“La Quina”: su poder no admitía límites*

Ciudad Madero.- Era, ante todo, un hombre del sistema. Conocía sus reglas y sus secretos. Sabía hacer alianzas, negociar, imponer. Respaldado desde las cúspides del poder nacional–sindicato político–hizo suyo no solamente el sindicato petrolero sino toda una región del país, el sur de Tamaulipas. Este era su feudo. De Villa Aldama para abajo, él mandaba, él decidía, él otorgaba.

El cacicazgo de Joaquín Hernández Galicia desbordaba en efecto el control petrolero, eje de su poderío.

Mero apéndice de su imperio era el PRI, sus empleados los dirigentes locales y estatales del partido. Lo eran también los presidentes municipales de Ciudad Madero, Tampico, Aldama y Altamira. El nombraba jefes policiacos, jueces, agentes del Ministerio Público. Imponía dirigentes obreros y campesinos. Controlaba medios de comunicación, la Universidad, el Tecnológico. Construía caminos, entregaba placas de taxi, pavimentaba calles, financiaba siembra, otorgaba préstamos, castigaba indisciplinas, repartía contratos y canonjías, ayudaba a desvalidos, perdonaba deudas, mandaba golpear disidentes, aprobaba–y condicionaba–gobernadores del estado. Tenía incondicionales suyos en el Congreso local. Designaba diputados federales. Daba órdenes a delegados de dependencias del gobierno federal. Ayudaba económica o políticamente a sindicatos. Edificaba casas. Apoyaba obras pías. Designaba directores de escuelas. Aplastaba enemigos.

Suyo era el poder.

Por eso, desmantelar al quinismo significa destruir estructuras políticas, económicas y sociales de la región e inclusive del estado. Son muchos, demasiados los políticos, funcionarios, dirigentes sindicales, empresarios colonos, campesinos que deben a él su cargo, su prebenda, su riqueza.

También por eso fueron miles las personas –petroleros, colonos, campesinos, estudiantes, empleados, amas de casa– que se mantuvieron día y noche en plantón, durante ocho días, en demanda de su liberación, en la plaza principal de esta población.

Era un cacique terrible; pero también un cacique dadivoso, generoso, comprensivo. A él atribuyen los maderenses el progreso de su ciudad, antes un poblado abandonado de calles de tierra.

De su voluntad y su poder dependían millares de empleos. El director de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) en Tampico, René Guzmán García, calculó que 30% de los trabajadores inscritos en el Seguro Social en la región son empleados de empresas privadas vinculadas al sindicato petrolero.

Sin Don Joaquín, y sin los contratos que él distribuía, esas empresas quedan al garete. Con ellas, sus trabajadores.

Director de Obras Sociales Revolucionarias del sindicato petrolero, Hernández Galicia dio sustento a su imperio con 72 granjas agrícolas por él creadas, con más de 30,000 hectáreas, y 15 tiendas de consumo que venden productos básicos a precios inferiores a los del comercio privado y a las cuales tiene acceso toda la población, sea o no petrolera. La sección Uno del STPRM, gobernada por el Grupo Unificador Revolucionario Nacionalista y Humanista (GURNH) desde hace tres décadas, y la Sociedad Civil (antes Comisión de Contratos), fueron los otros dos pilares del cacicazgo quinista, hoy en desgracia.

 

LOS HOMBRES DE JOAQUIN

 

Ciudad Madero no sería posible sin la Sección Uno y el todopoderoso GURNH gobernado por La Quina. Además de las granjas agrícolas y las tiendas de consumo, el sindicato tiene fábricas de ropa y de jabón, gasolinerías, funerarias, clínicas dentales, cines, tiendas de materiales para construcción, talleres mecánicos, refaccionarias, balneario, hotel y un “hospital vegetariano”, con restaurante.

Juan José García Rodríguez es el hombre que Hernández Galicia designó como secretario general de la Sección Uno. El GURNH está encabezado por los quinistas Alejandro Posadas y Jaime Dolores.

Hombres de don Joaquín eran el delegado de Tránsito en Madero, Nicolás Pérez Segura; el jefe de la Policía Judicial en Madero, Pedro Guerrero; el jefe de Tránsito en Tampico, Manuel Sánchez Rocha; el jefe de la Judicial del Estado en Tampico, Domingo Serna Domínguez; el agente del Ministerio Público del Fuero Común en Madero, Horacio Cuervo Olguín, todos ellos removidos de sus cargos dos días después de la captura de su jefe.

En el Ministerio Público Federal, con residencia en Tampico, tenía Hernández Galicia a Roberto García Aguirre.

Un reconocido quinista es Joaquín Contreras Cantú, actual delegado del Departamento del Distrito Federal en la delegación Benito Juárez, de la capital del país. Contreras Cantú fue presidente municipal de Tampico, secretario general del gobierno, presidente estatal del PRI, diputado federal. Un hombre clave en el imperio.

Otro es Raymundo Vázquez Pecina, dirigente municipal del PRI en Tampico. Es también director de Revolución Urbana Tampiqueña (RUTA), organismo a través del cual La Quina controlaba las colonias populares del puerto.

Eduardo Garza Rivas, exrector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y cuñado de Contreras Cantú, servía a Joaquín como presidente del Consejo Consultivo de Seguridad Pública en el Estado. Otro quinista es Eduardo Meza Leija, asesor del Ayuntamiento de Tampico.

Destacado colaborador de La Quina, Alvaro Garza Cantú, propietario del hotel Posada Tampico, debe a Hernández Galicia la diputación federal que ocupa. Leonel Garza Cantú, dueño de Astilleros del Golfo, era otro de sus incondicionales.

Hernández Galicia controlaba la Junta Especial número 39 de Conciliación y Arbitraje a través de su presidente , Enrique Durán Cruces, y del representante obrero Eusebio García.

La CTM local, con Diego Navarro al frente de la Federación de Trabajadores de Tamaulipas; la delegación federal de Comercio, con Esteban Castillo –protegido de Contreras Cantú– eran parte del imperio quinista.

En el Congreso del Estado, donde hay 20 diputados, La Quina Tenía como incondicionales a María de la Luz Puente, La Pantera Rosa, dirigente de colonos, y a Raúl Mandujano, secretario general del miembro de albañiles. También eran gente suya Rigoberto de la Viña, petrolero, y hasta Bruno Alvarez, diputado local por el PARM.

Para la construcción de casas, Don Joaquín tenía a Carlos Eduardo López Torres, un abogado metido a “constructor”.

En la CTM estatal, a Diego Navarro y Nicolás Martínez Nieto.

La lista de quienes recibían contratos diversos otorgados por Hernández Galicia –subcontratación de obras y servicios de Pemex– está encabezada por Abel Oceguera, directivo del Grupo Madero, que es propietario de 94 “pipas”. Otros son: Jesús Morán Olguín, Paulino Lomas, Leonel Garza Cantú, Hugo Barba, Julio Dolores y Gabriel Santamaría, dirigente cetemista en Madero.

La Quina impuso como presidente municipal de Tampico a Arturo Rodríguez Gutiérrez, su seguro servidor. Fallecido en agosto pasado, fue sustituido por Nicanor Fernández Cabrera, exvicepresidente nacional de Canacintra, que sin ser quinista, se plegaba también a los designios del jefe.

Luis Muñiz Nájera, dirigente municipal del PAN en Tampico y actual regidor del ayuntamiento, cuenta un episodio que pinta el poderío y la prepotencia de Hernández Galicia.

“Cuando el alcalde Rodríguez Gutiérrez enfermó gravemente, La Quina citó a una reunión del cabildo tampiqueño en su casa de Ciudad Madero, para examinar la situación. Así. Yo, por supuesto me opuse y la reunión se suspendió; pero era común que él se reuniera con el presidente municipal y los regidores priístas, para darles instrucciones.

El PAN presentó una denuncia contra Rodríguez Gutiérrez por un faltante de 3,000 millones de pesos durante su administración municipal. “La Contraloría del estado hizo la investigación; pero hasta ahora no se ha informado de los resultados”, dice Muñiz Nájera.

Cirilo Juárez Saldiorna, presidente municipal de Madero, petrolero, era simple achichincle de Hernández Galicia. Quintín Almazán, alcalde de Altamira, dirigente de la CTM local, mantenía cierta independencia, pero buenas relaciones con don Joaquín. Allá mismo, el hombre de La Quina era Armando Martínez, líder del Comité Regional Campesino (CNC), expresidente municipal.

Durante muchos años, Hernández Galicia mantuvo control total sobre el magisterio a través de Jesús Cervantes, que fue dirigente de la sección 30 del SNTE. En mayo pasado fue sustituido por Rubén Salas Mata.

En la Universidad Autónoma de Tamaulipas, grupos porriles al servicio de La Quina han mantenido férreo y violento control. Juan Manzur, dirigente del Grupo Omega, de la Facultad de Ingeniería, que tiene entre otras empresas una herrería, una purificadora de agua y una constructora, y Juan Manuel Sánchez Guerrero, El Piojo”, del Grupo Guinda de la Facultad de Comercio, eran hombres muy cercanos al “Hermano Mayor”. También tenía alguna relación con él el Grupo Azul, de la Facultad de Derecho, jefaturado por Gastón González Gutiérrez.

Los porros universitarios forman una “plaga bíblica”, según la califica José Ortiz Rosales, dirigente estatal del PMS y actual diputado federal. “Todos ellos eran controlados por Hernández Galicia”, dice.

Entre otras prerrogativas, estos grupos tienen poder de veto sobre los estudiantes que desean ingresar en la Universidad. Para “aprobar” su inscripción, se les obliga a adquirir boletos para los festivales artísticos que los líderes organizan, o a comprar determinada cantidad de libros, en la librería de los propios porros.

Aunque en menor medida, el porrismo ligado a La Quina está también presente en el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, donde hasta hace poco eran frecuentes los enfrentamientos a balazos entre grupos que se disputaban el control estudiantil. El Pato Serna Amor, dirigente de la Alianza Estudiantil Petrolera, era el personero de don Joaquín en ese campus. Otros grupos controlados, apoyados económicamente por la sección Uno del STPRP, eran el Tenacidad, el Gris y el Dorado. Una enorme manta de este último fue colocada en la fachada del local sindical de la sección Uno, durante las protestas por la detención de Hernández Galicia.

A través de la CTM en Tampico y Madero, el cacique petrolero mantenía también el control de los choferes de autos de alquiler, unos 20,000 en la zona conurbana. La Quina, gracias a sus influencias en el gobierno del estado, era el que manejaba y distribuía las placas de los taxis “ruteros”, de los que hay más de 12,000.

 

TRAICION Y CAIDA

 

Aunque con menor contundencia, el imperio quinista tenía extensiones en otras zonas de Tamaulipas, particularmente en Reynosa y Nuevo Laredo, y en Caderyta, Nuevo León, donde logró que los trabajadores de la refinería local pertenezcan a la sección Uno.

Sus hombres en Reynosa son obviamente los dirigentes petroleros de la sección 36, encabezados por Tomás Cano Charles, Chito; pero también tenía evidente influencia sobre el alcalde Ernesto Gómez Lira y estrechas ligas con Reynaldo Garza Cantú, líder de la CTM y dueño del periódico La Prensa. Eran también públicamente conocidas las ligas de La Quina con José Cruz Contreras, el gran cacique de Reynosa, a quien se ha involucrado en la presunta introducción ilegal de las armas encontradas, según la PGR, en la casa de Hernández Galicia.

Para los quinistas de Madero, que en un momento dado parecieron ser la mayoría de la población, la detención de Hernández Galicia obedece a una traición del presidente Carlos Salinas de Gortari. Don Joaquín, dicen, le dio su apoyo. Ahora le voltea la espalda.

Lo cierto es que lo ocurrido el 10 de enero aquí constituyó una sorpresa mayúscula, que literalmente conmocionó a esta población y al vecino Tampico.

Allegados a La Quina aseguran que el líder se mostró complacido, y hasta entusiasta, luego de su entrevista con Salinas de Gortari, en Palacio Nacional, el 3 de enero, apenas ocho días antes de la hecatombe.

En vísperas de su caída, el domingo 8 de enero, Hernández Galicia encabezó una multitudinaria asamblea de la sección Uno en el Centro de Convenciones del sindicato, conocido aquí como “Quinadome”. Ahí reiteró la advertencia que había hecho al salir de su saludo a Salinas de Gortari, en el sentido de que no permitiría que un solo milímetro de la industria petrolera se entregara a los particulares. “Iremos a la huelgas si se intenta entregar a la iniciativa privada nacional o extranjera los recursos de la nación”, advirtió.

Su fogoso discurso, preñado del tono paternalista que siempre lo caracterizó, vino a ser a la postre una suerte de “testamento”:

“Cuiden su trabajo –dijo a los petroleros–; sigan el ejemplo de sus padres, sean leales con ellos y no los abandonen. La gratitud es bello atributo y la lealtad, la defensa de la rectitud y de la honestidad…”

Insistió luego en la denuncia contra Mario Ramón Beteta, sobre la que aseguró tener “pruebas contundentes” acerca del alquiler fraudulento de barcos petroleros. Dijo

“En febrero de 1985, el anterior director (Beteta) nos engañó al plantearnos la mexicanización y modernización de la flota petrolera, nos habló de mejorar los 36 barcos de gran tonelaje a 60 y de los 200 de flota menor a 150, pero totalmente nuevos, por eso hasta aceptamos que 25% de los barcos alquilados se convirtieron en mexicanos, si la mayoría de los barcos de Pemex se compraban nuevos para garantizar la vida de nuestros marinos y la tranquilidad de sus fuentes de trabajo; pero el desaliento del engaño nos hizo volver a la lucha y vimos que mientras nos amarraban cuatro barcos de Pemex, el exdirector y el subdirector autorizaban una promesa de contrato por doce barcos a diez años, sin tener permiso de asignación”.

Aseguró La Quina que el sindicato “tiene años limpiando por dentro su estructura” y dijo que “ya es justo que Pemex también lo haga, pues el Pemex de Lázaro Cárdenas y la nación es honesto, las sinvergüenzadas son de los hombres y no es justo que se les manche”. Agregó: “Sindicato y nueva administración debemos demostrar al nuevo gobierno que preside nuestro amigo Carlos Salinas de Gortari que el Pemex de siempre es leal, patriota y fiel a la nación·”.

Ya para terminar, La Quina dijo a más de 12,000 petroleros ahí reunidos:

“Compañeros, soy un hombre que desde 1945, que quedé de planta, juré estar siempre con el sindicato. Con mucha honra, mi dinero me lo he ganado en muchos años de esfuerzo, limpiamente. No tengo de que avergonzarme, y por eso también el sindicato tiene muchos recursos, porque no hemos permitido que se los roben y cuando ha sucedido los hemos metido en la cárcel”.

Y remató:

“Amigos, amigas: ayudaremos al gobierno, pero el sindicato petrolero estará siempre en primer lugar, con todos lo obreros, con todas las clases populares, con la Patria”.

Dos días después, un centenar de soldados tomaba su casa por asalto y lo apresaba.

 

 

*Reportaje escrito por Francisco Ortiz Pinchetti y publicado en el número 638 de Proceso.

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