Javier Barreiro Cavestany (1959-2013)

Javier Barreiro fue uno de los periodistas y escritores más versátiles de los últimos años en México. Autodidacto desde que estudiaba la secundaria en un colegio alemán en su natal Uruguay, escribía sin parar de temas en apariencia inverosímiles pero que resultaban ser un retrato fiel de la realidad.

En su interés por conocer el mundo, se convirtió en un alegre solitario que estableció residencia en Nueva York, Friburgo, Roma y Barcelona, entre otras ciudades.

Iniciado en las artes escénicas desde jovencito, había incursionado como actor en el campo de la antropología teatral italiana y ganado premios importantes como autor y director.

Así que su ir y venir a la danza siempre estuvo influido por un sentido de la escena riguroso. Veía el foro como un espacio sagrado donde el acontecer era obligatorio y la profundidad interior la única forma de no perderse:

“Mi relación con el teatro es conflictiva: el teatro siempre me ha parecido (y, en gran parte, sigue pareciéndome) el reino de la representación, es decir de la retórica y la falsedad. A mis ojos, el verdadero teatro, como la danza, no representa nada, es pura presencia. Desde esta perspectiva, el encuentro con las artes escénicas fue una necesidad natural, y en mi evolución hacia lo que (a falta de mejor definición) llamo ‘lenguaje poético’, la oralidad asume un papel central.”

De ello dan cuenta tres libros publicados hasta la fecha: Técnicas de sobrevivencia (1987), Voces para una batalla (1994) y Animal sin manada (2000), así como diversas performances poéticas.

Su afición en la danza estuvo vinculada en un principio a la estrecha amistad que mantuvo con Andrés Newmann, manager para América Latina de Pina Bausch, quien le dio la oportunidad de adentrarse en el teatro-danza. Después de vivir por cerca de 15 años en Italia decidió viajar a México donde se desarrolló como periodista sagaz.

Ya asesor de medios del Festival Internacional Cervantino (1997-2000), y posteriormente crítico teatral y dancístico de Letras Libres y El Universal en el FIC, tuvo acceso a lo mejor de la danza mundial.

Fue precisamente en un Cervantino, el de 1997, cuando nos conocimos por mediación de la doctora Ana Galán, y Javier me deslumbró con su descripción del montaje Aide Memoire, del israelí Rami Be’er, y su legendaria compañía Kibbutz Contemporary Dance Co.

Pero tal vez la colaboración periodística más profunda la hizo con Proceso a través del proyecto México: Su apuesta por la cultura. Su entrevista al coreógrafo francés Michel Descombey fue el encuentro sincero entre dos intelectuales sentados frente a frente donde expusieron ideas de forma apasionada.

En 1999 decidimos crear juntos el Premio de la Crítica “Raúl Flores Guerrero” que se mantuvo hasta el 2001 y que incluyó como cuerpo colegiado al propio Barreiro, a Adriana Castaños, Mabel Diana, Marcela Sánchez, Carlos Ocampo, Gustavo Emilio Rosales y a quien esto escribe.

Miembro del comité de redacción de la revista de arquitectura Arquine (sic) de la que llegó a ser editor en jefe, fue seleccionado por la Fundación del Nuevo Periodismo para integrarse en el taller de periodismo cultural impartido por Ryszard Kapuscinski en Buenos Aires, Argentina, en 2002.

Víctima de un cáncer muy agresivo, Javier Barreiro murió el domingo 10 de marzo en la madrugada, su horario favorito para escribir.

Sus libros, poemas, artículos, ensayos, crónicas y dibujos serán reeditados, a manera de un homenaje póstumo.

 

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