“El viejo rey”

MÉXICO, D.F. (apro).- The old king (El viejo rey) se inspira en material fotográfico de Daniel Blaukfus sobre un hombre longevo, deprimido, sólo, con un cigarrillo en la mano y un cúmulo de libros viejos en un regazo.

Se trata de un solo que a manera de un monólogo triste y melancólico desarrolla el bailarín Romeo Runa, con la coreografía de Miguel Moreira para la compañía Los Ballets C de la B de Portugal, presentada en el Teatro Esperanza Iris en el contexto del Festival del Centro Histórico.

Para los responsables del montaje la idea era la confrontación con el horror del abandono, la tristeza y la noción clara y devastadora de que estamos solos, perdidos tal vez y vinculados –o condicionados—a una sociedad que repudia y sacrifica a sus ancianos y muy especialmente a aquellos que no corresponden a la imagen feliz del abuelito retozón.

El concepto a desarrollarse se estructura en un vocabulario virtuoso que no es convencional y que sólo puede ser interpretado y creado por un bailarín con condiciones físicas muy peculiares y afortunadas para la danza. Flexiones hacia atrás (cambré), saltos sobre las rodillas, extensiones multidesarrolladas en cada articulación, pies con gran empeine, exuberante línea de brazos, coronan un cuerpo esbelto y fuerte que sólo por voluntad del intérprete se convierte en el de un viejo.

El trazo es limpio y las imágenes son de gran belleza plástica aunque inquietantes en su simbología que exhibe un cuerpo violentado profundamente. El hombre, una suerte de Quijote, arenga a una multitud que no lo entiende y que en su mediocridad lo que más desea es verlo perdido y socavado hasta las entrañas.

En esa antibelleza, decadente y sombría, en tonos grises, el anciano con ropas de pordiosero se desnuda para recibir un chorro de agua a presión en un tiempo que parece no tener fin. El agua disparada hacia el frente se descompone con la luz para establecer un espacio mágico, casi fotográfico por su pulcritud.

Según Miguel Moreira, su intención fue retomar la palabra “idea”:

“Tengo la habilidad de imaginar cosas, de expresarlas en el escenario. Siempre he estado en búsqueda de aquellos elementos que me llevan al foro, a las artes performáticas. Busco darme cuenta cuándo y por qué se derrumban o se desintegran. Cuándo falla el lenguaje y nos hace reconsiderar el significado y el significante”.

Su idea catalizadora es la de oponerse los lugares comunes. A ese decirle a todos aquellos que sufren, padecen o están simplemente deprimidos “que tienen que seguir adelante, que hay que moverse pese a todo”, que sólo así puede continuar la vida. Para él, se trata de un vano impulso “hacia adelante” que no sirve de nada:

“Cuando estés deprimido o triste sigue adelante, cambia de posición. Ese es el espíritu: moverse para seguir vivo, para sobrevivir, para no quedarse atrás, para evitar haber llegado a tu destino final. Ser como un deportista que sigue adelante hasta saber que no calificará mejor. Participar te hace sentir que perteneces, vives una suerte de ‘misión cumplida’.

“Nosotros estamos en total desacuerdo con estos conceptos. El progreso no tiene ningún sentido si no está inmerso en nuestros sentimientos de tranquilidad del atrevimiento hacia a dar un paso a lo desconocido. Si atreves, ese hecho simbolizará la lucha que debemos librar dentro de nosotros mismos. Las calles están vacías, te encuentras solo, es tu decisión, abraza al mundo.”

Es así, en la incertidumbre, en el saltar al vacío, es en lo incierto, que la vida se resignifica y adquiere otro valor, porque la única opción ante el futuro es simplemente dejar a un lado “el deber ser” para entrar a la senda de lo que realmente se necesita para estar bien.

Porque en una sociedad New Age, en la que norma de vida parece salida de uno de los horripilantes libros de Paulo Coelho y cada quien “sana su alma decretando nuevos pensamientos”, lo único que queda es permanecer solitario, envejecer sin gracia y con amargura y asumir que eso se es y no hay nada más. El destino sólo podrá cambiarse mediante un golpe de timón que conduzca hacia el corazón de las tinieblas donde habrá un Kurtz que nos devore el alma y nos cambie para siempre.

Por esa razón The old king no es disfrutable ni en su bella estética. Al contrario, causa rechazo, horror y desagrado por eso que está arriba que se parece tanto al futuro que nadie espera ni quiere para sí mismo. La pregunta que queda en el aire es si no existe un divorcio entre el público que se encuentra desesperado por divertirse y una propuesta tan desgarradora.

Grandes aplausos y bravos certificaron a los que salieron contentos, mientras que los bostezos y el aburrimiento resaltaron la falta de conexión con la escena. A la salida una mujer comentaba a un amigo: “¿Todo el talento y belleza al servicio de qué están puestos?”.

Cada cabeza es un mundo, cada quien podrá ver, sentir y reaccionar según su formación, sensibilidad y anhelo por descubrir algo en el escenario o no. Lo importante es que se dé la posibilidad de acceder a un espectáculo que más allá de los gustos, es absolutamente profesional. Eso, sin dudarlo, es lo que hay que exigirle a los funcionarios culturales, profesionalismo en la escena. Esa es la única forma de hacerse de un criterio.

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