Colombia-OTAN: Un acuerdo incómodo

BOGOTÁ (apro).- El acuerdo de cooperación militar suscrito entre Colombia y la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN) se convirtió en un elemento que tensa las relaciones de este país sudamericano con sus vecinos y amenaza con alterar los equilibrios geopolíticos de la región.

El convenio, suscrito el pasado 25 de junio en Bruselas, sede de la OTAN, fue anunciado por el ministro colombiano de Defensa, Juan Carlos Pinzón, como un mecanismo para intercambiar información clasificada entre las partes y para que este país pueda elevar los estándares de sus Fuerzas Armadas en áreas como protección de derechos humanos, operaciones de paz, justicia militar y atención de desastres naturales.

“En la medida en que Colombia fortalezca su cooperación con organismos multilaterales y otros países, las Fuerzas Armadas podrán elevar sus estándares técnicos y profesionales al nivel de las Fuerzas Armadas de las democracias más avanzadas del mundo y seguir desarrollando capacidades cada vez más efectivas en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado”, señaló el ministro en una declaración que desató reacciones adversas en varias naciones sudamericanas.

Colombia ha insistido en que no busca ser miembro de la OTAN —una alianza militar estadunidense y europea creada tras el fin de la II Guerra Mundial bajo el liderazgo de Washington—, pero Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua dejaron en claro que ese acuerdo de cooperación les deja un amargo sabor de boca.

“Es lamentable que algunos países de nuestra América hagan acuerdos con la OTAN, que es sinónimo de dominación, de invasión, de muerte, y no de paz y de justicia social”, dijo el presidente boliviano Evo Morales, quien recordó las cuestionadas intervenciones militares que, en nombre de la democracia y la libertad, ha realizado esa alianza en naciones como Libia.

El ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim, expresó que “respetamos la soberanía de los países pero vemos con preocupación un acercamiento de un país miembro de Unasur y del Consejo de Defensa Suramericano con una alianza defensiva militar extrarregional”.

Colombia es miembro de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), un mecanismo de integración regional que promueve la concertación política de los países del área. Además forma parte del Consejo de Defensa Suramericano (CDS), una iniciativa militar promovida bajo el liderazgo de Brasil que busca “construir una identidad suramericana en materia de defensa”.

Apuesta riesgosa

La investigadora de temas internacionales y de seguridad de la Universidad Nacional (UN) de Colombia, Socorro Ramírez, dice a Apro que el convenio suscrito con la OTAN es una “apuesta riesgosa” para el gobierno del presidente colombiano Juan Manuel Santos, quien desde su llegada al poder, en agosto de 2010, se había caracterizado por desarrollar una política de acercamiento con sus vecinos Venezuela y Ecuador y por participar en el proceso de integración regional en el marco de la Unasur.

Santos logró recomponer las relaciones con Venezuela y Ecuador, que se encontraban muy dañadas por los continuos desencuentros de su antecesor, Álvaro Uribe Vélez, con los gobiernos de esos países.

“Colombia ha avanzado en términos económicos, de institucionalidad, de seguridad, pero está lejos de pensarse como potencia regional y me parece que menospreciar la importancia de la buena vecindad y de la construcción de ese acercamiento regional es un riego muy alto”, señala Ramírez, doctora en Ciencia Política por la Universidad de París I.

La catedrática considera que “podríamos estar asistiendo a la profundización de la fragmentación regional, no sólo por Colombia, sino por la radicación de los gobiernos de izquierda”.

“Es probable —dice— que el gobierno colombiano quiera jugar en dos tableros, en el regional y en el global, y que tenga una valoración distinta de la de hace tres años (cuando Santos asumió la Presidencia) de la situación regional. Es probable que este viendo un cambio en la geopolítica regional y que esté tratando de aprovechar eso para buscar una convergencia política mayor en temas de seguridad con Estados Unidos y con la Alianza Atlántica.”.

La investigadora de temas internacionales y de seguridad de la Universidad Nacional (UN) de Colombia, Socorro Ramírez. Foto: Especial

Entre los sucesos que podrían producir modificaciones geopolíticas en Sudamérica, la experta menciona la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez, ocurrida en marzo pasado, y los problemas internos que enfrenta su sucesor, Nicolás Maduro, quien lidia con una crisis económica, desabasto de productos básicos, una inflación que alcanzó 25% durante el primer semestre del año y una fortalecida oposición que cuestiona su triunfo electoral del pasado 14 de abril.

Equilibrios

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, consideró el acercamiento de Colombia con la OTAN como una “amenaza” para la región y “una idea verdaderamente aberrante”. Dijo que “se quieren traer el poder militar, la estrategia militar que la deciden en Washington, de guerra de la OTAN, para el continente”.

Venezuela, que comparte con Colombia una frontera de más de 2 mil kilómetros, ha suscrito en los últimos años acuerdos militares por miles de millones de dólares con Rusia, China y Bielorrusia, y desarrolla misiles navales y antiaéreos, así como drones (aviones no tripulados), con ayuda de Cuba e Irán.

Al presentar los primeros drones, en mayo pasado, Maduro dijo que esos equipos servirán para contrarrestar “cualquier amenaza” y “fuerza extranjera enemiga de nuestra patria”. El gobernante sostuvo que la capacidad militar de su país está al servicio de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (Alba), un foro regional conformado por Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Antigua y Barbuda, Dominica y San Vicente y las Granadinas.

El general colombiano Jairo Delgado, director de análisis del Observatorio de Política y Estrategia en América Latina (OPEAL), señala que ningún país sudamericano ha criticado a Venezuela por mostrar una proyección regional en el tema de seguridad y defensa, pero en cambio Colombia enfrenta todo tipo de cuestionamientos por su acuerdo de cooperación con la OTAN.

De acuerdo con el general retirado de la Policía Nacional y exdirector de Inteligencia de esa institución, las críticas contra el gobierno de Santos constituyen “una forma de coerción política que busca mantener a Colombia neutralizada frente a sus proyectos de alianza y de seguridad”.

En el tablero geopolítico regional Colombia es percibida como el más estrecho aliado de Estados Unidos, país que comanda la OTAN, mientras que las naciones del Alba ubican a Washington como una potencia imperial y como el principal enemigo militar de la región.

Para Delgado, estas divergencias ideológicas explican la fuerte reacción del Alba ante el acuerdo Colombia-OTAN, además del hecho de que Brasil siempre ha aspirado a ser la potencia hegemónica en Sudamérica “y la decisión de Colombia de acercarse a una estructura tan grande como la OTAN indudablemente le debe generar inquietud”.

El general colombiano Jairo Delgado. Foto: Especial

El posconflicto

Venezuela es, junto con Cuba, Chile y Noruega, un acompañante del proceso de paz que desarrollan el gobierno colombiano y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en La Habana, con el objetivo de poner fin a un conflicto armado interno que ha causado más de 90 mil muertos en el último medio siglo en este país sudamericano.

Aunque las negociaciones avanzan con lentitud y el proceso enfrenta muchas presiones internas, el gobierno de Santos aspira a lograr un acuerdo de paz con las FARC e incluso trabaja en los escenarios del posconflicto, uno de los cuales es el militar. Las Fuerzas Militares colombianas, que figuran entre las más experimentadas del mundo en el campo de batalla por la larga guerra interna, se preparan para un cambio en su modelo de defensa y seguridad.

“Durante 50 años nuestras Fuerzas Militares han estado orientadas al conflicto interno y, en un escenario de posconflicto, deben transitar hacia un modelo de paz que permita enfrentar los nuevos desafíos de seguridad, como protección de derechos humanos, misiones de paz, atención de desastres naturales y combate al narcotráfico y al crimen organizado trasnacional. En esto la experiencia de la OTAN es un aporte”, afirma el general Delgado.

Con unos 270 mil efectivos del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea, y con un moderno arsenal orientado a la guerra antiinsurgente, Colombia proyecta la reconversión de su aparato militar en caso de que se logre la paz con las FARC. Esto significa pasar del paradigma de la guerra interna a una doctrina de defensa con los ojos puestos en las amenazas externas.

El acuerdo con la OTAN —que se anunció como el primero de una cooperación más profunda entre Colombia y esa alianza militar— debe ser ratificado por el Congreso bicameral colombiano, donde el gobierno cuenta con una cómoda mayoría, y será revisado por la Corte Constitucional.

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