Al-Shabab, la amenaza creciente

El sangriento y prolongado ataque a un centro comercial de la capital de Kenia el sábado 21 cumplió su cometido: tuvo en vilo a la opinión pública mundial y demostró que la zona del Cuerno de África sigue siendo un polvorín… pero también evidenció la ingenuidad de los gobiernos de la región y sus aliados (entre ellos, Estados Unidos), quienes consideraban casi acabado al grupo islamista somalí Al-Shabab. Sin embargo, expertos de la ONU habían emitido en julio pasado un amplio informe donde hablaban de la fuerza y organización que aún tienen estos yihadistas y hasta advertían de posibles atentados en Nairobi.

PARÍS.- Misión cumplida para los combatientes del grupo islamista somalí Harakat al-Shabab al-Muyahidin: su mortífero asalto del sábado 21 al centro comercial Westgate en Nairobi aterrorizó a esta ciudad, capital de Kenia, captó la atención mundial y lanzó un nuevo desafío a la comunidad internacional. El saldo: 61 muertos (según Uhuru Kenyatta, presidente de Kenia), 60 desaparecidos (de acuerdo con la Cruz Roja) y un número aún indeterminado de heridos.

El balance político es inquietante: durante casi cuatro días los yihadistas desafiaron a las fuerzas kenianas asesoradas por agentes especiales israelíes y subrayaron una vez más la peligrosa fragilidad de los países del Cuerno de África.

Y siguen las amenazas. En un comunicado enviado a la Agencia France-Presse el martes 24, Ahmed Godane, líder de Al-Shabab, advirtió a Kenyatta: “Retire sus tropas de los Estados islámicos o prepárese para nuevos baños de sangre en su tierra”.

Numerosos especialistas occidentales pecaron de optimistas al considerar que las intervenciones sucesivas de tropas de Etiopía, Uganda, Burundi y Kenia –desplegadas en la Misión de la Unión Africana en Somalia (Amisom, por su acrónimo inglés)– con el apoyo de Estados Unidos y Europa, habían logrado neutralizar a Harakat al-Shabab.

Mucho más cautelosos se mostraron los expertos del Grupo de Monitoreo para Somalia y Eritrea de la ONU en el informe de 500 páginas que entregaron desde el pasado 25 de julio al Consejo de Seguridad.

Este trabajo abarca los principales problemas de Somalia: corrupción, piratería, violación del embargo internacional sobre las armas y prohibición de venta de carbón de madera, violación de los derechos humanos, desvío de la ayuda humanitaria, reclutamiento forzado de menores, enfrentamientos entre milicias de diversos clanes… y la lista está lejos de ser exhaustiva.

Basado en Nairobi, el Grupo de Monitoreo estuvo integrado por ocho expertos que trabajaron en 21 países: Somalia misma –salvo el sur, dominado por Al-Shabab– y sus naciones limítrofes, varios de Europa y en Estados Unidos. Entre otras fuentes tuvieron acceso a documentos de diversos servicios secretos, se entrevistaron con un amplio abanico de testigos somalíes y kenianos –combatientes, excombatientes, presos o arrepentidos– y revisaron las comunicaciones electrónicas del grupo.

Varios capítulos del informe tratan del origen y métodos de acción de Harakat al-Shabab, organización a la cual consideran “la mayor amenaza para la paz, la seguridad y la estabilidad de Somalia”, y también “una grave amenaza regional e internacional”.

En la introducción del documento los expertos de la ONU afirmaron que el hecho de que el ejército somalí y las tropas de la Amisom hayan expulsado a Harakat al-Shabab de Mogadiscio (la capital) y de las principales ciudades del país no es garantía de paz y seguridad.

Enfatizaron: “Harakat al-Shabab al-Muyahidin, la cual sigue controlando buena parte del sur y del centro de Somalia, cambió de estrategia: opta ahora por combates asimétricos tanto en las ciudades como en las zonas rurales. Es muy probable que la potencia militar de Al-Shabab, con alrededor de 5 mil combatientes, siga intacta tanto a nivel de la cadena de mando y de la planificación de los operativos como a nivel de la disciplina y de estructuras de comunicación. Al evitar enfrentamientos directos, el grupo islamista logró preservar lo esencial de sus fuerzas y de sus recursos militares”.

Luego advirtieron que los yihadistas planeaban explotar sus lazos con grupos afines de Kenia y Tanzania para lanzar operativos fuera de Somalia. Y señalaron repetidas veces a Kenia –especialmente Nairobi y sobre todo el centro comercial Westgate– como uno de los blancos más probables de futuros ataques.

 

Repudio a la transición

 

Como acotaron los expertos de la ONU, Al-Shabab fue fundado por exmiembros de Al-Ittihad al-Islami, brazo armado de las Cortes Islámicas, los tribunales que dominaron Somalia a partir de 2000 e impusieron la sharia (ley islámica) en Mogadiscio hasta 2006, cuando fueron derrotados por el ejército etiope apoyado por Estados Unidos.

Los combatientes de la línea dura de Al-Ittihad al-Islami no aceptaron esa derrota ni la decisión de las Cortes Islámicas de participar en un gobierno federal de transición. Empezaron a desarrollarse de manera autónoma con el nombre de Harakat al-Shabab al-Muyahidin.

A partir de 2009 el principal blanco de sus operativos fue el gobierno federal, formado bajo presión internacional y al cual calificaba de apóstata. Los yihadistas no tardaron en controlar las dos terceras partes de Somalia, mientras la soberanía gubernamental sólo podía ejercerse en algunos barrios de Mogadiscio.

La Amisom –integrada en principio por soldados de Uganda y Burundi– aprovechó las divisiones internas de Al-Shabab para volver a ganar terreno. La reacción de los yihadistas no se hizo esperar: en julio de 2010, ataques con bombas destrozaron dos restaurantes de Kampala, capital ugandesa, con saldo de 74 muertos.

La Unión Africana reforzó la Amisom con otros 2 mil soldados. En 2011 Al-Shabab fue expulsada de Mogadiscio. En agosto de 2012 perdió el control de la ciudad de Baidoa y un mes más tarde las tropas kenianas incorporadas a la Amisom la sacaron del puerto de Kismayo. La organización islamista esperó un año antes de tomar represalias contra Nairobi.

El Grupo de Monitoreo de la ONU observó con prudencia las victorias de la Amisom y señaló datos preocupantes: el 11 de junio de 2012 los yihadistas volvieron a tomar la ciudad de El Bur, en la región sudoriental de Galguduud, y el pasado 17 de marzo recuperaron Hudur, en la región de Bakool, tras la salida de las tropas etiopes que la controlaban.

Los expertos se mostraron impresionados por el nivel de organización alcanzado por Al-Shabab, sobre todo en los últimos dos años: “Su estructura se caracteriza por una complejidad idiosincrática que constituye seguramente su mayor fuerza y explica en gran parte por qué Ahmed Godane, su líder, logra mantenerse en el poder. Esa complejidad es tal que resulta difícil saber a ciencia cierta cómo funciona el proceso de toma de decisiones”.

Agregaron: “Harakat al-Shabab tiene la habilidad de llevar a la vez operativos a escalas local y nacional al tiempo que pertenece a organizaciones yihadistas con objetivos regionales”.

Y se preguntaron sobre la naturaleza exacta de sus relaciones con Al-Qaeda: “Es difícil saber si la fusión con Al-Qaeda, que se dio el 9 de febrero de 2012, tiene sólo una incidencia simbólica sobre la organización o si le permite consolidar sus competencias técnicas y aumentar sus recursos”.

 

El “Amniyat”

 

Según los expertos de la ONU, Al-Shabab consta de tres instancias: una organización militar, un consejo llamado Shurma y un núcleo ultrasecreto, el Amniyat.

El aparato militar está dotado de un alto mando centralizado, pero tiene también la capacidad de llevar múltiples operativos de manera descentralizada. Cuenta con una estructura oficial, con comandantes que se asumen públicamente como tales, y una operacional mucho más flexible y menos visible, sin llegar a ser totalmente clandestina.

Las unidades militares de base están integradas por grupos de entre 20 y 30 combatientes, generalmente armados con fusiles Kalashnikov y granadas de mano. Sus principales actividades son el kamiinah (acciones de guerrilla) y el jukta culus (ataques relámpago).

Recalcaron los investigadores de la ONU: “Su meta actual no es conquistar terreno, sino hostigar sin descanso a las tropas somalíes y a las fuerzas de la Amisom para obligarlas a dispersarse. Esa estrategia tiene un fuerte impacto psicológico en el país, porque crean la ilusión de que Al-Shabab es omnipresente”.

La Shura es una asamblea en la cual participan los altos mandos y líderes regionales de la organización. Es la única instancia democrática del grupo. En 2010 las críticas a la línea de acción impuesta por Godane fueron tan duras que éste optó por dejar de convocarla. Según documentos internos de Al-Shabab citados en el informe de los expertos de la ONU, la pugna interna para devolver el poder de decisión a la Shura va en aumento.

El Amniyat es sin duda el centro neurálgico de Al-Shabab. El órgano clandestino de la organización es totalmente autónomo y lo dirige con mano de hierro el propio Godane. Es a la vez policía secreta responsable de todas las misiones de contrainteligencia, órgano de control político y conjunto de unidades especiales.

Cuenta con un comando central, mandos regionales, unidades responsables de las finanzas y del apoyo logístico, unidades de inteligencia, escuadrones dedicados a ataques con granadas y asesinatos y otros para atentados suicidas.

Los yihadistas de Amniyat constituyen el cuerpo de élite de Al-Shabab, cobran salarios de entre 300 y 400 dólares y todos sus gastos son asumidos por la organización. Actúan esencialmente en Mogadiscio. No pasa un semana sin que perpetren ejecuciones o ataques con granadas.

El servicio de inteligencia de Amniyat y su unidades de choque son muy eficaces. Prueba de ello es el atentado del pasado 5 de mayo contra un convoy oficial sumamente protegido en el cual viajaban altos oficiales de seguridad de Qatar. Las autoridades somalíes incluso interrumpieron el tránsito tres días en el corazón de Mogadiscio para que los qataríes transitaran sin problemas. Fue en vano.

El asalto al centro comercial Westgate en Nairobi, muy bien coordinado, es otro ejemplo del creciente “profesionalismo” de los terroristas.

Gracias a confidencias de excombatientes de Amniyat, el Grupo de Monitoreo de la ONU descubrió los modus operandi de las distintas unidades. Supo, entre otras cosas, que las primeras misiones de los nuevos reclutas de la organización secreta son labores de inteligencia. Les toca permanecer al lado de los yihadistas extranjeros y espiarlos. El temor a las infiltraciones tensa a menudo las relaciones entre combatientes somalíes y extranjeros.

El informe no alude a la presencia en territorio somalí o keniano de la británica Samantha Lewthwaite, La Viuda Blanca. El esposo de esta mujer de 29 años fue uno de los kamikazes que perpetraron los atentados de Londres en 2005. Se sospecha de su participación en el asalto al centro comercial Westgate.

En cambio cita un documento de “servicios de inteligencia militar” –no precisa de qué país– que menciona la presencia en la organización de alrededor de 300 extranjeros oriundos esencialmente de Yemen, Sudán y Kenia. Esa cifra no abarca a los combatientes que tienen doble nacionalidad: la somalí y la de algún otro país, incluso de Estados Unidos o naciones europeas.

Los extranjeros participan en las acciones militares, pero también fabrican “artefactos explosivos improvisados”, capacitan a reclutas, son muy activos en los servicios médicos y de comunicación. Se desempeñan cada vez más como tiradores de élite.

La presencia de extranjeros en Somalia no es reciente, se remonta a los noventa. El fenómeno nuevo es la presencia de yihadistas occidentales.

Al-Shabab tiene 20 campos de entrenamiento en Somalia y dos “escuelas para atentados suicidas”, una cerca del puerto de Barawe y otra en la región de Galguduud. Los yihadistas cambian de lugar estos campos con frecuencia por razones de seguridad y también para acercarse a sus distintas áreas de reclutamiento.

Explica el Grupo de Monitoreo: “Miembros carismáticos de la Shura, como Fu’ad Shongole, Ali Dhere y Mukhtar Robow, juegan un papel importante en ese proceso de reclutamiento porque pertenecen a los tres clanes más poderosos de Somalia. Se reúnen a menudo con los altos mandos regionales y locales de Al-Shabab y consejos de ancianos de distintos clanes a quienes ofrecen ‘incentivos económicos’ para que movilicen a los jóvenes y niños que están bajo su autoridad”.

Los investigadores afirman que recientemente Fu’ad Shongole ofreció mil 800 dólares a un jefe de clan a cambio de 150 adolescentes de la región del Bajo Shabelle, en el sur de Somalia. Los comandos de Al-Shabab suelen también secuestrar a jóvenes y niños en la zonas que les son hostiles.

Después de un acuerdo entre Godane y Aymán al-Zawahiri, actual líder de Al-Qaeda –no se precisa la fecha de ese pacto– los campos de entrenamiento de Somalia empezaron a aceptar a yihadistas africanos que no pueden ir a capacitarse hasta Afganistán.

Mientras dominó Somalia en la primera década del siglo XXI, Al-Shabab se dotó de un importante arsenal de armas pesadas, las cuales no usa actualmente contra las fuerzas de la Amisom. La organización optó por esconderlas en varias zonas de difícil acceso del país y desató una guerra de guerrillas contra la fuerza internacional y el ejército somalí.

En los últimos meses los yihadistas diversificaron sus importaciones de armas: compran explosivos y material sofisticado para fabricar bombas, grandes cantidades de granadas de mano, chalecos para comandos suicidas y proyectiles de mortero para atacar vehículos armados.

 

Infraestructura

 

Al-Shabab controla una compleja red de rutas de abastecimiento de material bélico, que parten del norte del país para ramificarse en el sur. Estas redes abarcan también varios puertos y hasta “puertos naturales”, es decir pequeñas playas de difícil acceso en zonas del sureste del país o en la nororiental costa de Bari.

Cuenta con distintas fuentes para financiar estas compras de armas. De una forma u otra se beneficia de los tráficos ilegales que pululan en Somalia: Está directamente implicado en la muy jugosa exportación ilegal de carbón de madera y asociado con actos de piratería contra buques internacionales, con la pesca ilegal o el tráfico de seres humanos, para citar sólo algunas de sus actividades criminales.

Recibe también apoyo económico de la diáspora somalí, en particular de hombres de negocios que viven en países limítrofes o en la misma Somalia. Los investigadores de la ONU afirman que Al-Shabab dista de estar aislado en su propio país. Por el contrario, cuenta con el apoyo de gran parte del sector empresarial, el cual pudo volver a desarrollar sus negocios cuando los yihadistas tenían bajo su control a la nación.

La estrategia mediática de Harakat al-Shabab al-Muyahidin está bastante desarrollada, constató el Grupo de Monitoreo de la ONU, el cual, sin embarg,o no pudo saber quién la coordina:

“Tiene dos estaciones radiales, Al-Andalus y Alfurqaan, con sus respectivas páginas web; otras tres páginas en internet: Amiir Nuur, Somali Midnimo y Somali Memo, las cuales funcionan como diarios electrónicos, y una cuarta, Shahada News Agency, que se presenta como agencia noticiosa. También cuenta con un productor de contenido multimedia. Esa infraestructura de comunicación le permite difundir su propaganda y sus informaciones en todo el país.”

Los investigadores destacaron un dato: “Según un sondeo de opinión realizado en Mogadiscio en diciembre de 2012 por el Equipo de Apoyo a la Información de la Unión Africana, 56% de los somalíes entrevistados afirman escuchar por lo menos una vez al día los programas de Radio Al-Andalus. El hecho tiende a demostrar que Al-Shabab sigue gozando de un fuerte apoyo en las áreas controladas por el gobierno somalí”.

Lleva también una activa política de comunicación internacional a través de la Fundación Al-Kataib, conocida como Cadena Noticiosa al-Kataib, que produce videos de propaganda de la organización y administra una cuenta en Twitter @HSMPress. Los expertos mencionan una lista más larga de cuentas en Twitter ligadas con Al-Shabab.

A diferencia de otros grupos yihadistas de Siria, Afganistán o Irak –los cuales se complacen en divulgar escenas de ataques sangrientos, matanzas y ejecuciones– los medios electrónicos de Al-Shabab no reportan las actividades militares de la organización. Gran parte de su propaganda internacional busca despertar vocaciones yihadistas, en particular entre “los millones de musulmanes de África Oriental”.

Según un desertor del Amniyat, es un somalí de origen estadunidense, apodado Al-Afgani, quien redacta los discursos de Ali Dehre, uno de los líderes de Al-Shabab, y los comunicados de prensa de la organización y quien se encarga de tomar fotos de propaganda de los yihadistas.

Igual que otros miembros del equipo de producción y difusión de videos, Al-Afgani habla perfectamente inglés. O hablaba, pues fuentes del mismo Al-Shabab afirman que fue ejecutado por sus compañeros a finales del pasado junio.

Recalcaron los expertos de la ONU: “Desde hace un año el blanco de la comunicación internacional de Al-Shabab es sobre todo Kenia. Difunden numerosos videos en swahili: retratos de muyahidines kenianos y llamados a la umma (comunidad de creyentes del islam), instándola a lanzar la yihad contra las fuerzas políticas y militares de su país”.

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