Benedicto y su fallida visita a México

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Al entonces presidente Felipe Calderón y al Partido Acción Nacional les resultó políticamente fallida la visita del Papa Benedicto XVI al estado de Guanajuato, realizada del 23 al 26 de marzo del año pasado, casi al inicio de las campañas presidenciales, ya que con esa visita planeaban apuntalar el triunfo de su candidata Josefina Vázquez Mota, quien finalmente fue derrotada.

Varios analistas entrevistados en esas fechas por este semanario coincidieron en que esa visita era para favorecer al PAN, pues aparte de realizarse al arranque de las campañas, el pontífice únicamente visitaba Guanajuato, un estado que ya lleva más de 20 años de ser gobernado ininterrumpidamente por el blanquiazul y que, además, tiene el más alto índice de población católica en el país.

Cuando era dirigente nacional del PAN, Germán Martínez Cázares anunciaba la ambiciosa pretensión política de “guanajuatizar” a todo el país.

“El orgullo de Acción Nacional es el gobierno de Guanajuato”… “¡Ya estamos guanajuatizando a México!”, machacaba Martínez una y otra vez.

Así, en vísperas de la visita papal, el investigador Édgar González Ruiz alertaba que ésta era una intentona del PAN y de la jerarquía católica para incidir, desde esa zona de raigambre cristera, en las elecciones presidenciales.

“El único estado que visitará Ratzinger será Guanajuato, que se escogió por ser el más importante bastión del conservadurismo católico en el país. En ninguna otra entidad tienen tanta fuerza el PAN, la Iglesia católica y los grupos de ultraderecha, que utilizarán la visita papal para fortalecerse políticamente e influir en las elecciones presidenciales”, decía González Ruiz (Proceso 1836).

Mientras que Hugo José Suárez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, señalaba que, por su fuerte simbolismo cristero, se había escogido el Cerro del Cubilete para que ahí Rat­zinger oficiara su principal misa:

“Más que un centro de peregrinaje, ese santuario es un mensaje teológico que la jerarquía dirige a todo el país. Y específicamente lo que propone es una teología del martirio, ya que es un monumento a Cristo con los brazos en cruz, a cuyos pies hay un ángel que le ofrece una corona de espinas, símbolo del martirio.”

Y Ratzinger –decía– “gusta de la esencia, de la formación de las élites puras y del Cristo Rey sufriente con su amplio simbolismo”.

También resaltaba que Guanajuato fue la cuna del movimiento sinarquista. Y que, según el censo del Inegi de 2010, es la entidad con el mayor índice de católicos de todo el país: 93.83% de los guanajuatenses profesan esa religión, quedando por encima de la media nacional, que es de 82.72% (Proceso­ 1842).

Se dio la visita papal, la misa multitudinaria al pie del Cristo Rey, la reunión entre el Papa y Felipe Calderón… y luego arrancaron las campañas políticas. Cada candidato presidencial sostuvo una reunión ante el pleno de obispos, en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). Ahí externaron su postura sobre los temas que le interesan a la jerarquía y a Benedicto XVI, como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y los cambios constitucionales en materia de libertad religiosa. La postura de Vázquez Mota fue la que más coin­cidió con la de la Iglesia.

Pero finalmente la candidata panista fue derrotada en las elecciones del 1de julio. De nada le valió el apoyo de la jerarquía católica y del Papa que ahora renuncia al cargo. Hoy surge un nuevo escenario ya sin el PAN en la presidencia y sin Benedicto XVI en el trono pontificio.

Para el investigador Roberto Velázquez Nieto, especialista en las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, “forzosamente tendrá que darse una nueva relación entre el gobierno priista de Enrique Peña Nieto y el gobierno del nuevo Papa”.

Hasta el momento, dice, Peña Nieto todavía no define cuál será su relación con la Iglesia, pues ni siquiera ha nombrado embajador ante la Santa Sede, “aún permanece el embajador que puso Calderón, Federico Ling Altamirano”.

Y también están por verse cuáles serán las directrices que tomará el nuevo Papa respecto a México, “un país muy importante para la Santa Sede por su gran número de católicos y por su privilegiada posición geográfica, pues tiene vecindad con Estados Unidos, la primera potencia económica y militar del mundo”.

Por lo pronto, concluye el investigador, es seguro que el Vaticano invite a Peña Nieto a la misa de entronización del nuevo Papa, y que el presidente mexicano –como muchos otros jefes de Estado—asista a esa magna ceremonia religiosa que marcará el principio de una nueva relación.

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