La mirada de Hierro

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La poesía y las artes plásticas han sido consideradas siempre como hermanas. Se inspiran mutuamente, y sus métodos creativos –la organización simbólica, la enorme significación de los detalles, la capacidad de sugerir– son semejantes en ambas artes. Por lo tanto, no es raro que la pintura sea para el poeta una ventana habitual y que el ojo del pintor con frecuencia lea el mundo que lo rodea a través del lente magnificador del poema. Tampoco es raro que a lo largo del tiempo el poeta intente describir con palabras lo que aprende a ver en dibujos, óleos, fotografías o esculturas, y que a veces decida recoger en un libro la suma de sus aventuras en el mundo de la mirada. Así lo han hecho, por recordar sólo a unos cuantos poetas contemporáneos notables, el francés Yves Bonnefoy,­ el estadunidense John Ashberry y aquí, en México, Octavio Paz.

Ahora se publica entre nosotros un libro similar a los que han entregado esos poetas, Los sentidos de la mirada. Convergencias sobre arte, que reúne los textos que su colega español, el desaparecido José Hierro (1922-2002), redactó entre 1950 y 1991, en gran parte sobre artistas ibéricos (Goya, Picasso,­ Miró, Chillida, Tàpies, Barceló), aunque no faltan textos sobre hispanoamericanos, como Matta, Joaquín Torres García, ni sobre monstruos ineludibles, como Rembrandt y Paul Klee.

Hierro es un poeta escasamente conocido en México. Aquí han tenido mucho mayor difusión las obras de paisanos y coetáneos suyos (ligeramente más jóvenes), como Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Ángel González, todos ellos integrantes de una espléndida generación de poetas.

Por alguna extraña razón, los libros de Hierro apenas circularon entre nosotros, y los numerosos e importantes premios literarios que le fueron conferidos no tuvieron gran irradiación en esta orilla del Atlántico, pero su obra es tan importante como la de esos coterráneos. No obstante esa pobre resonancia, en México su trabajo ha contado siempre con una suerte de cofradía de seguidores atentos. Uno de ellos es quien reunió, transcribió y ordenó los ochenta y siete escritos que integran Los sentidos de la mirada: el poeta y, asimismo, notable crítico de arte, Miguel Ángel Muñoz.

En los últimos años Muñoz ha mostrado una especial cercanía –fruto de su interés– con el arte de España y con destacados artistas de ese país, virtud que sin duda ha contado mucho para la realización de este libro. Sin la amistad que Muñoz supo cultivar con Hierro a partir de 1998, este libro no existiría, y es un verdadero acto de justicia poética que su compilador y editor sea un mexicano (aunque el sello bajo el que aparece sea el de la casa madrileña Síntesis), y que con él abra entre nosotros una puerta al resto de su obra.

Si acaso alguien repara en que para conocer el trabajo de un poeta es indispensable leer sus poemas, hay que decir que un poeta nunca deja de escribir como poeta, aun si a veces escribe solamente una página para presentar una exposición. Por esa simple razón hay que acercarse a este libro.

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