Jóvenes mexicanos a la espera del paso fugaz del “papamóvil”

RÍO DE JANEIRO (apro).- Los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) esperaron horas para ver pasar fugazmente el “papamóvil”, ningún fiel se quejó: ni de la lluvia ni del frío ni de las horas de espera.

Miércoles por la noche, los jóvenes y los cariocas estaban en Copacabana, para el que sería el primer encuentro verdadero entre los peregrinos, como se definen, y el papa Francisco.

Desde las 14 horas, el tráfico estaba prohibido en el barrio más poblado de la ciudad de Río y las calles se llenaron de los jóvenes con sus mochilas de colores y cada grupo con la bandera de su país. Avanzaban dándose la mano y la mayoría de las veces cantando en la calle o en los autobuses. Son jóvenes católicos que se consideran “privilegiados” de vivir estas jornadas, y “felices” de encontrar sus pares por toda la ciudad.

“Venimos aquí para reforzar nuestra fe”, comenta la joven Rosa Romero, de Mérida, que está aquí con otros 24 jóvenes mexicanos de la universidad marista de Yucatán.

Como muchos peregrinos, Rosa “adora” los eventos masivos que la Iglesia —y que en particular la Iglesia brasileña sabe organizar muy bien—: “Estoy muy emocionada de las misas que hacen aquí, las canciones son realmente increíbles y hay una energía tan fuerte. Es imposible de describir”. Luces, música, espectáculo, pantallas gigantes, todo está puesto para que se sienta mucha emoción en esta misa y que no se perciba un Papa un poco perdido en este inmenso palco.

Por los católicos que gustan de la penitencia, las Jornadas en Río tienen justo el grado de dureza que necesitan.

Es el caso de José Carlos Cruz, que viene de Puebla y es parte del “camino neocatecumenal”, que el joven presenta como un “movimiento que lucha contra las tentaciones humanas que todos sentimos, y defiende la vida con mucha fuerza y por eso, estamos contra el uso de cualquier contraceptivo y preservativo”.

Al contrario de muchos jóvenes que aseguran que vinieron a las Jornadas también para conocer un Río soleado, el joven poblano está muy contento de ver que “aunque hay lluvia y frío, hay fe. Hasta creo que refuerza mi fe de ver que con la lluvia, la gente sigue rezando”.

La lluvia que no ha parado desde que comenzaron las Jornadas, ha transformando el campo de Guaratiba en un campo de lodo y hace inviable los eventos programados para el fin de semana, vigilia y misa de clausura das JMJ, incluso la policía civil consideró el lugar “peligroso” para las estructuras. Hay que decir que fueron cortados mas de 300 árboles hace un mes para preparar un campo virgen este fin de semana y, que sin los árboles, la tierra esta totalmente desprotegida y no logra absorber toda el agua de las fuertes lluvias.

Como parece que la Iglesia no quería hacer un “Woodstock católico”, se cambiaron los planes y se canceló el evento en el campo de lodo. Son los habitantes de Copacabana que van a tener el privilegio de compartir su playa con los jóvenes que van a vivir, rezar, cantar y hasta dormir todo el fin de semana.

El alcalde Eduardo Paes le pidió disculpas a los habitantes de Copacabana por el trastorno y aseguró que aunque los jóvenes van a dormir en la playa, no pueden usar casas de campaña… No tuvo una sola palabra para los habitantes de Guaratiba en la zona oeste que no podrán recibir ni al Papa ni a nadie. No hay ningún plan a futuro para este megacampo desierto.

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