Washington, atrapado en Guantánamo

El gobierno de Barack Obama sabe desde hace años que la mitad de los “peligrosos terroristas” encerrados en Guantánamo son en realidad ciudadanos inocentes, algunos de ellos “comprados” en Afganistán por tropas de Estados Unidos. Si los libera, Washington enfrentaría una cascada de acusaciones y demandas por secuestro, tortura y crímenes de guerra, por lo que decidió demorar las excarcelaciones al infinito. Por lo pronto, abogados estadunidenses y franceses asumieron la defensa de uno de esos reos, en huelga de hambre desde hace más de tres meses y narran los suplicios a los que lo han sometido.

PARÍS (Proceso).- “El estado de salud de Nabil es cada vez más preocupante. La última conversación telefónica que tuvo con Tara Murray, su abogada estadunidense, fue el 17 de abril. Se notaba agotado y desesperado. Dijo que los enfermeros le infligen dolores terribles cada vez que lo alimentan a la fuerza. Detalló cómo lo atan de brazos y piernas a una silla ‘que se parece a una silla eléctrica’, según sus palabras, y cómo le meten una sonda nasogástrica.”

Habla Sylvain Cormier, abogado francés, quien junto con su colega Joseph Breham intenta sacar a Nabil Hadjarab del infierno de Guantánamo.

Breham precisa: “Mantienen a Nabil atado a su silla hasta dos horas después de su alimentación forzada para impedir que vomite”.

Hadjarab es uno de los 100 presos de Guantánamo que iniciaron una huelga de hambre el pasado 6 de febrero. Hostigados por los soldados que buscan quebrar su protesta, los huelguistas se amotinaron el 13 de abril: Con cobijas taparon las ventanas y las cámaras de vigilancia de sus celdas y se enfrentaron físicamente con los guardias. Las represalias no tardaron. El mismo día los reos fueron trasladados a celdas individuales y sometidos a un muy drástico régimen de custodia.

Días más tarde las autoridades ordenaron que se alimentara a la fuerza a los huelguistas de hambre cuya salud peligraba. Hadjarab fue uno de ellos. Empezó a ser intubado el 22 de abril.

“Nabil perdió 20 kilos durante las primeras semanas de su huelga de hambre”, recalca Cormier. “No sabemos cuánto tiempo más aguantará”.

Breham tercia: “Esa manera violenta de alimentar a los presos contra su voluntad es una auténtica tortura. Es un castigo y una presión para que suspendan su movimiento. Pero refleja también el pánico de las autoridades estadunidenses ante la perspectiva del escándalo político internacional que provocarían los fallecimientos de los huelguistas.

“Por si fuera poco, igual que muchos otros detenidos, Nabil está ahora sometido a una ‘vigilancia antisuicidio’. Su celda tiene una puerta de vidrio. Está bajo observación permanente. Cada media hora, de día y de noche, sus carceleros lo sacuden, supuestamente para verificar que sigue vivo”, agrega.

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1908 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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