Brasil: La “rebelión del vinagre”

SÃO PAULO (apro).- En vísperas de la inauguración de la Copa Confederaciones, Brasil vivió una inusitada agitación social: miles de manifestantes en todo el país se lanzaron a las calles para protestar contra el aumento de las tarifas al transporte público.

La manifestación más importante se registró en esta capital financiera y económica, donde la policía realizó una de las mayores represiones desde que en 1985 regresó la democracia. Detuvo a 250 personas e hirió a cientos más. En Río de Janeiro la consigna de los reclamos fue: “Estadios No, Salud y Educación”.

En la noche del jueves 13 las calles del centro de Sao Paulo olían a vinagre. Esa noche se realizó la cuarta protesta en una semana contra el aumento a la tarifa de los servicios de transporte público, que tuvo la más dura respuesta por parte de la policía, justo cuando el gobierno brasileño prepara el inicio de grandes eventos, como la Copa de las Confederaciones, la visita del papa Francisco en julio, el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

“Compré vinagre para mojar mi pañuelo y así contrarrestar el efecto del gas lacrimógeno. Revisaron mi mochila y me detuvieron por cuatro horas”, cuenta Piero Locatelli, reportero de la revista Carta Capital.

Locatelli estaba en una comisaría del coqueto barrio de Jardins cuando se desarrolló la cuarta manifestación en 10 días del Movimiento Passe Livre (Pase libre), una organización horizontal que desde 2003 promueve la gratuidad en el transporte público, demanda que surgió al calor del Foro Social Mundial (FSM). Las tres protestas anteriores habían sido marcadas por acciones de vandalismo, ataques a estaciones de autobuses y a policías. El reclamo era contra el aumento al precio del boleto del metro de Sao Paulo, los trenes y los autobuses, cuya tarifa subió de 3 a 3.20 reales (1.51 dólares).

Passe Livre –con respaldo de algunos partidos de izquierda– convocó a la cuarta marcha. Acudieron unas 10 mil personas que se agruparon frente al Teatro Municipal de Sao Paulo. El problema, según el alcalde Fernando Haddad, es que el movimiento no tiene interlocutores para negociar.

Haddad es del Partido de los Trabajadores (PT), el mismo de la presidenta Dilma Rousseff. Decretó el aumento de los transportes municipales con el apoyo del gobernador Geraldo Alckmin, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Ambos coincidieron en condenar el vandalismo que se registró antes de la cuarta marcha, pero después de la represión policiaca el alcalde izquierdista y el gobernador derechista se distanciaron.

Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, universitarios y trabajadores sociales de las favelas, comenzaron a marchar por el centro rumbo a la estratégica Avenida Paulista. Durante dos horas la manifestación se realizó sin vandalismo. Por las dudas, bares, restaurantes, comercios y hasta una universidad de la zona central cerraron sus puertas.

Cuando la manifestación se realizaba en forma pacífica, el teniente coronel Ben Hur Junqueira Neto, responsable de la policía militarizada paulista, negoció con algunos manifestantes para que la marcha no llegara a la Avenida Paulista. Ben Hur abandonó la escena –filmada en vivo por la televisión– y dejó a los manifestantes frente a la tropa de choque, que comenzó a disparar en todas direcciones. Al menos 15 periodistas que estaban cerca del lugar de la negociación resultaron heridos en el rostro por balas de goma.

Los manifestantes se arrodillaron. Pidieron que no hubiera violencia. Pero la represión arreció.

“Parece la dictadura”, dijo una mujer de 60 años que se hizo famosa por haber recibido en el rostro una bala de goma desde una distancia de cinco metros.

“Esta manifestación fue legítima. Juro que nunca vi una represión tan brutal, con gente siendo perseguida por la policía y detenida sólo por estar en la calle”, dijo Ramón Albuquerque, de 24 años, estudiante de Ciencias Sociales, quien fue golpeado por la policía cuando se había retirado de la marcha.

La policía detuvo por lo menos a 232 personas. Un centenar más resultaron heridas. Agentes policiacos fueron filmados disparando balas de goma contra personas ajenas a la manifestación, como ocurrió con las que se encontraban en un local de Starbucks cerca de la Plaza Roosevelt.

Esa misma noche Amnistía Internacional emitió un comunicado en el que reclamó el respeto a los derechos humanos y repudió a la policía por disparar en forma indiscriminada contra los manifestantes.

Organismos de derechos humanos y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU objetan a la policía militarizada debido a que su accionar e instrucción continúan como herencia de la dictadura militar (1964-1985).

Los manifestantes reclaman el fin del cobro del transporte público a cambio de imponer mayores impuestos a otros sectores, como la industria automotriz. Y es que Sao Paulo tiene registrados casi 7 millones de automóviles.

A la protesta en Sao Paulo –seguida en vivo y en directo por televisión– le siguieron otras en diversas ciudades del país, entre ellas Brasilia y Río de Janeiro, donde los manifestantes también se oponen al aumento de las tarifas en el transporte público.

Este viernes, alrededor de 400 personas bloquearon con neumáticos en llamas la avenida Monumental, en Brasilia. Lo hicieron a la altura del Estadio Nacional Mané Garrincha y en vísperas del partido Brasil-Japón que inaugurará la Copa de las Confederaciones. Un par de horas después pasó por ahí el autobús que transportaba a la selección brasileña de futbol, que acudió al estadio para reconocer la cancha.

Esta acción de protesta fue comandada por el Comité Popular de la Copa del Mundo, que reclama que inversiones similares a la de la remodelación del estadio, 500 millones de dólares, sean destinadas a viviendas solicitadas por el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST).

El secretario de Seguridad de Brasilia, Sandro Avelar, afirmó que no tolerará manifestaciones de protesta durante la apertura de la Copa Confederaciones.

“Actuaremos con el rigor necesario para que sea un día de paz. El mundo nos observa. Se realizarán detenciones si deben ser realizadas. Las manifestaciones están llenas de provocadores políticos que no dan la cara”, afirmó.
El estadio Mané Garrincha fue reinaugurado el pasado 18 de mayo pasado, después de una remodelación que costó 500 millones de dólares, cuando inicialmente el presupuesto había sido de unos 350 millones de dólares, según el Núcleo de Fiscalización de Obras para el Mundial 2014.

Desde el gobierno, el ministro de Deportes, Aldo Rebelo, y el jefe del Gabinete del Estado de Río de Janeiro, Regis Fichtner, intentaron ponerle paños fríos a la ola de protestas, a la que intentaron desvincular de la Copa Confederaciones.

“La Copa de las Confederaciones y el Mundial se realizarán sin relación directa con las manifestaciones”, afirmó el ministro Rebelo, perteneciente al oficialista Partido Comunista do Brasil (PcdoB).

Los comités populares formados para repudiar las inversiones públicas en estadios preparan protestas que realizarán durante la Copa Confederaciones, cuyos encuentros se realizarán en Brasilia, Belo Horizonte, Recife, Fortaleza, Salvador y Río de Janeiro.

En Río, el estadio Maracaná tendrá un cinturón de seguridad que contará también con el monitoreo de las Fuerzas Armadas. “Cerca del estadio no será posible hacer manifestaciones de protestas. Hay personas que quieren aprovechar estos eventos para mostrar sus reclamos”, señaló Rebelo.

Varios comentaristas ya calificaron al movimiento contra el aumento de tarifas del transporte como la “rebelión del vinagre”.

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