Gran Bretaña: Cameron y los eurofóbicos

LONDRES (apro).- El primer ministro británico, David Cameron, quedó peligrosamente enfrentado con sus socios liberal democráticos de la coalición de gobierno debido al debate sobre el futuro de la Unión Europea (UE).

Ese debate se desató luego de que Cameron fue acusado de poner en peligro la recuperación económica de Gran Bretaña al prometer un referéndum por los 40 años de membresía británica en el bloque.

El ministro de Negocios, el liberal democrático Vince Cable, uno de los funcionarios lib-dems pro-UE de más alto rango en el gobierno, sostuvo que la promesa de Cameron por el voto es una “seria distracción” para la recuperación económica británica, luego de la crisis financiera de 2008.

“Estamos recuperándonos de la peor crisis económica del siglo”, sostuvo Cable durante una reunión organizada por el grupo de cabildeo Business for New Europe, que apoya la continuidad del Reino Unido en la UE. “Lo último que queremos ahora son niveles enormes de incertidumbre en la comunidad empresarial”, destacó.

En enero pasado, durante una ponencia que enfureció a los principales gobernantes europeos, Cameron prometió renegociar los lazos de Gran Bretaña con la UE, y convocar a un referéndum de membresía para finales de 2017, siempre que los conservadores ganen los comicios generales previstos para 2015.

Luego de que su promesa no logró frenar el avance del xenófobo y eurofóbico Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) o acallar las críticas de los euroescépticos dentro del propio Partido Conservador, Cameron decidió concentrarse en las garantías legales del referéndum.

El Parlamento británico debatirá y votará próximamente sobre un borrador de referéndum.

Los debates y polémicas sobre los vínculos de la insular Gran Bretaña con Europa han marcado a los conservadores por décadas y jugaron un rol crucial en la caída de los dos predecesores de Cameron en el número 10 de Downing Street, John Major y Margaret Thatcher.

En un enfrentamiento público acerca de dicho voto europeo, los liberales democráticos desestimaron el referéndum conservador como un “juego publicitario parlamentario” y confirmaron que sus miembros se abstendrán del mencionado debate en la Cámara de los Comunes.

“Nosotros no vamos a malgastar nuestro tiempo ayudando a los conservadores a satisfacer sus propios feudos internos”, declaró el viceprimer ministro británico, el liberal democrático Nick Clegg.

El opositor Partido Laborista, que según los últimos sondeos de opinión cuenta con un liderazgo de diez puntos sobre los conservadores, calificó el borrador de la legislación por el referéndum “una farsa” y pidió a sus parlamentarios que se abstengan del voto.

Por su parte Cameron dijo que apoyará la propuesta e instó a sus diputados a demostrarles a sus electores “lo que ellos creen sobre el referéndum”.

El parlamentario “tory” (conservador) James Wharton, uno de los que creó la propuesta legislativa, dijo que el próximo gobierno podría repeler la ley del referéndum.

“Nunca hicimos un secreto el hecho de que un Parlamento obligue a su sucesor”, afirmó Wharton en una conferencia de prensa en Londres el pasado lunes 1 de julio. “Un futuro Parlamento podría repelerlo”.

Su admisión podría poner en peligro los intentos de Cameron de aplacar a los revoltosos conservadores eurofóbicos y ganar a electores que votaron en las últimas elecciones municipales de Inglaterra y Gales a favor del UKIP, principalmente por su postura anti-UE y anti-inmigrantes.

La posibilidad de que Gran Bretaña dé la espalda a su principal socio comercial está creciendo día a día, alimentada por los euroescépticos que ven cada vez más a la Unión Europea como una institución burocrática, que malgasta dinero público y que amenaza la preciada soberanía británica.

De acuerdo con los sondeos de opinión más recientes, los británicos están divididos acerca de si quieren seguir perteneciendo a la UE o no, con una pequeña mayoría más a favor de una salida, aunque con muchos electores aún indecisos al respecto.

Una encuesta de la cadena Sky News publicada el miércoles 5 de junio concluyó que la mayoría de los británicos cree que Gran Bretaña debería abandonar la UE.

Según ese sondeo, 51% de los consultados está a favor de la salida británica de la UE, en tanto que 49% piensa que debería permanecer en el bloque comunitario.

Sky informó que en caso que se convocara ahora a un referéndum, el resultado sería muy parejo.

El 65% de los británicos quiere ver un mayor control en temas de inmigración por parte de Londres, y no de Bruselas, como también mayores controles en leyes de trabajo (40%).

Para 45% de los entrevistados debería existir además una transferencia de poderes de la UE a Gran Bretaña en materia de justicia criminal y seguridad. Un tercio de los consultados también mencionó mayores poderes en áreas como agricultura y pesca.

De acuerdo con Sky, aunque muchos británicos tienen una opinión formada al respecto, podrían ser persuadidos a cambiar de parecer antes del referéndum de 2017.

A finales de junio, el periódico The Guardian reveló que los laboristas podrían ganar la pulseada al proponer un referéndum similar, pero antes de las elecciones de 2015. En ese caso, podrían sumar más votantes euroescépticos.

En mayo pasado, una coalición de empresarios británicos criticó a los parlamentarios euroescépticos y dijo que aquellos que quieren que Gran Bretaña abandone la Unión Europea “están poniendo la política antes que la economía”.

En una carta abierta publicada en el periódico inglés The Independent el 20 de mayo último, empresarios de compañías como British Telecom, Shell, Lloyds Banking Group y Deloitte, estimaron que la membresía británica en la UE le significa anualmente al Reino Unido 92 mil millones de libras esterlinas (139 mil 760 millones de dólares).

Sin embargo, los 19 empresarios firmantes aceptaron que las reformas en la relación de Gran Bretaña con el bloque europeo son necesarias e instaron a Cameron a proteger a la City de las ideas de la UE que amenazan los negocios del país.

La carta fue enviada en medio de crecientes divisiones dentro del Partido Conservador por el futuro británico en Europa.

Lo cierto es que el tema de la membresía del Reino Unido en la UE está cobrando cada vez más ímpetu en la agenda política del país, y no sólo podría definir las perspectivas partidistas con vistas a las elecciones generales de los próximos dos años, sino también reconfigurar de lleno las históricas relaciones de la flemática isla con sus vecinos europeos.

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