Arte: Zona Maco 2013

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Con una trayectoria marcada por cambios en el título, administración y jerarquía artística de sus contenidos, la feria internacional de arte Zona Maco celebra del 10 al 14 de abril en la Ciudad de México su décimo aniversario sin haber logrado posicionarse como la más importante de Latinoamérica.

Fundada en 2003 por la regiomontana Zélika García –en sociedad con Enrique Rubio hasta 2008– bajo la denominación de Maco (México Arte Contemporáneo), se transformó en 2005 en Femaco (Feria México Arte Contemporáneo) y, a partir de 2009, en Zona Maco. Integrada desde la primera edición de 2004 por una notoria mayoría de galerías y artistas extranjeros, no construyó una identidad local que la diferenciara en el mercado global. Dispareja e inclusive errática en algunas ediciones como la de 2012, Zona Maco tiene ahora la enorme competencia de la feria de arte de Sao Paulo (SP-arte), Brasil. Celebrada una semana antes, del 4 al 7 de abril, la SP contó no sólo con una mayoría de representaciones brasileñas sino, también, con relevantes galerías internacionales –Gagosian, White Cube, Zwirner– entre las que se cuentan algunas que ya no asistieron este año a México, como Lisson y Hauser & Wirth.

Con una selección más acertada que la de 2012, Zona Maco 2013 reproduce las transformaciones que caracterizan actualmente al mercado ferial del arte contemporáneo: predominio de firmas conocidas, incorporación de mercado secundario y obras de innovación poco arriesgada. Dividida en tres secciones principales que corresponden a galerías, nuevas propuestas y arte moderno, la feria se distingue por el equilibrio y diversidad de géneros y lenguajes. Centrada en la calidad de las piezas, la sección de galerías oferta obras en su mayoría de pequeño y mediano formato, de autores tan reconocidos como Ai Wei Wei (70 mil euros), Kounellis (20 mil euros), Dan Graham (60 mil dólares), Jaume Plensa (96 mil dólares), Keith Haring de 165 mil dólares, entre otros.

Fusionados actualmente el mercado primario y secundario –lo cual remite a la competencia de las casas de subastas–, algunas galerías como la italiana Continua presenta obras de décadas pasadas como una pintura de Daniel Buren de 1965 por 950 mil euros. En este contexto la portuguesa Cordeiros optó no sólo por la venta de un Tàpies de 1976 por un millón y medio de euros sino, también, por la oferta de obras ochenteras de autores como Barceló, Markus Lüpertz y Francesco Clemente. Sin propuestas contemporáneas sorpresivas, algunas de las obras más interesantes corresponden a las galerías Filomena Soares de Lisboa –objeto pictórico en relieve de Slater Bradley– y Gazelli Art House de Londres con una escultura en madera de Aron Demetz, realizada en base en reinterpretaciones de técnicas populares.

Reducido en su participación, el arte mexicano destaca principalmente en la fotografía (Adam Wiseman y Patricia Lagarde en Patricia Conde Galería) y en la sección de arte moderno. Si bien es necesario que se reestructure la definición del arte moderno en la feria –se incluye a Francisco Toledo con José Clemente Orozco, Agustín Lazo y María Izquierdo–, la sección destaca no sólo por las piezas sino, también, por un Diego Rivera de 1952 que oferta la galería AAMD Fine Art de Miami en 2 millones 200 mil dólares. En esta sección, la revisión de las galerías mexicanas Fifty 24 mx y Lourdes Sosa es indispensable, ya que es cuestionable identificar la obra de Pedro Friedeberg y Arnaldo Coen como arte moderno.

La sección dedicada al arte emergente, más estructurada que en 2012, aún se percibe débil y sin definición.

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