produjo. La explicación dada por Schavan no invalida esta imagen. De tal forma este Consejo determinó que hubo un engaño intencional de plagio”, dice el comunicado de la Universidad.

La noticia sorprendió a la ministra en Sudáfrica, en donde realizaba una gira de trabajo. Como reacción sólo señaló que apelaría la decisión del Consejo de la Facultad y se mantuvo firme en su discurso de la inocencia.

Pero la presión mediática y política fue demasiada y sólo cuatro días después, el pasado 9 de febrero, en una conferencia de prensa conjunta, la canciller Merkel y Schavan anunciaron que ésta última dejaba el cargo. El discurso de Merkel fue, sin embargo, de afecto y reconocimiento a su excolaboradora. “Con pesadumbre”, dijo, aceptaba su renuncia.

Por su parte, Schavan aseguró que dejaba el cargo para no perjudicar a la institución ya que el hecho de que “una ministra de Educación mantenga un litigio con una universidad representa una carga inadmisible para el Ministerio” hasta entonces a su cargo. “Primero va el país, luego el partido y después yo misma”, dijo.

Mientras Schavan se prepara para dar la batalla legal contra la deliberación que no sólo acabó con su reputación sino con su carrera política (tiene un mes a partir de la notificación para apelar el fallo de la Comisión), Merkel espera que el escándalo –el segundo de este tipo en su gabinete– no la persiga en la campaña y en la elección de septiembre próximo en la que buscará reelegirse como Canciller de Alemania.

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