El mundo al revés de la Sociedad Interamericana de Prensa

La reunión semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) tuvo lugar en Puebla los días 8, 9 y 10 de marzo. A ésta asistió una representación del organismo mexicano Fundalex (Fundación para la Libertad de Expresión), así como miembros del gobierno de Peña Nieto. La SIP se ha especializado desde su desarrollo a partir de 1950 en el agrupamiento de los dueños, presidentes, directores de periódicos conservadores del continente, con el fin de imponer a los gobiernos y a la sociedad su muy peculiar concepto de “libertad de expresión”.

En su diario ejercicio ha defendido de manera beligerante la libertad de empresa, es decir la posibilidad de utilizar a la prensa para hacer negocios, impulsar el capital y mantener la lealtad de la gente hacia los valores del liberalismo más atrasado. No atacan a los gobiernos afines, sí cuando alguno intenta imponer límites y aplicar las leyes vigentes.

Si bien se trata de una organización  de empresarios  con sede  en  Miami   y   amplios   vínculos con el Departamento de Estado de Estados Unidos, señalan, entre sus tareas, la de vigilar que los periodistas puedan ejercer su labor de acuerdo con los cánones de la SIP, que no se les agreda ni persiga, a más de proporcionar becas y premios; lugar ideal para darle foro a personajes opositores a gobiernos decididos a poner coto a las empresas que lucran con lo informativo, usando a sus medios como presión política. En México destacó, como se tenía previsto, la presencia de la llamada “bloguera” cubana Yoani Sánchez.

Hace tiempo que los opositores cubanos han encontrado que la vía para obtener apoyo, dinero y reflectores es vincularse con los antagonistas externos, ese fue el camino de Yoani para convertirse en una celebridad. Salió de Cuba, vivió dos años en Suiza, volvió a la isla para desde ahí montar un blog, publicar mensajes en la red y administrar la supuesta rebeldía interna en estrecha colaboración con la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana, según muestran informes de Wikileaks. Ello le ha valido gran cantidad de premios periodísticos acompañados por metálico. Con esos recursos mantiene la emisión de mensajes diarios, nueve en promedio con un costo mensual aproximado de 25 mil euros sólo en twitter.

¿De dónde puede una cubana obtener tales montos? Ciertamente no de su trabajo productivo dentro de su país. Pero tampoco de su calidad informativa reflejada en el seguimiento de su cuenta en todo el mundo. Se ha descubierto ya que Yoani ni sigue las cuentas que reporta, ni ella tiene tantos seguidores como afirma. De acuerdo con sitios web que permiten analizar el tráfico en internet, se ha descubierto que quien inscribe a la bloguera en las cuentas que sigue es un robot, mientras que las cuentas de sus seguidores son fantasmas o están inactivas. La de Sánchez no es una estrategia que ella haya inventado. Desde que las campañas políticas han pasado a la red, los políticos se suscriben a empresas que les llevan sus cuentas, emiten sus tuits, mandan mensajes en Facebook y les inventan miles y millones de seguidores.

Ya fuera de Cuba, iniciando una gira mundial, Yoani Sánchez es tratada como una heroína de la libertad de expresión y presentada por la SIP como un ejemplo a seguir. Una burbuja que no tarda en desinflarse.

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