“El observador”

Entre las nuevas producciones de Canal 22 se encuentra un programa periodístico conducido por Jacaranda Correa, titulado El Observador. La reportera posee amplia experiencia en el área. Diseñó y estuvo a su cargo, durante más de dos años, de una serie llamada El Rotativo, iba a fondo con un tema y tenía invitados al estudio y por teléfono.

También selecciona y presenta documentales de alta calidad y muy poco vistos en la televisión, además de ser documentalista premiada. La diferencia entre un programa conducido por un lector y otro bajo la batuta de una informadora es evidente, tanto en la calidad de las preguntas como en la búsqueda de explicaciones sustantivas. La acompañan en el set otros periodistas de la emisora, como Víctor Ronquillo, quien por lo general ha hecho un reportaje del asunto tratado, o Huemantzin Rodríguez.

En torno a una pequeña mesa redonda los conductores inician la charla con el invitado, quien es experto en el contenido, ha realizado trabajos en torno del asunto y expone los hallazgos. Conforme transcurre el programa, otras voces se van uniendo a través del teléfono o bien mediante videoconferencia. Seleccionan el asunto más destacado de la semana o bien un problema de fondo que el país afronta. La ventaja del tratamiento puesto en obra por El Observador es que al acudir a personas involucradas con la materia tratada se evitan las obviedades. Salen a la luz datos investigados y se revela la compleja trayectoria de todo proceso social.

El programa se dinamiza con las intervenciones virtuales y los reportajes insertados; rompe la monotonía de estar anclado en un set. Sin embargo éste es justamente necesario, de ahí salen los interrogantes, las pausas y el hilo conductor. Debido a ello resalta la escasa creatividad con la cual fue diseñado: el ciclorama está compuesto por cortinas plegadas de color cambiante según el episodio. Estos drapeados avejentan y abigarran el lugar, haciéndolo ver más chico de lo que es. A dicha sensación contribuye la pequeñísima mesa alta en torno a la cual se apiñan conductores e invitados.

La solución de crear fuera del noticiario emisiones en las que se opina e informa únicamente de un asunto permite a la emisora distinguir entre géneros, y al público satisfacer mejor sus necesidades relativas por un lado a lo noticioso y por otro a los significados de ciertos problemas importantes. Evita además la fallida fórmula de la propaganda disimulada de funcionarios, legisladores, instituciones y personas. El estilo periodístico mercenario ha venido a desprestigiar el oficio, especialmente el que tiene lugar a través de los medios electrónicos tan dados a vender su espacio al mejor postor.

El Observador, a diferencia de Ángulo crítico –programa de la misma emisora–, convence por su seriedad y porque lo ahí dicho es creíble, está sustentado, es crítico. No hay instancias a salvo, todo aquel que caiga en la conducta reprochada, por ejemplo la corrupción, sea del partido que fuere, es señalado. En este teatro de simulaciones, resulta refrescante

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