El rostro escondido de Amazon

La eficiencia de la multinacional en línea para ofrecer los servicios más rápidos y baratos en libros, está sustentada en un sistema de explotación irracional a los trabajadores de sus 75 bodegas logísticas en todo el mundo. Ahí, el exhorto continuo de los capataces que los vigilan las 24 horas del día con el eslogan de la empresa: “Trabajen duro/Diviértanse/Participen en la historia”, es apenas el botón de muestra en la denuncia del periodista francés Jean-Baptiste-Malet en un best-seller en el que cuenta su experiencia como obrero eventual de amazon.com, creada en 1994 por Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo.

PARÍS.- Es una de las figuras emblemáticas de la economía digital. Fue declarado “Hombre del año” por la revista estadunidense Time en 1999, en 2008 el U.S. News & World Report lo festejó como uno de los “mejores” líderes de Estados Unidos, mientras que el semanario británico The Economist lo recompensó en 2011 con el premio de la Innovación por haber creado, junto con Gregg Zehr, Amazon Kindle, una tableta electrónica de lectura de libros. Finalmente en 2012 Fortune lo nombró “Hombre de negocios del año”.

Se llama Jeff Bezos, nació en Albuquerque, Nuevo México, aún no cumple 50 años y su fortuna personal alcanza los 25 mil millones de dólares. Su biografía fascina al mundo de los negocios y al público adicto a las success stories al estilo estadunidense.

En 1994 Bezos sólo tenía 35 años cuando lanzó su negocio de venta de libros por internet, Amazon.com. En menos de dos décadas ese ingeniero apasionado de la informática convirtió su librería electrónica en líder mundial de la venta en línea.

Hoy la multinacional es un supermercado de dimensión planetaria que vende de todo a más de 100 millones de clientes. En 1997 Amazon sólo disponía de dos centros logísticos de 28 mil metros cuadrados en Estados Unidos. Actualmente cuenta con 75 bodegas esparcidas por el planeta que cubren una superficie total de 2 millones de metros cuadrados. Estos gigantescos almacenes logísticos le permiten ofrecer los plazos de entrega de pedidos más cortos del mercado internacional.

El crecimiento exponencial de Amazon en este periodo de crisis económica generalizada es abrumador: su volumen de negocios aumentó de 40 mil millones de dólares en 2011 a 61 mil millones de dólares en 2012.

¿Qué se esconde detrás del insolente triunfo de ese campeón de la economía electrónica del siglo XXI?

“Condiciones de trabajo dignas del siglo XIX y una ideología que recuerda la de los regímenes totalitaristas del siglo XX”, contesta a esta corresponsal Jean-Baptiste Malet, autor de En Amazonia, infiltrado en el “mejor de los mundos”. El libro salió a la venta en Francia en abril pasado y está causando debates y polémicas.

Resalta Malet:

“Mucha gente tiende a considerar la economía digital como una economía virtual y aséptica. Es una grave equivocación. Los internautas que hacen clic en la página web de Amazon para comprar libros o dvd, pero también piezas de recambio para su coche o ropa interior, deben saber que detrás de las pantallas de sus computadoras hay 80 mil trabajadores permanentes y muchísimos más eventuales que están sometidos a ritmos de trabajo insostenibles en el ambiente casi carcelario de los centros de logística de esa multinacional supuestamente vanguardista.”

Periodista independiente de 26 años, Jean-Baptiste Malet logró ser contratado como trabajador eventual en la bodega logística que Amazon tiene en la ciudad de Montelimar, al sureste de Francia. Decidió infiltrar la empresa porque nunca había podido obtener que el servicio de prensa de la multinacional le entregara informaciones sobre las condiciones laborales que prevalecen en esa bodega.

“Amazon impone la ley del silencio
–enfatiza–. En la llamada libreta de bienvenida que se entrega a los trabajadores eventuales se especifica  textualmente: Usted no puede difundir cifras o información sobre nuestra actividad, ni siquiera a su familia. Es absurdo. Los eventuales no tienen acceso a informaciones confidenciales, ya que se limitan a cargar y empacar productos. Las únicas informaciones que pueden divulgar son las que conciernen a sus condiciones de trabajo. Y es precisamente lo que Amazon pretende esconder”, agrega:

“En Francia, como en todos los demás países donde se implanta, Amazon suele abrir centros logísticos en zonas devastadas por el desempleo. Eso le permite disponer de una mano de obra dispuesta a aceptar sin parpadear sus drásticas exigencias laborales.”

Malet fue contratado en noviembre en 2012.

“En la efervescente temporada navideña las ventas de Amazon crecen 22%
–recalca–. Es una locura. La multinacional enrola a verdaderos ejércitos de trabajadores temporales. Les impone contratos por una semana que se prolongan semana tras semana sólo si cumplen con las cuotas de productividad. Si no cumplen, van de salida y se escoge a otros eventuales en la larguísima cola de desempleados.

“Para incitarlos a acelerar su ritmo de trabajo, Amazon les hace creer que podrán conseguir un contrato de trabajo permanente. Pero es un terrible engaño. La multinacional recluta a muy pocos trabajadores de tiempo completo. Le conviene más la flexibilidad del trabajo temporal.”

En las bodegas logísticas se trabaja las 24 horas del día: hay dos turnos diurnos y uno nocturno. A Malet le tocó el nocturno (de 9:30 de la noche a las 4:50 de la mañana), pero sabía que la dirección podía pedirle horas extras o que sacrificara su día de descanso en caso de necesidad.

“Se puede rechazar ese tiempo extra, pero como todos sueñan con ser bien vistos para conseguir un contrato de trabajo permanente, pues acaban aceptando”, precisa.

Alejada de las ciudades de los alrededores, la bodega logística de Montelimar es sólo accesible en coche o por buses contratados por Amazon.

“Me enteré de que Amazon les cobra los pasajes a los empleados a pesar de que recibe subsidios regionales de transporte”, denuncia Malet.

Los obreros tienen derecho a dos pausas de 20 minutos por noche. La primera corre a cargo de Amazon, la segunda se descuenta de su tiempo de trabajo. Pero las distancias son tan grandes en las bodegas que cuando alcanzan la sala de descanso, ese momento de reposo se reduce a escasos minutos.

Hay tres tipos de actividades en las bodegas de Amazon: la primera consiste en recibir las mercancías y guardarlas, la segunda en ir a buscarlas para entregarlas a quienes se encargan de la tercera operación: empacar los productos.

Cada actividad, cada función, cada lugar y cada instrumento de trabajo tiene su nombre en inglés, que los empleados tienen la obligación de memorizar y usar. El carrito en el que se transportan los productos se llama tote; el lugar donde se almacenan los artículos se conoce como bin; buffer es el espacio donde se guardan los totes; el picking es el acto de sacar un artículo de su bin para colocarlo en un tote; el packing consiste en empacar.

Por orden de la dirección, todo el mundo se tutea so pretexto de crear un clima alivianado y de confianza. Según Malet, el contraste en esa “convivencia  impuesta” es muy fuerte por los múltiples controles a los que están sometidos los empleados.

A lo largo de su turno de trabajo éstos deben pasar varias veces por por el sreening, un sistema de control similar al de los aeropuertos, operado por guardias de una agencia privada de seguridad que se muestran particularmente desconfiados con los trabajadores eventuales. Los de origen magrebi se quejan de discriminación.

Para empezar su labor los empleados activan su scanner tecleando su código de identificación personal. De inmediato reciben órdenes de trabajo y pasan bajo el control de los managers, jefes de equipo.

Insiste Malet:

“Al igual que el resto del personal, estos managers viven estresados. Están pegados a las pantallas de sus computadoras y se la pasan descifrando las informaciones que les comunican los scanners de los empleados. Tienen que saber dónde están, qué hacen y, sobre todo, cuál es su ritmo de productividad.”

El reportero cuenta cómo, noche tras noche, recorría a toda velocidad un mínimo de 20 kilómetros caminando en los 36 mil metros cuadrados de la selva metálica de la bodega, apresurándose de un bin a otro, cargando bultos pesados, empujando su tote, siempre bajo supervisión de su manager. Varias veces por noche un lead (capataz) lo informaba de su productividad y le lanzaba advertencias cuando bajaba su ritmo de trabajo.

Confía:

“Las primeras noches el picker mueve entre 50 y 60 artículos por hora, o sea 350 a 400 por noche. Pero muy pronto se le ordena pasar a 120 o 130 por hora. Lo logré, pero me quedé exhausto e incapaz de pensar. Luego se pide acelerar más… Pocos resisten. Vi a gente derrumbándose. Otros tiran la toalla y renuncian. No le importa a Amazon. Sabe que cuenta con una enorme reserva de desempleados.

“Estoy convencido de que podría mecanizarse parte de la labor que se realiza en las bodegas, pero Jeff Bezos calculó que le sale más barato ‘usar’ a desempleados que invertir en robots que cuestan caro y requieren mantenimiento.”

Jean-Baptiste Malet no esconde su enfado cuando recuerda los carteles pegados en los muros de los vestuarios. Dice:

“En todos se podía leer el lema de Amazon: WORK HARD–HAVE FUN–MAKE HISTORY (Trabajen duro/ Diviértanse/Participen en la historia). Cada noche el manager prendía su micrófono y anunciaba a los obreros los objetivos de la productividad fijados por la dirección. La productividad es la obsesión en Amazon. Luego gritaba: ‘A trabajar… Ándenle… Diviértanse…’

“¿Se da cuenta? Me daba coraje ver a todos los eventuales que empezaban a correr con sus carritos, soñando con improbables empleos de tiempo completo. ¿Cómo iban a divertirse?”

Agrega:

«Por si eso fuera poco, cada mes la empresa designa al best, el obrero más productivo. En medio de aplausos pregrabados, como en los peores programas de televisión, se entrega al galardonado la camiseta del best y bonos para comprar artículos en el portal de Amazon. ¡Es alucinante ver cómo Amazon copia el estajanovismo que prevalecía en las fábricas de la Unión Soviética!”

Los obreros que cuentan con un contrato permanente (una minoría comparada con la multitud de eventuales) no se llaman empleados, sino socios, ya que, después de varios años de antigüedad reciben un pequeño número de stock options que los convierte en mini accionistas de la multinacional.

Jeff Bezos está convencido de que una vez como accionistas, aun minoritarios, sus empleados consideran que la multinacional les pertenece y que participan en un “proyecto común”.

“El sueño de Bezos es inculcar a su personal un ‘patriotismo amazónico’ que los lleve a dedicarse en cuerpo y alma al éxito de Amazon”, asegura Jean-Baptiste Malet.

El fundador de Amazon, quien no esconde su apego al libertarismo, explosivo coctel de anarquismo y ultraliberalismo, pretende “revolucionar las relaciones sociales en el seno de la empresa y su funcionamiento económico”. En realidad busca impedir a toda costa la creación de sindicatos en sus empresas. Lo logró en Estados Unidos, mas no en Europa.

La “gran novedad” de los stocks options, sin embargo, podría resultar un simple espejismo. Por lo menos lo fue para 50 asalariados de la sede de Amazon France ubicada en la ciudad de Guyancourt, en los alrededores de París. Despedidos en 2004, los socios amazónicos se tropezaron con un turbio enredo administrativo que los despojó de los beneficios de sus acciones.

En noviembre del año pasado, mientras Jean-Basptiste Malet reporteaba en la bodega de Montelimar donde se había infiltrado, periodistas alemanes hacían lo mismo en los centros logísticos que Amazon dispuso en Bad Hersfeld, región centro-occidental de Alemania. El afamado canal de televisión germano ARD difundió el documental que realizaron con cámara escondida el pasado 13 de febrero.

Las condiciones de trabajo que describen son casi las mismas que las detalladas por Malet. Hay una sola diferencia: en Montelimar los eventuales eran todos franceses, mientras que los 5 mil trabajadores contratados en Bad Hersfeld eran desempleados españoles, polacos y suecos traídos a Alemania en camiones. Casi todos fueron víctimas de promesas salariales incumplidas.

Muchos estaban alojados en un pueblo vacacional vigilado por guardias brutales que irrumpían en sus casas y en sus dormitorios en forma intempestiva. Los reporteros de ARD descubrieron que la agencia de seguridad que los empleaba estaba dirigida por un neo nazi. El transporte puesto a disposición de los empleados era ineficiente y ocasionó frecuentes llegadas tardías al trabajo que fueron sistemáticamente sancionadas con descuentos salariales.

El escándalo que provocó el reportaje fue tal que la propia Angela Merkel exigió cuentas a Amazon, mientras que el periodista-escritor Gunther Waldraff pidió a su editor que cancelara el contrato de distribución de sus libros que había firmado con la multinacional.

El autor de Cabeza de turco invitó a los internautas y a los escritores a lanzarse en una a campana de boicoteo de Amazon.

Otros dos reportajes habían alertado ya sobre las condiciones de trabajo indignas que Jeff Bezos impone a sus empleados:

El primero, escrito por Claire Dewell, fue publicado en Gran Bretaña en 2008 por el Sunday Times. La descripción que hace Dewell de la organización laboral que prevalece en las bodegas logísticas británicas de Amazon es globalmente idéntica a la de sus colegas de Francia y Alemania. Resaltan sin embargo algunas características: Necesidad de una autorización del manager para ir al baño, cámaras de vigilancia por doquier, sanciones por cualquier ausencia inclusive justificada por un certificado médico.

El segundo reportaje, publicado en 2011 por el diario norteamericano Morning Call y firmado por Spencer Soper, es tan demoledor como los europeos. Pero tiene su propia “exclusiva”:

Spencer Soper pinta el infierno en el que trabajan los empleados sometidos a ritmos acelerados en las bodegas de Lehig Valley, Pennsylvania, con una temperatura a veces superior a los 40 grados centígrados. Describe desmayos, casos de deshidratación y malestares de todo tipo.

Y acaba por revelar que en lugar de instalar un sistema de aire acondicionado decente, Amazon optó por contratar un servicio de ambulancias que día y noche transportaban a los trabajadores del centro logístico a los hospitales cercanos.

Concluye Jean- Baptiste Malet:

“El hecho de que tanto en Estados Unidos como en Europa hayamos observado los mismos abusos, demuestra que se trata de un sistema de trabajo. Así funciona Amazon. Quise saber más sobre ese sistema. Envié mi libro junto con una serie de preguntas a Amazon. Sigo esperando respuestas.”

Para escribir su libro Malet violó la cláusula de confidencialidad incluida en el contrato de trabajo que firmó cuando fue reclutado por la multinacional, pero se dice convencido de que no habrá demanda en su contra.

“Temen el revuelo mediático que causaría esa demanda –confia–. Mantener un perfil bajo les sale menos costoso a nivel de imagen que atacarme judicialmente. Más increíble aún, mi libro está en venta en el portal de Amazon…”

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