“Fuera la FIFA”, el repudio en el Maracaná

RÍO DE JANEIRO (apro).- La policía detuvo el camión de sonido cuando los manifestantes iniciaron la marcha.

–No tienen el derecho de hacer eso–, protestó el chofer, obligado a bajar del camión.

–La orden viene de arriba–, replicó uno de los policías sin hacer más comentarios.

Las protestas de los manifestantes fueron en vano y al final decidieron avanzar sin el camión.

“Hoy la consigna es evitar la violencia a toda costa”, dice Leticia da Silva, miembro del Comité Popular de la Copa y de las Olimpiadas, la organización que está al frente de la lucha contra los mega-eventos deportivos en todo el país.

La semana pasada, las marchas realizadas en las ciudades de Belo Horizonte y Fortaleza, durante las semifinales de la Copa Confederaciones, terminaron con centenares de manifestantes heridos y detenidos. Para la final de la Copa, que el pasado domingo 30 de junio protagonizaron las selecciones de Brasil y España, los cariocas marcharon por la defensa del mítico estadio de Maracaná, que está en proceso de privatización.

“Convocamos a esta marcha para pedir la revocación de la privatización de un monumento como el Maracaná. Sabemos que desde 1999, el Estado gastó 1.5 billones de reales (670 millones de dólares) para restaurarlo. Y ahora, va a ser gestionado durante 35 años por el grupo EBX, una de las empresas privadas más odiadas por el pueblo brasileiro, la del hombre más rico del país, Eike Batista. Esa empresa va pagar apenas 10% del dinero público que fue invertido. Cuestionamos esas decisiones, queremos entender la lógica de nuestros gobernantes de lo que parece ser otra historia de corrupción”, sostiene Da Silva.

Sin camión de sonido, pero con cantos e instrumentos musicales, la marcha arrancó al medio día con una bandera gigantesca que decía “el Maracaná es nuestro”.

En realidad, el Maracaná ya era de otros y fue imposible acercarse a él: el estadio estuvo cercado en un radio de un kilómetro por efectivos de la policía y el Ejército, los cuales eran apoyados por vehículos lanza agua y tanques blindados.

Aunque nunca lograron su objetivo de llegar al estadio, los manifestantes ganaron la simpatía de ciudadanos durante el trayecto. Les aplaudían durante el camino y vecinos los saludaban desde las ventanas de sus casas y mostraban banderas en apoyo. Los manifestantes respondían con un eslogan que ahora todo el mundo conoce: “la copa, la copa, yo la dejo a cambio de dinero para salud y educación”.

Ezecar Farizoso marchó con un grupo de atletas. Se dijo muy feliz de ver la comunión que existe entre la gente: “Yo creo que la ciudad de Rio de Janeiro nunca va ser la misma después de este movimiento. La gente está despertando, las ganas de salvar a la ciudad están aquí presentes y la prueba de eso es que más y más personas se están dando cuenta que las autoridades se burlan de nosotros, y gastan el dinero de manera totalmente absurda”.

Los deportistas están en la manifestación para protestar contra el proyecto de demolición de las instalaciones deportivas alrededor del Maracaná que serían sustituidas por un centro comercial y un gran estacionamiento.

Hace unos meses, Sergio Cabral, gobernador de Río de Janeiro, anunció que el Parque Acuático Julio Delamare y el estadio de atletismo Celso de Barros, que se encuentran en las inmediaciones del “Templo del futbol” serán demolidos y en su lugar el Estado construirá otras instalaciones para los Juegos Olímpicos de 2016.

“Esas instalaciones ya fueron reformadas para los Juegos Panamericanos de 2007 y en aquel momento las autoridades aseguraron que iba a ser un legado de esos Juegos para la ciudad. Ahora nos dicen la misma cosa pero termina siendo lo contrario de lo que habían dicho”, añade Farisozo. Y asegura que la población ya no aguanta esos “gastos absurdos y sin dialogo con la población, aunque sean para organizar un Mundial de Futbol”.

“Falta construir un país alrededor”

Después de dos semanas de protestas en todo el país, las críticas hacia la FIFA y la Copa del mundo no han bajado. “Fuera FIFA”, “FIFA en Qatar”, gritaban los manifestantes durante la marcha.

Cada vez que se veía una publicidad de las empresas patrocinadoras de la FIFA, se escuchaban unos chiflidos intensos. “Sabemos muy bien de los beneficios que va a obtener la FIFA aquí en Brasil. Sus propios dirigentes reconocieron que iban a ser alrededor de 3 mil millones de euros, el doble que de lo que obtuvieron en Alemana en 2006”, comentó Mariana Cristina, quien se presenta como militante del PSOL, el partido de la izquierda brasilera.

Durante una conferencia de prensa realizada la semana pasada, la FIFA fue bastante “cuestionada” por la prensa deportiva brasileña. El organismo reconoció que no iba a pagar ningún impuesto por los 900 contratos comerciales ya firmados. La exención de impuestos de un billón de reales (448 millones de dólares) no ayudó a calmar la rabia de la calle.

Daniela Mederi vino con su madre y su tía a la marcha. Vive a dos horas de Río, pero viene todos los días a la capital del Estado. Como muchos, empezó a protestar por el aumento de 0.20 reales en el transporte público cuando el servicio no ha mejorado en relación con el precio: “Hasta llueve en el tren, para darle un ejemplo de la calidad del servicio. No es posible que estemos gastado tantos recursos para un Mundial que va a durar solamente un mes y que nosotros sigamos con servicios públicos pésimos” dijo, enseñando su bandera hecha en casa. “Brasil ahora tiene un estadio de primer mundo, falta construir un país alrededor”, añadió.

Comentó que en su ciudad, en el interior del estado de Rio, hay protestas importantes desde el inicio pero que nunca se mencionan en los medios nacionales. “Puede ser que no informan al respecto porque ahora hay tantas protestas”, dice riéndose.

La semana pasada hubo efectivamente marchas en 100 ciudades del país y en las grandes ciudades-capitales. Ello rebasó las expectativas de los organizadores. Como consecuencia, la popularidad de la presidenta Dilma Rousseff cayó de 27 puntos según una encuesta de DataFolha que salio justo el domingo de la marcha.

Rafael Bernardino, quien a sus 20 años esta viviendo su primer movimiento de protesta, platica de la presidente con un grupo de amigos de la facultad. El estudiante considera que “no es ninguna sorpresa para nosotros, la gente esta indignada con la corrupción, con la falta de democracia, con el poder que puede adquirir una empresa privada como la FIFA frente a los intereses de una población de 190 millones de personas”.

Una ausencia inédita

Fue también la FIFA quien prohibió cualquier tipo de acto político dentro del Estadio. A la entrada del Maracaná, se revisaba con minucia a todos los asistentes para evitar cualquier manta frente a las cámaras que llevarían las imágenes del partido al mundo.

Pero el personal de seguridad no imaginó que dos de los voluntarios que estaban participando en el espectáculo de apertura de la final, iban a sacar una manta “prohibida” que decía “Cancelación inmediata de la privatización del Maracanã”.

Tampoco los 6 mil policías detectaron que un grupo de unas 500 personas iba a seguir la protesta después de que la mayoría de los manifestantes se había retirado. Mientras la selección brasileña vivía un momento de gloria por su victoria ante el equipo de España, en las calles la marcha se convirtió en la misma batalla que Brasil conoce casi todas las noches desde el 13 de junio.

Durante el segundo tempo, los periodistas de televisión anunciaron con un poco de preocupación que dentro del Maracaná se podía respirar gas lacrimógeno. En realidad, se había colado dentro del estadio porque en los alrededores se habían registrado choques entre manifestantes y la policía.

El resultado del partido de futbol –3 a 0 a favor de Brasil– evitó que se repitiera lo que sucedió en la inauguración: los abucheos y chiflidos contra el presidente de la FIFA, Joseph Blatter.

Ni la presidenta Dilma Rousseff ni el gobernador del Estado, Sergio Cabral, asistieron a la victoria de la selección. Una ausencia inédita a un año del Mundial de Futbol y que hizo notar todavía más que el país está en una crisis política.

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