Expresidentes-reyes

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Esta es la tercera ocasión que en los dos años más recientes me he ocupado de las denominadas pensiones de los extitulares del Ejecutivo federal. Con motivo de mi primer texto publicado en Proceso a principios de 2012 surgió la idea de profundizar en este asunto, lo que derivó en que la maestra Hilda Nucci González y yo publicáramos la obra Beneficios expresidenciales (Temis, Bogotá, 2012). Ahora se encuentra en proceso de factura la edición mexicana, que estará lista para principios de 2014. Comparto aquí algunas de las novedades de esta segunda entrega editorial en virtud de su oportunidad y pertinencia.

Primero. ¿Por qué otorgar una pensión a quien ocupó la titularidad del Poder Ejecutivo Federal? No hay una respuesta que sea unívoca y que haya adquirido consenso doctrinal. La justificación de estas prestaciones extraordinarias –si la hay– no reside en garantizar la vida digna de los exmandatarios del país, pues en todo caso cada uno de los gobernados las merece. El argumento que podría explicar los citados beneficios consiste en la garantía de que la persona que ocupe el cargo de presidente de la República pueda dedicarse por entero a la grave responsabilidad de ejecutar las disposiciones de la Constitución y la ley sin que tenga que preocuparse por su futuro económico y el de su familia.

Es de llamar la atención que los montos de la pensión y los apoyos otorgados hasta ahora a los expresidentes han sido asignados sin ningún estudio, motivación o argumentación, lo que lastima la dignidad de la sociedad.

Segundo. Si debe haber una norma o ley que justifique estas prestaciones, tendría que explicar por qué se ha otorgado a los expresidentes una pensión equivalente al ingreso del máximo tabulador de un secretario de Estado. No se cuenta, hasta donde hemos analizado ­Nucci González y yo, con elementos orientativos que fundamenten esta decisión. Ningún país de América Latina tiene una pensión similar a la de México. En efecto, los expresidentes de Chile reciben una pensión de 145 mil pesos mensuales, y los de Colombia, de 147 mil, tan sólo por citar los más altos de la región.

Incluso naciones del Primer Mundo otorgan pensiones menores a las mexicanas. En Italia, la pensión equivale a 117 mil pesos, y en Francia a 87 mil. Si las cifras por sí mismas no constituyeran un indicador suficiente, el análisis a la luz de criterios de equidad arroja datos que abonan en contra de la solución hasta ahora adoptada por México. El país con la pensión para un expresidente o similar más alta del mundo es Singapur, la cual asciende a 1 millón 322 mil pesos mexicanos mensuales. En Estados Unidos, los expresidentes tienen una pensión equivalente a la mexicana; esa cantidad, empero, representa 14 salarios mínimos al mes aproximadamente.

En España, el exjefe de gobierno tiene una pensión equivalente a 204 mil pesos, que representa 15.68 salarios mínimos mensuales de ese país. En México, por el contrario, el monto equivalente al salario de un secretario de Estado es de más de 200 salarios mínimos mensuales en la zona económica más alta del país. (Ojo: no se cuenta aquí todo lo que cuestan al erario la ayudantía y seguridad, que es lo más oneroso.)

Tercero. El monto de la pensión de un expresidente de la República debe calcularse tomando en cuenta tres factores: a) el tamaño de la economía de México en el mundo; b) los principios de equidad basados en el número de salarios mínimos mensuales en la experiencia comparada; y c) la tendencia que Iberoamérica en particular ha seguido sobre el tema.

El Fondo Monetario Internacional, en su informe Perspectivas económicas mundiales 2012, ubica a México en el sitio 14 y a Estados Unidos en el número 1. La diferencia entre México y Estados Unidos, de acuerdo con el FMI, es de 14 veces. ¿Cómo justificar una pensión idéntica entre los expresidentes de Estados Unidos y México si México tiene una economía 14 veces menor?

La media de las pensiones que perciben los expresidentes de las 15 economías más grandes del mundo rondan los 140 mil pesos mensuales mexicanos. Esa cifra desciende a los 85 mil pesos mensuales si se consideran sólo las naciones de Iberoamérica. En ningún caso, empero, la equivalencia entre número de salarios mínimos mensuales y la pensión del expresidente o equivalente es razonablemente similar a la de México, donde la diferencia entre quienes ganan un salario mínimo mensual y la pensión comentada es la más alta del mundo.

La seguridad de quienes han ocupado la titularidad del Poder Ejecutivo Federal es hoy otro tema de controversia. Se ha confundido seguridad con opacidad, por una parte y, por otra, se ha privilegiado el interés personal sobre el interés de la República. En efecto, no existe en el mundo ningún país que otorgue una escolta para seguridad tan amplia como la que se brinda a un expresidente mexicano. Es el caso, por ejemplo, de Felipe Calderón.

De acuerdo con la Policía Nacional de Colombia, la formación de diamante es la mejor manera de proteger a una persona. Para lograrla, se requieren cinco elementos o seis en el diamante más seguro. De esta suerte, la protección de un expresidente mexicano no debe rebasar los 15 elementos, considerando a los miembros de su familia nuclear monoparental, como sucede en Estados Unidos.

Así, resulta oportuno observar el modelo estadunidense, que reduce gradualmente la seguridad de los expresidentes hasta un mínimo requerido por un periodo no mayor a 15 años.

En los próximos días el senador Manuel Bartlett Díaz presentará una iniciativa de ley de vanguardia sobre el tema que entra al fondo de este espinoso asunto.

 

Evillanueva99@yahoo.com

@evillanuevamx

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