“La esfera del poder”

Los canales públicos de la zona metropolitana han optado por repetir de varias maneras un mismo grupo de obras. Sin rubor alguno, el programador saca de la morgue materiales comprados hace muchos años y vuelve a difundirlos. Lo mismo sucede con las realizaciones propias.

TV-UNAM divulga programas de 2002 en adelante y en la semana los repite. En este canal otro tema son las películas: una misma aparece varias veces a lo largo de dos y tres semanas, cortes incluidos.

Canal 22 hace lo propio con adquisiciones viejas que reitera y reitera. Algunos títulos propios tienen la opción de presentarse como temporadas. En la primera parte del año son novedad; en la segunda, repeticiones grabadas. Ayuda que al iniciar una nueva temporada habrá episodios distintos. Son los casos de La dichosa palabra, Visión periférica, Pantalla de cristal, entre otros. Respecto de los filmes, al fin han comprendido que en un canal cultural las interrupciones contravienen el espíritu de la emisora. Es seguro que el público agradece las sesiones cinematográficas en televisión como lo haría en la sala.

De Canal Once puede decirse que su perfil antiguo está totalmente desdibujado, no hay un estilo que lo caracterice y sí, en cambio, gran cantidad de series extranjeras de mala factura y contenidos intrascendentes, con el agravante de que ya han sido emitidas en sistemas de paga. El noticiario se amplió a una hora y sigue tan oficialista como en la administración pasada. Continúa la barra de comentaristas halagadores del poder.

En Canal 22, entre las series todavía no repetidas, por ser de reciente adquisición, se encuentra La esfera del poder, realización danesa. Ficción sobre los manejos parlamentarios, muy ligada a lo que realmente sucede en los países donde gobierna el primer ministro y éste no tiene un poder total. La existencia de opositores fuertes hace que sea difícil imponer una voluntad única. También impide la impunidad frente a corruptelas y malos manejos.

La serie muestra cómo, cuando un partido tiene una mayoría de votos pero no absoluta, debe negociar con los demás para obtener la dirigencia del gobierno además de varias carteras. La protagonista de la historia lo consigue con golpes de audacia, negociaciones y ciertas amenazas.

Uno de los atractivos de la serie es que quien resulta primer ministro es una mujer. Su condición de esposa y madre la pone en aprietos, puesto que la familia le exige lo que ella no puede dar debido a sus responsabilidades. Trata, busca tiempo, resquicios, pausas de las  llamadas  de celular, las reuniones, los documentos que deben revisarse. El marido en un principio la apoya, colabora en cuidar a los niños, en no trabajar para estar con ellos y atender la casa. Eso dura apenas, muy pronto se irrita, le reclama y le hace ver que no está dispuesto a continuar así. En cada episodio, además de un desencuentro familiar, se dan conflictos entre políticos, prensa y funcionarios.

No es que estemos frente a un tema inédito, pero su tratamiento es correcto y resulta entretenido, sin ser una tonta telenovela, pues se reflexiona sobre los manejos del poder, no sólo público, sino en todos los ámbitos de la vida.

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