Tras protestas, corrupción ya es delito grave en Brasil

MÉXICO, D.F. (apro).- En respuesta a las manifestaciones que han cimbrado a Brasil en las últimas semanas –entre otros motivos por la corrupción que permea en el gobierno–, el Senado brasileño aprobó un proyecto de ley que tipifica a la corrupción como delito grave.

La iniciativa fue presentada desde 2011, pero ante la presión social fue descongelada y aprobada este miércoles. Dicho precepto legal establece que los delitos de peculado y la corrupción activa y pasiva sean castigados con una pena de entre 4 y 12 años de prisión y sin derecho a fianza. Anteriormente la pena era de dos a 12 años de prisión.

Además, en el caso de que un funcionario sea acusado del delito de corrupción se hará acreedor a una multa.

El lunes pasado, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, anunció cinco pactos para mejorar los servicios en las áreas social, económica y política del país, entre ellos la lucha contra la corrupción “en una forma más enérgica, y convertirlo en un delito grave”.

Escala violencia en las manifestaciones

Las masivas manifestaciones que afectan a Brasil desde hace dos semanas se tornaron violentas este jueves. Un grupo de inconformes provocó un incendio en una agencia automovilística en Belo Horizonte, donde los equipos de futbol de Brasil y Uruguay jugaron en la semifinal de la Copa Confederaciones.

La televisión brasileña difundió imágenes de un grupo de personas que entró al edificio de la agencia y provocó un incendio con objetos inflamables que encontró dentro y en los alrededores del edificio.

También se reportaron saqueos y conatos de incendios en la zona. Además, un grupo de manifestantes apedreó a la policía y lanzó bombas molotov en las inmediaciones del estadio Mineirão.

La policía del estado de Minas Gerais, donde se ubica Belo Horizonte, montó un cerco en un perímetro de tres kilómetros alrededor del Mineirão e instaló cercos en las calles de acceso al estadio al que sólo podían ingresar personas que tenían un boleto para el partido.

Se diseñó un esquema de seguridad que movilizó a cinco mil 567 agentes y mil 500 soldados del Ejército.

Numerosos locales comerciales ubicados en torno a la Plaza Sete, donde se concentraron los manifestantes, y en las avenidas que conectan con el Mineirão instalaron tablones de madera en sus fachadas para evitar actos vandálicos.

Antes del inicio de la marcha, la policía arrestó a ocho personas que portaban máscaras y objetos en sus mochilas que supuestamente serían lanzados contra los uniformados.

La prensa local reportó además que una persona que participaba en las manifestaciones resultó gravemente herida tras caer de un viaducto.

Otras dos mil personas se manifestaron sin mayores incidentes frente al Congreso en Brasilia, donde los edificios públicos son custodiados por unos cuatro mil policías.

Las protestas que se repiten diariamente en Brasil comenzaron hace dos semanas en Sao Paulo, exclusivamente por el aumento de las tarifas de transporte público, pero se extendieron a todo el país con nuevas exigencias como mayor inversión pública en educación y salud, y críticas a la corrupción.

Las protestas también se enfocaron contra los elevados gastos del gobierno en la organización del Mundial de 2014, por lo que algunas de las manifestaciones se han realizado en estadios donde se disputaban partidos por la Copa Confederaciones.

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