Familias católicas de comunidad chiapaneca buscan huir por amenazas de evangélicos

TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis., (apro).- Alrededor de 32 familias indígenas católicas del ejido Puebla, municipio de Chenalhó, pidieron ayuda a organizaciones no gubernamentales (ONG) para abandonar su comunidad, debido a las amenazas recibidas por parte de las autoridades ejidales y la población evangélica de la etnia tzotzil.

Un grupo de 12 familias que logró salir del ejido arribó esta tarde a San Cristóbal de Las Casas, donde explicaron que el conflicto se originó por la disputa del terreno donde se ubica la Iglesia católica.

Explicaron que el primer incidente se dio a mediados de julio pasado, cuando ocho personas fueron expulsadas del poblado bajo el argumento de que habían violado los acuerdos comunitarios al no “pedir permiso” para remodelar el templo católico, según el cura presbiteriano Agustín Cruz Gómez, quien además funge como comisariado ejidal.

El pasado lunes 19, los ocho expulsados intentaron retornar, pero los evangélicos les impidieron el paso a la comunidad.

“Las familias reunidas en la ermita católica para esperar a los que retornaban informaron vía telefónica que el grupo de evangélicos comenzó a rodearlos y a quitar las mallas de protección que rodean el templo, presionando con entrar y amenazando con rociarlos de gasolina. A las 18:45 horas nos confirmaron que habían quemado la casa comunitaria usada como cocina”, informó ese día el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba).

Dos días después los evangélicos retuvieron durante varias horas al párroco de Chenalhó, Manuel Pérez Gómez, a quien encerraron en una letrina y también amenazaron con rociarle gasolina y lincharlo. A solicitud de la Diócesis de San Cristóbal, operadores del gobierno estatal intervinieron para que el sacerdote fuera liberado.

Esta mañana, las 32 familias católicas que aún se encuentran en el ejido Puebla solicitaron ayuda a diversas ONG, al Frayba, a la Diócesis y al gobierno estatal para salir del lugar.

Vía telefónica explicaron que desean abandonar el sitio porque consideran que su vida está en riesgo, ante la amenaza de linchamiento por parte de los evangélicos.

A las 14:00 horas, autoridades del gobierno estatal, encabezadas por el secretario de Gobierno, Eduardo Ramírez Aguilar, sostuvieron una reunión con el obispo Enrique Díaz, el presidente del Frayba, Víctor Hugo López, y representantes del poblado Chenalhó,  para llegar a acuerdos que permitan la permanencia en el poblado de las 32 familias amenazadas, siempre y cuando haya condiciones.

De acuerdo con representantes de ONG que acudieron al llamado de las familias, 12 de ellas ya lograron salir de la comunidad.

“Están saliendo desplazados por temor a su vida. Salen caminando de sus casas rumbo a una comunidad vecina. Denuncian que el gobierno no está haciendo nada por evitar el desplazamiento ni por garantizar su integridad física”, subrayaron.

El presidente del Frayba detalló que las familias amenazadas solicitaron desde hace varios días al gobierno estatal garantías y condiciones de seguridad para vivir en paz. “Nosotros vemos que esto no se ha logrado, porque los evangélicos no permiten siquiera que un destacamento policiaco se instale cerca del poblado, y tienen a las familias como rehenes, a quienes amenazas con quemar sus casas y a ellos mismos si se acerca la policía”.

Añadió:

“Nosotros lo que estamos pidiendo es que el gobierno busque la forma de dar seguridad a las familias católicas para que no tengan que abandonar la comunidad. Vemos el riesgo de que si son desplazadas ya no pueden regresar, como ha sucedido en otros casos, como el de Venustiano Carranza”.

Por separado, los indígenas evangélicos acusaron que 86 de sus miembros fueron envenenados “por católicos ortodoxos de la organización las Abejas y bases de apoyo zapatistas”, y ese fue el motivo por el que –apuntaron– detuvieron a los ochos responsables del grupo de los católicos.

“Nadie los golpeó ni maltrató, a pesar del enojo, y los entregamos a la autoridad. En ese momento se burlaban de nosotros, asegurándonos que saldrían libres y vendrían a colgarnos de los pies, los consignamos y fuimos a declarar”, puntualizaron.

Según dijeron, el agente del Ministerio Público siempre los trató de manera muy displicente, les hizo regresar durante cinco días seguidos a firmar y ratificar declaraciones, sin considerar que son más de 80 kilómetros de distancia de su comunidad a la ciudad.

“Somos pobres y además débiles por el envenenamiento; aun así cumplimos todo lo que nos pidió (el MP) y ellos fueron liberados y pretendieron regresar impunes a nuestra comunidad, algo que no permitimos”, dijeron.

Los evangélicos, quienes conformaron el Comité por la Paz, Reconciliación y Reconstrucción de Chenalhó, subrayaron: “Los rumores en nuestra comunidad siguen, nos dicen que ellos ya pusieron demanda contra el comisariado y que a él sí lo llevaran a la cárcel y que vendrán con los milicianos zapatistas a quemar nuestro poblado. Están generando la desconfianza, el miedo y el coraje, la histeria colectiva. Aún no llega seguridad pública, aunque solicitamos que hubiera un campamento de disuasión. Nuestra clínica sigue sin médicos y no percibimos ninguna solución a nuestros problemas”.

 

Párroco narra suplicio

El párroco de San Pedro Chenalhó, Manuel Pérez Gómez, dice que el pasado miércoles 21 tomó la iniciativa de ir a la comunidad de Puebla con la intención de dialogar y visitar a los fieles católicos, pero el grupo de indígenas presbiterianos lo detuvo, supuestamente porque no pidió permiso o no avisó antes de entrar a la comunidad.

“Entendemos que había una minuta de trabajo y que se había dicho que era libre tránsito, por eso dijimos: vamos directamente allá a ver a los hermanos, pero como están tan molestos por la situación, como no se ha llegado a ningún acuerdo, entonces nos agarran, primero al delegado de gobierno, luego al operador. Eso fue al siguiente día de la caravana, eso fue consecuencia de ambas cosas”, puntualiza el cura, también de la etnia tzotzil.

Los evangélicos, explica, lo agarraron cerca del templo católico, lo llevaron a un salón y luego lo metieron a una letrina pestilente donde permaneció alrededor de cinco horas. Recuerda que le llegaban a decir que él había envenenado el agua y que era su culpa porque se ha dedicado a “instruir” a los católicos.

“Esa no es nuestra misión, el pastor no es para instruir a cosas negativas, sino predicar el evangelio”, les dijo.

El párroco de Chenalhó asegura que “está muy grave la situación, muy tensa”. Si no se hace nada o el gobierno no actúa, dice, se puede llegar a algo más fuerte de lo que él vivió con las autoridades ejidales, quienes le prohibieron denunciar e incluso hablar con los medios.

“Me estaban diciendo que yo los entregara el terreno, pero les dije que no estaba en mis manos entregar estos bienes. El temor siempre ha estado y existirá, mientras no se arregle esto. Venimos con el propósito de que se pudiera hacer algo, llegar a un posible acuerdo”, explica el sacerdote de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas.

Asimismo, recuerda que una primera caravana, el pasado martes 20, no pudo entrar a Puebla con los desplazados que pretendieron retornar, y que él mismo iba en esa multitud, pero un grupo de jóvenes les impidió el paso.

“Nos dijeron que no podíamos pasar, incluso los policías se adelantaron, autoridades estatales, municipales, iba el síndico, pero no pudimos entrar”, concluye.

 

Load More