El fin de un sueño

Tuvimos un sueño: los habitantes del Distrito Federal, los creadores independientes, los periodistas democráticos, el Consejo Consultivo de Capital 21…

Soñábamos con inaugurar una nueva forma televisiva, libre de ataduras políticas que llevaran a la censura, libre del afán de rating a toda costa, libre de los corsés formales, de las tendencias de moda. Imaginábamos posible un organismo nuevo, autónomo, sin instalaciones faraónicas, ágil en la tarea productiva, eficiente en el uso de pocos recursos, capaz de vincularse con todos los sectores sociales. Creímos viable cobijarlo bajo la sombrilla de un gobierno de las mayorías, de los excluidos, de los marginados, un gobierno que surgió en 1997 del afán por preservar lo mejor del país y abrir brecha para que esa tendencia se generalizara.

La idea de abrir espacio a un medio televisivo propio del Gobierno del Distrito Federal inició su periplo, cuando al fin los habitantes de esta lastimada capital pudimos votar a nuestro gobernante. Entonces creímos tener la fuerza suficiente para pugnar por una señal propia, como la tienen 23 estados de la República. El proyecto televisivo comenzó a tomar forma en 2000, cuando López Obrador inició su periodo como jefe de gobierno. Por encargo del Departamento de Cultura, hoy flamante Secretaría, se trabajó en un proyecto. Este circuló apenas, se consideró poco viable y pasó el resto del sexenio en el cajón.

Al llegar Marcelo Ebrard a la jefatura de gobierno, la propuesta de tener un canal propio renació con un aliento mayor. En 2007 fuimos convocadas personas de distintos ámbitos del periodismo y la academia para constituir un Consejo Consultivo, cuya función sería planear entre todos un perfil para un canal de televisión de señal aérea abierta gratuita. De manera honoraria trabajamos arduamente para elaborar una propuesta presentada públicamente en el Museo del Estanquillo en septiembre de 2007. Al acto, presidido por Ebrard, asistieron además de los consejeros, una gran cantidad de productores, cineastas, escritores e intelectuales.

Paralelamente a la elaboración del proyecto se inició la solicitud formal ante la SCT y la Cofetel para obtener la frecuencia. También se le asignó presupuesto y se formó, ante las objeciones del consejo por considerar que éste caería así en las redes de la burocracia, lo que se llama el Sistema de Radio y Televisión Digital del Gobierno del Distrito Federal, mediante decreto publicado el 16 de abril de 2008.

El Consejo Consultivo siguió reuniéndose y a los originales 10: Nicolás Alvarado, Miguel Ángel Granados Chapa, Enrique Márquez, Florence Toussaint, Virgilio Caballero, Marta Lamas, Julieta Fierro, Blanch Petrich, Carlos Martínez Assad, Carlos Payán, se sumaron más tarde Rolando Cordera y Pedro Valtierra. En 2009 se designó director del canal a Héctor Cervera Campos.

Capital 21 se nombró al canal, en ese tiempo sólo visible a través de la señal de internet. Éste creció hasta llegar a 11 horas diarias de transmisión. Secciones de lo que fueron las instalaciones del Centro Cultural Futurama en Lindavista se convirtieron poco a poco en estudios, cabinas de edición y montaje, oficinas para directivos y reporteros. Igualmente se negoció el terreno en el Chiquihuite para el transmisor y la antena construidos en 2011.

“El 8 de febrero en el pleno de la Cofetel se resolvió favorablemente sobre el registro de la documentación técnica presentada por el Gobierno del Distrito Federal para operar el Canal 21 de Televisión Digital Terrestre, que le fue otorgado el 22 de febrero de 2010 (Proceso febrero 2012).”

Pese a los tropiezos, el sueño parecía hacerse realidad. Capital 21 estaría al aire en breve, ya se hacían pruebas. El consejo, visiblemente disminuido en el número de asistentes, se había reunido luego de más de un año de no hacerlo para recibir la noticia y revisar la programación, detallar proyectos a futuro, rectificar detalles. Luego de ésta, hubo dos reuniones más. Después el silencio, hasta que llegó la renuncia de Héctor Cervera.

Al cambio de administración vino la debacle del proyecto. Una semana antes de irse, Ebrard nombró en el sitio de Cervera a Marcela Gómez Zalce, quien a partir de 2010 fue directora de la Oficina de la Jefatura de Gobierno. Carece de experiencia en el ramo, aunque laboró para Ocesa-Televisa. Miguel Ángel Mancera la ratificó en el puesto.

El declive del canal se profundizó a partir de ahí: dejó de producirse, se repitieron las series realizadas años antes. Tras la mudanza del local acondicionado en Lindavista a unas oscuras oficinas en la calle de Izazaga, en el centro de la ciudad, vino el despido de la mayor parte del personal.

Después de tanto entusiasmo de Marcelo Ebrard por establecer un canal para la ciudad capital, ¿cómo explicarse una decisión que llevará a la debacle del proyecto?

Al parecer ese sueño está roto y el gobierno que comenzó como opositor a un sistema anquilosado y corrupto se ha corrido hacia el conservadurismo, acercándose tanto al dinosaurio que comienza a parecérsele.

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