Beatriz Barba Ahuactzin: 60 años de arqueología

MÉXICO, D.F. (apro).- Considerada como una de las figuras más importantes de la antropología del país, Beatriz Barba Ahuactzin, la primera arqueóloga mexicana titulada, cumple sesenta años dedicada a la investigación. Con ese motivo recibe un homenaje del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), del cual es investigadora emérita.

Profesora normalista como primera vocación (estudió en la Escuela Nacional de Maestros), se inscribió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1950, entusiasmada con la idea de estudiar y conocer el cuerpo humano, con lo cual podría ayudar a sus alumnos de primaria, que sufrían de la columna vertebral los efectos causados por el mobiliario inadecuado. Ése fue el tema de su tesis.

En información proporcionada por el INHA, cuenta la también museógrafa y etnóloga, especialista en la iconografía del dios Tláloc, que le atrajeron los carteles que anunciaban: “¡Tome antropología! ¡Aprenda lo que es el hombre”. Le convenció además el ambiente de la escuela de antropología, donde tuvo como maestros a científicos e intelectuales de la época, algunos de los cuales eran exiliados de la Guerra Civil Española. Entre ellos se encontraban Pedro Armillas, Pedro Bosch-Gimpera, Fernando Cámara, Pedro Carrasco, Juan Comas, Barbro Dahlgren y Calixta Guiteras.

Entró junto con su amiga Perla Valle, esposa del ingeniero Silvestre Revueltas (sobrino del compositor del mismo nombre, pero “desgraciadamente mi amiga se tuvo que ir, pensé que toda la vida íbamos a trabajar juntas, pero su marido no la dejó”. En cambió conoció ahí a su compañero de toda la vida, el también arqueólogo Román Piña Chan, con quien contrajo matrimonio y tuvo tres hijas.

Con simpatía relata que su esposo siempre la apoyó y se quedaba a cuidar a sus hijas mientras ella continuaba con su carrera y logró así realizar su tesis acerca del sitio Preclásico de Tlapacoya. La investigación mereció cum laude, y así se convirtió en la primera arqueóloga mexicana en titularse.

Pero no estuvo exenta de la discriminación de género, no por parte del fallecido Piña Chan, sino de los trabajadores que la ayudaban:

“Afortunadamente me encontré con un marido que entendía la situación de que tenía que ausentarme tiempo por ir al campo. Los trabajadores nunca querían que uno fuera su jefe, en Tlapacoya tuve un ayudante muy atinado, muy cuidadoso, pero un día me dijo: ‘Me da mucha pena, pero no quiero trabajar con usted’. ¿Por qué?, le pregunté y me respondió: ‘A mí no me manda ninguna vieja’”.

Al final, dice, el ayudante se quedó y hasta se hicieron amigos, pero sí fue difícil, agrega, haber realizado una carrera antropológica en los años cincuenta. Según un estudio hecha por ella misma sobre el tema de la deserción femenina en las carreras de la ENAH, el 80% de las alumnas de entonces abandonaba la licenciatura para casarse.

Fundadora del Museo Nacional de Culturas Populares en 1965 y pionera en el estudio de la historia las religiones, la magia y la brujería, la investigadora nacida en la Ciudad de México el 16 de septiembre de 1928, creó también el Seminario Permanente de Iconografía en la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH. Actualmente se dedica además de a sus múltiples tareas, a la organización de la biblioteca de Piña Chan, la cual será trasladada a la Universidad Autónoma de Campeche.

Su historia como una de las protagonistas de la arqueología mexicana se rescata ahora en el libro Las mujeres en la arqueología mexicana (1876-2006), de Paloma Estrada Muñoz, quien escribe acerca de otras 25 maestras, como Eulalia Guzmán, Beatriz Braniff, Florencia Jacobs Baquero y Laurette Séjourne.

El homenaje a Beatriz Barba de Piña Chan se llevará a cabo este martes 12 en el Centro Cultural Isidro Fabela, ubicado en la Plaza de San Jacinto en San Ángel.

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