Safari por Tepito

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- ¨Tepito existe porque resiste¨, así lo grita un graffiti en una barda en el corazón del Barrio Bravo.

Para ir de Safari a Tepito se requiere un fusil cargado de sensibilidad social y capacidad de asombro, se deben llevar todos los sentidos alerta, andar a las vivas.

Un desfile de personajes brotan a cada paso; como el vendedor de cervezas que las lleva en un carrito de supermercado voceando: ¨Ahí está la cerveza, para que no se vaya con la boca seca… Ahí tenemos los huevos de caguama para que no le falten en la cama…¨

Desde hace 15 años, Alfonso Hernández, encargado del Centro de Estudios Tepiteños de la Ciudad de México (CETCM) ofrece a propios y extraños -previa cita- la posibilidad de empolvarse los zapatos recorriendo las transitadas calles de este barrio único, bajo lo que el denomina Safari Cultural por Tepito.

El costo es de 100 pesos por persona, los grupos no deben superar más de 20 participantes por viaje. Estos recorridos se hacen por las mañanas y duran aproximadamente 3 horas, siempre bajo el ojo vigilante y la custodia de su anfitrión.

Para un safari se requieren turistas, de los que ven lo propio como extraño, que se asombran de su propia ignorancia. Tepito ofrece como opción de turismo underground una gama de situaciones que van desde conocer peculiares vendedores, repasar la lista de ilustres habitantes, revisar episodios históricos, pasar por el asombro gastronómico, así como la posibilidad de caminar por las calles más cabronas del barrio.

Estos safaris culturales son de la curiosidad, incluso, de los extranjeros, quienes se acercan al CETCM a través de su pagina web, así como por recomendaciones.

Los interesados buscan vivir una opción de viaje de riesgo -controlado- para poder tener la experiencia de haber estado en uno de los barrios más temidos de la ciudad. Allí explotarán su curiosidad, su morbo hacía la miseria como un itinerario de viaje. 

Un caso similar se da en Brasil, donde existe la posibilidad de visitar algunas favelas cercanas a las elitistas playas de Rio, por su puesto, barrios ya bajo el control de la policía. 

No es así el caso de Tepito, donde las autoridades de la capital no han podido tener control de la violencia desbordada en esas calles y mucho menos reconocer la instalación del crimen organizado en la zona.

El también académico denuncia que ¨Tepito esta siendo dejado por las autoridades federales y locales a su suerte para criminalizarlo, para que se reduzca su calidad de vida, para que se desdibuje su tejido social¨.

Este cronista del barrio, explica a sus aventureros que cuestionan la piratería, que ¨políticamente es un amortiguador social, que no se inventó en Tepito, sino que su existencia responde a otros intereses¨.
 
La experiencia de vagar y observar la vida en este lugar, busca desterrar del desprestigio a Tepito, de superar los miedos y tirar los mitos de quienes toman el riesgo. Como arqueólogos sociales, quienes se adentren en la jungla de mercancías chinas, encontrarán a su paso la historia viva de un pueblo en resistencia, que cincelan su dignidad con el trabajo diario.

Hernández, quien se auto denomina, hojalatero social, comenta que la Universidad Iberoamericana, quien se interesó en realizar esta práctica de visita con sus alumnos, tuvo que superar que los papás de los jóvenes, querían un seguro de vida para los chavos, ya que iban a viajar en Metro e ir a Tepito.

La vista incluye recorrer el mercado de comercio informal, el altar de la Santa Muerte, ubicado en la calle de Alfarería número 12, el altar y Mural de los Ausentes, en la calle de Mineros esquina Carpintería, donde están escritos en una cruz los nombres de los residentes ejecutados en esta colonia, justo a una cuadra donde el pasado 7 de junio asesinaron dentro del gimnasio Body Extreme a cuatro individuos.

 El anfitrión responde a discreción, casi evitando profundizar la respuesta, cuando se le pregunta sobre las vecindades hechas bodegas de narcóticos. El narcotráfico no es tema en el recorrido.

Es obligado un alto, para una experiencia gastronómica peculiar; una fonda de migas -alimento hecho a base de hueso de cerdo en caldo con especies y pan- un platillo típico de las épocas de escasez de alimentos. El local luce abarrotado a todas horas.

Tepito es un laboratorios social, donde convergen y conviven: mafias y ejércitos de gente que trabaja duro hasta que se hace obscuro, levantones del crimen organizado y organizaciones culturales en resistencia que buscan reivindicar la esencia de este antiguo barrio ubicado en la delegación Cuahutémoc.

A pesar de que el pasado mayo desaparecieron 12 jóvenes de Tepito, que supuestamente distribuían drogas en un bar de la Zona Rosa, los visitantes y compradores regulares no han disminuido su afluencia, las calles continúan llenas de gente buscando y comparando al mejor precio las mercancías. 

La imagen de barrio más peligroso de la urbe no parece inhibir la intención de visita de quienes con regularidad arriban a estas calles a realizar sus compras o negocios. Quien se arriesga a visitar Tepito asume sus mitos y realidades. Su mezcla de trabajo, violencia, creatividad, narcomenudeo, albures, delincuencia…

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