Brasil: lo que el Papa Francisco dejó

RÍO DE JANEIRO (apro).- Los especialistas coinciden: después de una semana en Río de Janeiro, el primer viaje del Papa Francisco a América Latina fue un éxito: Congregó a 3 millones de personas en la playa de Copacabana, cautivó a las multitudes y sus discursos fueron considerados como coherentes respecto de los ideales que intenta afincar en la Iglesia católica.

“El Papa es un excelente comunicador y no es sólo marketing. Él es así y siempre lo fue, coherente entre lo que dice y lo que hace”, comentó al periódico O Estado de São Paulo el periodista argentino, Sergio Rubin, autor de El jesuita, la única biografía que existe hasta ahora sobre Jorge Bergoglio.

Durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que se celebró en Río de Janeiro, Francisco pronunció discursos que varios especialistas consideraron como “muy politizados, incluso revolucionarios” si se toma en cuenta que vienen de un Papa. Así lo comentó a la Agencia France Press (AFP) el teólogo Fernando Altermeyer, de la Universidad Católica de Sao Paulo (PUC-SP).

Durante su visita a la favela Varginho, Francisco hizo una crítica a la política de seguridad que no se preocupa por luchar contra la pobreza.

También rescató la importancia de que los jóvenes sean “protagonistas del cambio, de una civilización más justa y fraterna” y defendió la laicidad del Estado.

Más aún, advirtió a los políticos que “el futuro exige la tarea de rehabilitar la política y una visión humanista de la economía”. Y finalmente criticó duramente a la Iglesia católica brasileña, de la que dijo esperar que “se acerque a los pobres, a los que tienen sed de Dios”.

Además del discurso, funcionó la imagen de un Papa sonriente bajo la lluvia, capaz de tomarse un mate con un joven peregrino de Argentina.

En su edición dominical el periódico O Globo resaltó:

“Ver este Papa en su jeep abierto, haciendo bromas con la gente y besando todo el tiempo a niños sin preocuparse por su seguridad, ha hecho que un Papa argentino se vuelva un hermano”.

La tradicional rivalidad entre Argentina y Brasil parece haber dejado el terreno de la religión para quedarse nada más en el del futbol.

No obstante, el vaticanista Marco Politi advirtió en una entrevista a O’Globo que “este Papa no le gusta a todo el mundo, y es seguro que va a enfrentarse a fuertes resistencias dentro de la Iglesia”.

El autor del libro Joseph Ratzinger, la crisis de un pontífice, declaró la víspera al diario O’Globo que Francisco mantuvo en Brasil la misma cara de un “Papa carismático, político, comunicativo. Un Papa que sigue el camino de una verdadera revolución dentro de la curia romana. Todavía las críticas son poco conocidas, pero se le acusa aquí en Roma de ser un populista y un demagogo”.

Y seguramente el discurso que el Papa dirigió a los 45 obispos del Comité de Coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), justo antes de partir hacia el Vaticano, no gustó a los grupos más conservadores de la Iglesia.

Francisco dijo que los obispos no podían tener “psicología de príncipes” y que deben acercarse a sus comunidades.
No obstante, para tranquilidad de los grupos conservadores, el Papa no se mostró “revolucionario” en todos los temas.

Cuando la semana pasada visitó a unos drogadictos en rehabilitación se pronunció claramente contra la legalización de los narcóticos, sin decir una palabra sobre el fracaso de la guerra contra el narcotráfico en América Latina.

“No va ser a través de la legalización de las drogas, como se discute en varias partes de América Latina, que va disminuir la venta de droga y la dependencia. Es necesario enfrentar el problema de raíz”, advirtió el Papa.

Tampoco habló del aborto, un tema muy polémico dentro de la Iglesia católica a pesar de una manifestación para los derechos de las mujeres que se llevó a cabo en Copacabana, el sábado 27.

No obstante, la Iglesia brasileña repartió un folleto a los peregrinos en el que se condena tanto el aborto, aun en caso de violación, como cualquier forma de reproducción asistida.

El Papa no criticó a la corriente Renovación Carismática que en Brasil imita con éxito a los evangélicos, produciendo “sacerdotes cantantes”, los cuales acompañaron al Papa en varias actividades de la JMJ.

Esta corriente ha construido un imperio mediático capaz de rivalizar con otras iglesias, aunque en las redes sociales de Brasil, país de mucha cultura musical, se multiplicaron los comentarios que criticaron a esta vertiente religiosa:

Un internauta, por ejemplo, escribió: “A nivel artístico, la Iglesia brasileña tiene el peor gusto y los JMJ no son un lugar de excelencia musical, sino todo lo contrario”.

Tanto por Facebook como por Twitter se impugnaron los conciertos y espectáculos de “luces y sonido” continuos, hechos para generar emoción en el público y que son tan lejanos de los ideales de “simplicidad y humildad” que el Papa Francisco quiere generar en la Iglesia.

Los gastos que implicaron las actividades de la visita papal, sufragados con recursos públicos, superaron el costo estimado de 58 millones de dólares. Y algunos de esos gastos fueron en balde.

Por ejemplo: se tenía programado un evento con el Papa que se realizaría el fin de semana en el poniente de la ciudad. Para ello se habilitó un terreno en el cual se cortaron más de 300 árboles y durante meses se montó ahí una estructura.

A última hora se cambió el lugar del evento y se trasladó a la playa de Copacabana. Debido a las lluvias que ocurrieron durante tres días seguidos y al corte de los árboles –algunos de ellos centenarios–, ese terreno se inundó.

El periódico La Folha de São Paulo informó el domingo 28 que ese terreno era en realidad un área de protección ambiental que después sirvió como relleno sanitario de material hospitalario y de escombros, según una investigación del Ministerio Público.

“Es increíble que las autoridades hayan querido poner al Papa en un relleno sanitario para celebrar una misa. Jamás debería haberse montado aquí la estructura del escenario”, afirmó Christiane Monnerat, encargada de la investigación por parte del MP.

Hasta el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, reconoció la desorganización que prevaleció durante la JMJ: “Si me preguntan una nota para nuestro trabajo de organizadores, estamos más cerca de cero que de diez”, deploró.

No obstante, el funcionario se felicitó por la derrama económica que generó la visita papal: 3 millones de turistas que dejaron mil 800 millones de reales (cerca de 800 millones de dólares), según un estudio de la Facultad de Turismo de la Universidad de Río.

“Si hacemos una comparación con el futbol y la Copa de las Confederaciones del mes pasado, la Jornada Mundial de la Juventud trajo 17 veces más dinero a la ciudad de Río”, argumentó el profesor Osiris Marques, autor del estudio, en entrevista que ofreció a Globo.

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