La dictadura de la FIFA

RÍO DE JANEIRO.- La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) llegó a Brasil segura de su poder: exigió, entre otras cosas, que los boletos de entrada a los partidos del Campeonato Mundial se vendieran sin descuento alguno. Ello provocó tensiones con el gobierno de Dilma Rousseff, pues la legislación brasileña hace obligatorio ese descuento para estudiantes y personas de la tercera edad.

Después de un año de negociaciones la FIFA aceptó la reducción en el precio de los boletos, pero limitó el número de estos a 300 mil y sólo para las zonas más baratas del estadio.

Esta fue la única victoria de Rousseff ya que en los otros puntos en discordia la FIFA ganó el partido por goliza. La mandataria pidió que la transmisión de los partidos fuera gratis para los medios brasileños, pero la FIFA no cedió y retendrá todos los derechos de imagen del Mundial. Así quedó establecido en la Ley General de la Copa del Mundo, aprobada por el Congreso brasileño en junio de 2012.

Además, el artículo 3 de esa ley establece que la FIFA administrará las actividades comerciales y de promoción dos kilómetros a la redonda de cada estadio. Así, los productos en venta deben estar avalados mediante contratos con la FIFA. Por este motivo desaparecerá el comercio ambulante, tradicional en Brasil en las afueras de los estadios.

La ley general 10.6.71de Brasil prohíbe desde 2003 la venta de bebidas embriagantes en los estadios; sin embargo, durante el Mundial esta prohibición será pasada por alto. La razón: la FIFA firmó un contrato con Budweiser para distribuir cerveza de esta marca.

De acuerdo con la Ley de la Copa del Mundo, si un suceso provoca la interrupción del Mundial o de uno solo de los partidos –disturbios provocados por manifestantes o incluso un desastre natural, como un tsunami o un sismo–, Brasil deberá indemnizar a la FIFA por las pérdidas que se ocasionen.

La FIFA no quiere perder las ganancias “históricas” que espera del Mundial Brasil 2014. Después de haber firmado 900 contratos comerciales y de resultar beneficiado con la exención de impuestos por 448 millones de dólares, el organismo internacional estima que obtendrá 4 mil millones de dólares de ganancias, según dio a conocer Jerome Vackle, secretario general de la federación en conferencia de prensa el pasado 24 de junio.

Esta cifra supera con mucho los dividendos obtenidos por el organismo en los dos recientes mundiales: mil 900 millones en Alemania 2006 y 3 mil 100 millones en Sudáfrica 2010.

La FIFA también impuso la creación de zonas VIP en todos los estadios, que se construyeron en espacios que tradicionalmente ocupaban los aficionados “del pueblo”. El periodista Andrew Jennings, quien ha revelado varios escándalos de corrupción de la FIFA, informó en artículo que difundió Publica –agencia brasileña de periodismo de investigación– que el organismo envió a las 250 empresas más ricas del mundo un folleto de presentación de las zonas VIP para ofrecerlas en “exclusividad”.

El folleto alienta a los ejecutivos de esas empresas a reservar un salón, donde podrán “divertirse con confort y privacidad” e incluso “hacer relaciones públicas con gran estilo y dejar que el evento más celebrado del futbol trabaje para ti”.

Para mantener el “gran estilo” se necesitaba una bebida y no precisamente la cerveza Budweiser. Por ello, el pasado 28 de junio Pierre Emmanuel Taittinger, presidente de la empresa productora de la champaña con este nombre, anunció que su producto será la bebida oficial de la Copa del Mundo.

 

Avaricia

 

Tal como ocurrió en el Mundial de Sudáfrica, en el de Brasil la empresa Match, propiedad de los hermanos mexicanos Jaime y Enrique Byrom, tiene el aval de la FIFA para vender paquetes turísticos especiales con hospedaje y boletos para los partidos. Ahora esta empresa tiene la exclusividad en la venta de boletos para las zonas VIP. De acuerdo con la página web de Match, un salón privado de lujo en los estadios, con servicio de bebidas y alimentación y estacionamiento preferencial, tiene un costo “desde 100 mil dólares”.

Claro, la FIFA también pensó en quienes no pueden pagar boletos de entrada a los estadios, pero que al menos tendrán para comprar, por ejemplo, una hamburguesa McDonald’s –uno de las patrocinadores oficiales del torneo–, para la cual se habilitan “zonas de restaurantes”.

Así, la FIFA va a organizar lo que llama Fan Fest. Se trata de actos al aire libre –uno por cada partido– a cada uno de los cuales acudirían entre 20 mil y 100 mil personas. Un documento de 90 páginas titulado FIFA Fan Fest, manual del evento explica las obligaciones de los “tres socios” del Fan Fest: los gobiernos de las ciudades, la FIFA y TV Globo.

La mayoría de los gastos de la organización están a cargo de las autoridades. Éstas deben ofrecer los espacios para espectáculos, restaurantes y estacionamientos así como todos los servicios (agua, electricidad, comunicaciones, limpieza, seguridad, etcétera). TV Globo se encargará de transmitir los partidos en las áreas del Fan Fest, así como de animar la noche con la presentación de artistas y espectáculos. La FIFA sólo será responsable de instalar el palco.

En los actos de Fan Fest sólo se permitirá la venta de productos de firmas patrocinadoras oficiales del Mundial, a las cuales no se les puede cobrar “ninguna tasa (impositiva) por la renta del espacio”, según establece el citado manual.

A contrapelo de las exigencias de quienes se han manifestado en las calles y plazas de Brasil, las ganancias de estos eventos no estarán destinadas al transporte público, la salud o la educación. Los manifestantes lo saben. Por primera vez en la historia, la federación fue uno de los blancos de sus protestas: FIFA go home, se leía en varios de sus carteles.

“Los manifestantes están usando la vitrina del futbol y la presencia de la prensa internacional para hacer sus reivindicaciones, pero el futbol es más fuerte que la insatisfacción de la gente”, dijo el 18 de junio a la prensa Joseph Blatter, presidente de la FIFA; esto enardeció aún más a los manifestantes, muchos de los cuales adoran sin duda al futbol, pero se sienten irritados con “la dictadura de la FIFA”, como la llaman ellos.

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