De cómo los sandinistas mancharon el nombre de Sandino

MÉXICO, D.F. (apro).- “Hay mucha ignorancia sobre quién fue Augusto Calderón Sandino y qué hizo. La gente identifica a Sandino con el sandinismo del presidente Daniel Ortega y debido a que la población está muy enojada con el gobierno actual de Nicaragua, detesta todo lo que suene a Sandino, aunque el héroe de Las Segovias combatió a los invasores estadunidenses en los años 20 y 30 del siglo XX” afirma enérgica Michelle Dospital en entrevista con Apro.

Michelle Dospital conoce Nicaragua y su historia profundamente. Llegó a la cintura del continente en una brigada de solidaridad para recoger la cosecha del café. Sobrevivió a los ataques de la Contra; fue testigo del boicot a la Nicaragua revolucionaria por parte del gobierno de Ronald Reagan y sintió en carne propia los coletazos de la Guerra Fría. Hizo teatro y música en las comunidades del Río Coco y trabajó en la embajada francesa.

Dospital es parisina, estudió historia e hizo su tesis doctoral sobre el proyecto político de Sandino. En Nicaragua revisó cada archivo, cada carta, cada documento. Su tesis doctoral consta de más de 800 páginas, de la cual hizo un resumen de 200 páginas que se tradujo al castellano y se publicó como libro, titulado Siempre más allá.

—Si alguien no sabe quién es Sandino en Yemen sería comprensible, ¿pero en Nicaragua?— pregunta esta reportera.

—Es una cuestión de rescate histórico. Sandino es una figura nacional, es un héroe noble, pero no para todos. Durante más de cuatro décadas de dictadura de los Somozas (1934-1979) se dijo que Sandino era un bandido sanguinario, un bandolero, sin proyecto político. Lo mismo le sucedió a Emiliano Zapata en México o a Pancho Villa, que de cuatrero no lo bajaban.

“Somoza, el abuelo fundador de la dinastía, mandó escribir un libro en los años 20, para supuestamente demostrar lo malo que era Sandino; por supuesto el libro obviaba la lucha antiintervencionista, el antiimperialismo, el proyecto de construcción de un Estado nacional, la lucha por la justicia social y el rescate de la dignidad sandinista, así como la alianza interétnica continental. Era pura propaganda en contra de Sandino y su pequeño ejército loco, como lo llamara la poetiza Gabriela Mistral.”

La historiadora francesa continúa: “La ecuación actual en Nicaragua es: Sandino es sandinista y sandinista es sinónimo de calamidades. Hay de todo. Hay quien sabe y rescata la herencia de Sandino, pero muchos sólo tuvieron contacto con la propaganda de los Somozas o de los estadunidenses”.

Como Zapata

Michel Dospital encuentra muchas coincidencias entre Augusto Sandino y Emiliano Zapata:

“Siempre hubo una correspondencia total entre lo que decían y lo que hacían. Los dos escribieron, los dos tuvieron un plan de acción, los dos vivieron en contacto directo y cotidiano con sus respectivas bases sociales. Ambos tuvieron profundas raíces con su gente, con los más pobres. Sabían exactamente lo que había que hacer; tuvieron la capacidad de observar la actualidad y de ver hacia el futuro. Ambos tenían un programa, ambos eran honestos y a ambos los mataron a traición”, agrega la investigadora.

Dospital continúa: “Sandino tuvo una gran influencia de la Revolución Mexicana y del agrarismo. El general de hombres libres (como lo llamara Gregorio Selser) tuvo un programa de reinserción de sus guerrilleros para cuando terminara la guerra por la invasión estadunidense (1926-1933).

“Sandino tomó muchos elementos del México posrevolucionario como las cooperativas, la autogestión, el sindicalismo, cosas que en la Nicaragua de los años 20 y 30 eran impensables.”

Recalca: “Ni Zapata ni Sandino tenían ambiciones materiales personales ni mucho menos políticas. Querían cambiar las cosas, no conseguir algún puesto. Ninguno de ellos quería el poder sino justicia, democracia y el reparto de los latifundios. Sandino y Zapata eran incorruptibles, por eso la única manera de neutralizarlos era matarlos”.

La investigadora que ha pasado la mayor parte de su vida en Nicaragua señala: “Sandino corría mucho peligro y por eso tuvo muchas invitaciones de asilo político en diversos países. Todas las rechazó. Y no sólo lo asesinaron a él sino a todos sus hombres, a sus colaboradores, a sus simpatizantes. La llamada pacificación de Las Segovias fue una persecución total del campesinado. En seis meses la Guardia Nacional y Somoza eliminaron a todos los que podían retomar las banderas del sandinismo. Incluso en las ciudades eliminaron a todos los que simpatizaban con Sandino. Muchos intelectuales y artesanos nacionalistas que buscaban una alternativa a las propuestas de los liberales y de los conservadores, tuvieron que irse al exilio. Somoza cerró la posibilidad a la creación de un nuevo partido político.”

—¿Existe algún intento de rescate de la memoria de Sandino en Nicaragua?

—Hay una exposición permanente en Managua, en la Loma de Tiscapa, en una de las calles de viejo centro de Managua destruidas por el terremoto de 1972, rehabilitada como zona peatonal. La muestra explica la historia del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Sobre la calles Benjamín Zeledón cerca de la Plaza de la Revolución hay también una exhibición. Es un intento de rescate histórico por parte del gobierno y en lo que dicen sobre Sandino no hay mentiras. El problema es que hay gente que no le cree al gobierno, no le cree nada; hay muchos odios y rencores. Hay indignación por la corrupción de la llamada piñata sandinista y la represión gubernamental y a los jóvenes todo les vale.

Memoria

La historiadora refiere la manera en que se interesó por la figura de Sandino.

Cuenta: “No estaba conforme con todo lo que se decía de Sandino. Se le reconocía como un nacionalista, antiimperialista, internacionalista y héroe nacional obviamente. Sin embargo, no se hablaba de su proyecto político, que no se limitaba exclusivamente a la guerra de guerrillas. A través de sus cartas y documentos descubrí otras cosas. La tesis no es cronológica sino temática porque se trata de un proyecto político. La primera parte es la lucha de guerra de guerrillas en contra de la invasión estadunidense; la segunda es la lucha continental hispanoamericana e incluye la compleja relación con la solidaridad internacional y los comunistas, en especial con el Partido Comunista Mexicano (PCM), que en los tres primeros años de la lucha sandinista dio un apoyo total pero que cortó de una día para otro por una serie de factores que explico en el libro.

“El tercer capítulo es la sobre la construcción del Estado nacional. Sandino despertó una conciencia nacional en las ciudades y entre los campesinos para renovar la vida política con la creación de un nuevo partido político. El cuarto capítulo versa sobre la perspectiva en Las Segovias y el proyecto social campesino que termina con las cooperativas del Río Coco”.

—¿Por qué ese título?

—Conocemos la consigna de toda la lucha sandinista en contra de los invasores estadunidenses: “Patria y Libertad”. Sin embargo, cuando las tropas yanquis se retiraron, Sandino adoptó la consigna “Siempre más allá”, que eran palabras de paz, de superación personal, regional, nacional y colectiva. Es una consigna que tiene que ver con un grupo espiritista al que Sandino se adhirió, la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal (EMECU). De ella adoptó muchas ideas que tienen que ver con la hermandad universal y que posteriormente le ayudaron mucho a cohesionar su base social, a crear lazos muy fuertes de hermandad, con todos los que participaron en su lucha y en las cooperativas del norte del país.

“A mí me gustó mucho esa consigna porque Siempre más allá tiene que ver con la personalidad de Sandino a todo nivel. Sandino nunca paró, siempre fue más allá. Terminó la lucha armada y él no corrió a conseguir un puesto político, ni mucho menos se instaló en una finca, sino que cada vez que llegaba a una meta, tenía una nueva lucha que emprender, la misma que la de sus bases sociales, como el crear un nuevo partido político. Apenas terminaba un proyecto, aparecía otro desafío”.

—¿Era desconocida para los sandinistas actuales la espiritualidad de Sandino?

—Yo creo que fue por desconocer o despreciar este aspecto que no tenía nada que ver con la lucha armada. Cuando la guerra de guerrillas de los 20 y 30, Sandino era considerado un bandolero. Cuando la revolución en los 80, la derecha hablaba del “sandino-comunismo”. La Guardia Nacional de los Somozas dependía totalmente de Estados Unidos y adoptaron el lenguaje de la Guerra Fría, del anticomunismo furibundo. Durante 43 años de la dinastía Somoza, cualquier tipo de organización obrera o campesina era considerada comunista.

La investigadora continúa: “Sandino siempre estuvo en contra de la oligarquía de Nicaragua. La parte esotérica de Sandino era conocida por sus compañeros de lucha pero nadie le dio mayor importancia. Yo entiendo que durante la lucha contra el somocismo no era el momento indicado para hablar del espiritismo de Sandino. Había otras prioridades. Lo importante en ese momento era rescatar y reivindicar a Sandino y que se dejara de hablar de él como un bandolero, sino como alguien que luchó por la dignidad nacional. El simple hecho de reivindicar a Sandino era una tarea muy difícil porque todo el trabajo del Frente Sandinista se hacía desde la clandestinidad.

“Cuando los sandinistas expulsan al último de los Somozas y llegan al poder, no tuvieron tiempo de ocuparse de Sandino y su historia porque les cayó otra guerra encima (los ataques de Estados Unidos y de la Contra) y obviamente la prioridad era la defensa nacional, la soberanía. La guerra no dio el espacio para hablar de Sandino y de la verdadera historia de Nicaragua.

“Los estudios e investigaciones, con excepción de los de Gregorio Selser, aparecieron apenas en la década de los 90, como mi tesis; Volker Wunderich hizo una biografía política de Sandino, Alejandro Avendaño tiene un libro muy lindo sobre la mística de Sandino, en Canadá y Estados Unidos hay libros muy duros, hay tesis que presentan a Sandino como un brujo.”

Dospital hace la aclaración: “No es que el gobierno nicaragüense hubiera impedido hablar sobre el misticismo de Sandino. La cosa es que nadie sabía, nadie lo buscó. Yo lo supe porque me dediqué a investigar; me topé con el tema por casualidad y lo seguí. Yo buscaba el proyecto político más complejo y éste me llevó por el sendero de la EMECU”.

Comenta que “al principio” ella tampoco sabía de eso. “Me lo encontré en el camino y decidí no obviarlo porque me di cuenta que tenía su importancia y para Sandino era trascendental”.

El libro Siempre más allá fue presentado en la Feria Internacional del Libro Universitario organizada por la Universidad Veracruzana, que se celebró del 26 de abril al 5 de mayo de este año.

Al respecto, Dospital refiere: “Me sorprendió mucho que en México la gente conoce a Sandino, sabe de la historia; bueno, estábamos en la Feria del Libro que tiene un público muy especial. Y quedé asombrada de que el público sabía de las visitas de Sandino a Veracruz y eso me extrañó mucho. Los comentarios aportaron muchos elementos. Acá en Nicaragua no te encuentras gente que en presentaciones de libros te haga comentarios de ese tipo.”

Comentarios

Load More