La Ndrangheta voltea hacia México

MILÁN (apro).- Las torres blancas y rojas se pueden observar mucho antes que el auto llegue en la Piana (la llanura), donde 60 kilómetros cuadrados de tierra se zambullen en el Mar Tirreno. Ahí palpita el corazón de la mafia emprendedora, la Ndrangheta: una multinacional del crimen, integrada por mil 527 “hombres de honor”, que factura 44 mil millones de euros al año. Es un récord absoluto en Italia. Y la organización lo ha logrado gracias a la venta y a la distribución de coca: de ello obtiene 62% de sus ganancias, alrededor de 27 mil millones de euros.

Gran parte de los negocios ilícitos de la Ndrangheta pasa por esta llanura de cemento y mar que se extiende por los más de 3.5 kilómetros del muelle principal del puerto de Gioia Tauro; o como lo llaman los ciudadanos de Calabria, en voz baja, “Coca-Tauro”. Hay que llegar hasta aquí, en el extremo sur de Italia, para descubrir la otra cara –la más escondida– de la guerra que ensangrienta a México.

No hay cadáveres en las calles de Gioia Tauro. Para preservar la “paz social” es suficiente con saber que en esta parte de la península mandan “ellos”: los Piromalli, una de las grandes familias de la Ndrangheta, mejor conocida en el resto del mundo como “mafia calabresa”.

A diferencia de los cárteles mexicanos, la Ndrangheta no tiene necesidad de cometer decenas de asesinatos cada día. Como se dice aquí: “El poder más grande es lo que no se ve”. El poder no se muestra, actúa. Es lo que hacen los Piromalli y otros clanes (conocidos como ndrinas) de la Piana.

Cada “familia” tiene territorio y cargos bien definidos. Los Piromalli ejercen su poder hasta el Spartimento, la carretera que divide a Gioia de Rosarno. Más allá son otros los “dueños”: los Pesce y los Bellocco. Todos participan en el mayor negocio de la era moderna. El mismo negocio por el que en México se lucha y se muere al ritmo de unas 30 víctimas diarias: el tráfico internacional de cocaína.

No existe negocio, legal o ilegal, que garantice los mismos beneficios económicos. Las matemáticas lo demuestran. Los narcos compran un kilogramo de cocaína a los productores de Colombia, Perú y Bolivia por mil 500 euros. Los añadidos químicos permiten fácilmente aumentar la cantidad hasta obtener 4.5 kilos. Cada dosis de un gramo se vende al consumidor en 50 euros. Es decir, por cada kilo, los narcos ganan 225 mil euros. Una negocio irresistible para las mafias.

Claro, las ganancias dependen del consumo. E Italia es un excelente consumidor, como explica el sociólogo Pino Arlacchi. El Observatorio Europeo sobre Drogas y Adiciones estimó que en 2012 los niveles de consumo en Italia son el doble con respecto del promedio del continente europeo. En la península, por lo menos 7% de los italianos ha probado coca una vez es su vida y 2.1% lo ha hecho en el transcurso del año.

Pero Italia no es sólo un gran “supermercado” de la coca, es también el eje central de la llamada “cocaína S.p.A.” debido a que en su territorio se encuentra la organización que controla los flujos de llegada, los corredores internos y los precios para toda Europa: la Ndrangheta.

Ninguna otra mafia puede competir con ella en recursos económicos y logísticos. Entre éstos, el control del puerto de Gioia Tauro donde arriban de todo el mundo entre 3.2 y 3.5 millones de contenedores al año. Este puerto es un punto neurálgico por su posición intermedia entre Suez y Gibraltar. El muelle es centro de almacenamiento entre el norte y el sur del Mediterráneo y trampolín para otras escalas hacia el continente. Todas las grandes empresas mundiales de importación y exportación se ven obligadas a utilizarlo. Por eso, desde el comienzo (fue construido en los años setenta, pero empezó a funcionar en 1995), la Ndrangheta ha intentado controlarlo.

De hecho, un informe de 2011 de la Dirección de Investigación Antimafia (DIA) señala que las familias Piromalli, Pesce y Bellocco manejan las actividades ilícitas en la Piana “gracias al control y a la explotación de las actividades portuarias”.

En 2011 hubo ocho importantes decomisos en Gioia Tauro, en los que los traficantes perdieron mil 84 kilos de cocaína. Debido a que los expertos señalan que sólo se descubre 10% del total de la droga en tránsito, se puede deducir que por ese puerto pasaron unas diez toneladas de coca. Para octubre de 2012, habían sido interceptados mil 358 kilos.

“Colonias criminales”

La Ndrangheta no ejerce su poder sólo dentro de los confines calabreses. Actúa y con fuerza en el norte y en el centro de Italia: de Piemonte (donde se realiza el juicio Minotauro que investiga los vínculos entre mafiosos y políticos) a Lazio. Pero el nuevo centro del poder criminal de la Ndrangheta es Lombardía, donde existe la mayor penetración mafiosa en la economía legal. Son muchas las actividades a los que se dedica, entre ellas la construcción y los servicios.

En general, sus negocios son dirigidos por los “juniors”: hijos y nietos de los grandes jefes que han estudiado en prestigiosas universidades de Milán. Los integrantes de esta nueva generación hablan varios idiomas, tienen títulos académicos importantes y están insertados en el tejido socio-económico de la ciudad. Es decir, tienen las relaciones necesarias con políticos y empresarios para desarrollar sus negocios, aparentemente lícitos. Claro, el dinero procede fundamentalmente del coca-business.

Además, sus empresas legales son buenas “lavadoras” de dinero sucio. El Banco de Italia habla de 400 mil euros reciclados cada día, por lo que al año el monto es de 150 mil millones euros, 10% del PIB del país.

Con el tiempo, el abrazo criminal es letal para la economía legal. Los “coca-euros” destruyen las reglas fundamentales de la competencia, favoreciendo a los monopolios ineficientes. Sobre todo ahora que la economía italiana está muy golpeada por la crisis.

“Los narcos son los únicos que tienen mucho dinero líquido para invertir o sacar a flote empresas en dificultades”, explica Ernesto Savona, director del Centro de Investigación Transcrimen de la Universidad Católica de Milán. Es lo que está haciendo la Ndrangheta en el norte del país. “Las mafias son el cáncer de nuestra economía”, afirma.

Los expertos están preocupados. La Ndrangheta es muy poderosa, dentro y fuera de Italia. Su poder es tal que se ha convertido en la reina de la coca en Europa: controla 80% de las ventas en Europa a través de sus “colonias criminales” instaladas en otros países, que van de Rumania a Portugal. A pesar de ello las leyes europeas no reconocen el delito de “afiliación mafiosa”.

Para obtener la supremacía, la Ndrangheta ha tenido que derrotar la competencia de otros grupos, en primer lugar a la más famosa: la mafia siciliana de La Cosa Nostra. Eran los sicilianos los “señores de la heroína” en los ochenta. En aquella época, la Ndrangheta manejaba negocios menores: extorsiones y secuestros. Ésta era parte de su estrategia de crecimiento en la sombra. Cuando la Cosa Nostra comenzó la sangrienta guerra contra el Estado en los noventa, la Ndrangheta aprovechó la ocasión para llenar el vacío de poder, gracias a sus ganancias acumuladas.

Entonces, los calabreses decidieron apostar en un negocio nuevo: el tráfico de coca. Y ganaron.

Actualmente, como explica el experto de la Comisión Parlamentaria Anti-mafia, Francesco Forgione, la Ndrangheta controla gran parte de las puertas de acceso de la droga a Europa. Y también los puntos de escala de África del Norte gracias a una red articulada de relaciones internacionales. Éstas son fundamentales para la Ndrangheta, la cual siempre se ha preocupado de crear puentes estables con las organizaciones proveedoras del otro lado del Atlántico.

Los llamados brokers calabreses –el más conocido es Roberto Pannunzi, El Príncipe, todavía fugitivo después de tres arrestos y dos espectaculares evasiones– viajan por el mundo tejiendo alianzas.

La Ndrangheta siempre ha tenido una relación muy estrecha con los cárteles colombianos. “Allá los calabreses son tan conocidos que no necesitan dar una fianza a cambio de la coca”, explica el fiscal Roberto Di Palma, de la Dirección Distrital Anti-mafia de Reggio Calabria.

Pero ahora que los colombianos han perdido su papel de reyes del tráfico, los calabreses están buscando alianzas alternativas.

Contacto en México

Muchos se sorprendieron cuando el 17 de septiembre de 2008 la Procuraduría Nacional Anti-mafia anunció el fin del “operativo Solare” que, por primera vez, mostró los vínculos entre “Ndrinas” y narcos mexicanos.

Mucho antes que los medios italianos empezaran a hablar de Los Zetas y del cártel de Sinaloa, la Ndrangheta había entendido que los mexicanos eran los nuevos “señores de la droga” a escala global.

“Un año y medio antes de que se efectuara el operativo Solare, el FBI y la DEA nos contactaron: querían relacionar todos los operativos antidroga en los que aparecieran mexicanos involucrados. Habían notado un incremento de la actividad de esos cárteles en Estados Unidos. Así, vieron que teníamos una pequeña investigación sobre una familia calabresa, los Schirripa, que vivía en New York y tenía relaciones frecuentes con una célula de Los Zetas, en aquella época el brazo armado del Cártel del Golfo”, dice Nicola Gratteri, uno de los fiscales más comprometidos en la lucha contra el tráfico de droga. Fue él, junto con los jueces Giuseppe Pignatone y Maria Luisa Miranda, el protagonista del operativo Solare.

“Al comienzo creíamos que los Schirripa eran narcos de bajo nivel. Pero después descubrimos que trabajaban por el clan Aquino-Coluccio de Gioiosa Jonica”, sigue Gratteri.
Los Schirripa compraban la coca a los colombianos. Sin embargo, después del arresto del proveedor histórico, se dirigieron a Javier Guerrero, hombre de confianza de Enrique Kiki Plancarta, a su vez vinculado a Heriberto Lazcano Lazcano.

El operativo Solare concluyó con 166 personas arrestadas en Italia, México y Estados Unidos. Pero los jueces siguieron investigando. En julio de 2011 se realizó el operativo Crimen III, que concluyó con el arresto de otras 45 personas. Las autoridades descubrieron que el broker de la Ndrangheta, Vincenzo Roccisano, hizo llegar 504 kilos de cocaína al puerto de Gioia Tauro. Se valió para ello de Diamante Fruit, una sociedad de exportación establecida ad hoc.

“Cuidado, ese puerto es muy importante para la mafia calabresa. Pero no significa que la droga llegue sólo allí –sigue Gratteri–. Mucha pasa por los puertos del norte de Europa donde entran naves controladas por dispositivos gps”.

El fiscal está convencido del creciente papel de los mexicanos en el negocio de la cocaína. “Ya no son simples intermediarios –afirma–. Y en México están replicando formas de control del territorio y de la política típicas de las mafias italianas. Sobre todo de la Ndrangheta”.

Todavía no hay pruebas de células de la Ndrangheta en México, como sí las hubo en Colombia. “Pero, en los últimos tiempos, hemos tenidos indicios interesantes. El problema es que no es fácil investigar. Las autoridades mexicanas no colaboran, a diferencia de las colombianas”, dice Gratteri.

El fiscal ofrece un ejemplo significativo: “Hace unos años, analizando las llamadas de unos ndranghetistas, encontramos varios números mexicanos. Inmediatamente hicimos una petición a las autoridades de México, pero todavía no hemos tenidos respuesta”.

No hay que sorprenderse: en México 98 de cada 100 delitos queda impune.

*Periodista italiana, autora del libro Coca rojo sangre. De Tijuana a Gioia Tauro siguiendo las rutas de la droga (editorial San Paolo, marzo 2013). El texto anterior corresponde a diversos fragmentos de dicho libro.

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