La plaga universal de la esclavitud

El caso recientemente descubierto de las “esclavas de Lambeth” –tres mujeres sometidas a toda clase de abusos durante varios años en Londres– conmocionó a Gran Bretaña y le mostró al mundo del siglo XXI que la esclavitud está lejos de pertenecer al pasado. Y el fenómeno es amplio. Según el análisis de una organización australiana, en todo el mundo hay actualmente poco menos de 30 millones de personas –menores de edad, muchas de ellas– forzadas al trabajo doméstico o agrícola, al sexoservicio, a la mendicidad o a formar parte de bandos en guerra. Entre los 162 países incluidos en ese estudio, México ocupa el lugar 107.

 

PARÍS (Proceso).- El pasado 25 de octubre, alertada por la asociación Freedom Charity, la Unidad Especial de Lucha Contra el Tráfico de Seres Humanos de Scotland Yard liberó a tres mujeres –una malasia de 69 años, una irlandesa de 57 y una británica de 30– esclavizadas en Londres durante tres décadas por un hombre oriundo de India y su compañera.

Las autoridades no informaron sino hasta un mes después, el pasado 21 de noviembre. Se limitaron a precisar que las mujeres habían sido víctimas de abusos físicos y mentales, padecen ahora trastornos psicológicos y la investigación del caso podría ser larga. La pareja de explotadores está libre pero bajo estricto control judicial.

Dos días antes de la liberación de las llamadas “esclavas de Lambeth” (por el distrito londinense donde sufrieron el cautiverio), la justicia británica había condenado a 13 y cinco años de cárcel, respectivamente, a un hombre de 80 años y a su esposa acusados de haber explotado y sometido a violaciones durante una década a una sordomuda paquistaní.

Por otra parte, el pasado 15 de marzo un marfileño fue condenado a 18 meses de cárcel en la ciudad francesa de Aviñón por haber esclavizado a una compatriota suya comprada por 4 mil 500 euros en Abiyán. La adolescente trabajó durante casi un año entre 15 y 18 horas diarias sin salario y soportando tratos crueles. Logró escapar y refugiarse en una delegación policiaca. El juicio a su explotador es uno de los cinco por esclavitud moderna llevados a cabo en Francia este año.

Sylvie O’Dy, presidenta del Comité Contra la Esclavitud Moderna (CCEM), con sede en París, asegura a la corresponsal que su asociación rescató a 122 esclavas domésticas durante 2012 en Francia.

Entre los casos descritos destaca el de una joven marroquí que tenía ocho años cuando su padre viudo aceptó que una conocida suya la llevara a Francia. La mujer se comprometió a escolarizar a la niña y así lo hizo durante un año; luego empezó a “alquilarla” como empleada doméstica a distintas familias. Lucró con ella 10 años. El CCEM la ayudó a fugarse y a demandar judicialmente a sus explotadores.

La asociación hizo lo mismo hace unos años con Tina, una adolescente nigeriana esclavizada por su compatriota Godwin Okpara, futbolista del París Saint-Germain, y su esposa.

Con el acuerdo de los padres de Tina la pareja adoptó a la niña y la llevó a Francia en 2001. Tina nunca frecuentó la escuela, dormía en el sótano de la casa, se levantaba a las 5:00 de la mañana y trabajaba todo el día, pasando hambre y sufriendo golpes y humillaciones. En 2004 logró escapar. Pero la policía no creyó su relato y la devolvió a sus “amos”.

Las represalias fueron terribles: Okpara la violó, lo cual enceló a su esposa, quien le infligió a la muchacha la mutilación sexual. Tina escapó de nuevo en 2005, ahora con el apoyo del CCEM. La pareja fue enjuiciada en 2007. El futbolista fue condenado a 13 años de prisión y su mujer a 15.

Según advierte O’Dy, 90% de las personas salvadas por el CCEM son mujeres, y 29%, menores de edad.

La detención de la princesa Meshael Alayban el pasado 10 de julio en California, acusada de trata de seres humanos, creó serias tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Arabia Saudita: la mujer es una de las seis esposas de Abdulrahman bin Nasser bin Abdelaziz al-Saoud, sobrino del soberano saudita Abdalá.

La denuncia de una de sus empleadas domésticas, una keniana, desató el escándalo. Contratada en 2012, esa madre de familia de 30 años llego a Riad para trabajar en el palacio de la princesa con la promesa de un salario mensual de mil 600 dólares y dos días de descanso a la semana. La realidad fue distinta: jornadas inacabables sin días de asueto, un salario de 220 dólares al mes y su pasaporte confiscado.

En 2012 Meshael se mudó a Estados Unidos y llevó con ella a cinco sirvientas, entre ellas a la keniana obligada a atender a ocho personas que vivían en cuatro lugares distintos. El 9 de julio la mujer huyó y pidió auxilio.

Al día siguiente la princesa fue detenida por la policía, pero fue rápidamente liberada tras pagar una fianza de 5 millones de dólares. Sus abogados estadunidenses se precipitaron a Kenia, Filipinas y Arabia Saudita para reunir pruebas de la “buena fe” de la princesa y de “los abusos” de su trabajadora doméstica. El pasado 20 de septiembre el juez encargado del caso dejó de darle seguimiento por falta de pruebas de la culpabilidad de Meshael.

 

Nadie se libra

 

La esclavitud moderna afecta a todos los países. Medir la amplitud del problema es complejo pues los abusos se perpetran de forma oculta.

Y aunque la Organización Internacional del Trabajo habla de 21 millones de víctimas de trabajo forzado en el mundo, el Índice de esclavitud global 2013 elaborado por la fundación australiana Walk Free, publicado el pasado 15 de octubre, es mucho más pesimista: sus autores estiman que el número de esclavos en el planeta es de 29.8 millones. Más grave aún: reconocen que esa cifra podría ser inferior a la realidad pues todavía necesitan afinar sus métodos de cálculo. Definen su Índice como un “trabajo en curso”.

Walk Free fue creada en 2012 por Andrew Forrest, magnate minero y uno de los hombres más ricos de Australia.

Ésta es la primera evaluación global de su tipo. Asesorado por expertos de los cinco continentes, el equipo de investigadores de Walk Free establece dos clasificaciones para los 162 países examinados: una basada en la prevalencia y el riesgo de esclavitud en cada nación; otra, que parte del número absoluto de esclavos en cada país.

Para medir el riesgo de esclavitud los especialistas de Walk Free incluyeron en sus cálculos una medida del nivel de tráfico de personas hacia y desde cada país y otra del nivel de matrimonios infantiles o precoces en cada nación. Los organismos internacionales interesados en el problema de la esclavitud moderna no suelen considerar estos factores.

Tras comparar las distintas definiciones de la esclavitud, los autores del informe proponen una: “La esclavitud es la posesión y el control de una persona de tal forma que se priva considerablemente a esa persona de su libertad individual, con la intención de explotarla a través de su uso, manejo, beneficio, transferencia o disposición. Por lo general este ejercicio se logrará a través de medios tales como la violencia o las amenazas de violencia, el engaño o la coerción”.

También detallan el amplio abanico de los crímenes asociados con la esclavitud: trata de seres humanos para trabajo forzado; prostitución; tráfico de órganos; venta o secuestros de menores de edad para convertirlos en soldados, sicarios, objetos sexuales o mendigos; esclavitud hereditaria; esclavitud por deudas; matrimonios forzados…

Tomado muy en serio por las instancias internacionales, el Índice de Walk Free se va imponiendo como una radiografía aleccionadora e inquietante de la esclavitud contemporánea.

La primera clasificación –por prevalencia y riesgo de esclavitud– establece que los 10 países más afectados por el problema son Mauritania, Haití, Pakistán, India, Nepal, Moldavia, Benín, Costa de Marfil, Gambia y Gabón.

Y en términos absolutos los 10 países con el mayor número de esclavos son India (con entre 13 millones 300 mil y 14 millones 700 mil seres humanos esclavizados), China (de 2 millones 800 mil a 3 millones 100 mil), Pakistán (de 2 millones a 2 millones 200 mil), Nigeria (de 670 mil a 740 mil), Etiopía (de 620 mil a 680 mil), Rusia (de 490 mil a 540 mil), Tailandia (de 450 mil a 500 mil), Congo Democrático (de 440 mil a 490 mil), Birmania (de 360 mil a 400 mil) y Bangladesh (de 330 mil a 360 mil).

Estos 10 países albergan 76% del total estimado de 29.8 millones de esclavos en el mundo.

Por otra parte, los 10 países con menor prevalencia de esclavitud moderna son Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Noruega, Suecia, Suiza, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, Irlanda e Islandia.

Precisan los investigadores de Walk Free: “Islandia, Irlanda y Gran Bretaña empatan en el rango 160 del Índice (el rango uno indica una situación de esclavitud moderna severamente concentrada; el 160 representa la de menor concentración), pero esto no significa que estén libres de esclavitud.

“Hay entre 4 mil 200 y 4 mil 600 personas en condiciones de esclavitud sólo en el Reino Unido. Un análisis de la situación en ese país muestra que podría hacer más esfuerzos para combatir el problema.”

Relevante también es el análisis regional de prevalencia y riesgo de esclavitud.

Europa alberga 1.82% de los 29.8 millones de víctimas, según Walk Free. Los expertos se muestran insatisfechos con sus estimaciones en el caso de Bulgaria y Rumania. Se quejan de que las estadísticas oficiales de estos dos países son incompletas.

Y 3.78% de los esclavos modernos se hallan en América. Canadá y Estados Unidos aparecen como los principales destinos para la trata. Haití es con mucho la nación americana más golpeada por la esclavitud, sobre todo la infantil, que afectaría a 225 mil niños convertidos en restaveks.

Concebido originalmente para enviar a los infantes a la ciudad con parientes adinerados para que pudieran recibir educación y disfrutar una vida mejor, el sistema restavek (corrupción del francés “reste avec” o “quedarse con”) se convirtió en los últimos años en una sórdida trata de menores condenados a una servidumbre infrahumana.

Según datos de la Unicef es usual que un restavek de 15 años, desnutrido y maltratado, llegue a medir cuatro centímetros menos y a pesar 20 kilos menos que sus compatriotas de la misma edad.

 

El paso a EU

 

México está en el rango 107 del Índice de esclavitud global 2013 y se le señala como zona de tránsito de la trata de centro y sudamericanos hacia Estados Unidos.

“Una consecuencia de esa situación es una economía criminal altamente desarrollada que se alimenta de los migrantes económicos a quienes trafica y esclaviza”, precisan los analistas de Walk Free.

En Asia está 72.14% del total de esclavos modernos del mundo. “Es una región de contrastes donde coexisten países con prevalencia y riesgo de esclavitud relativamente bajos, como Australia y Nueva Zelanda, y otros que destacan entre los peores a escala internacional, como Pakistán, Tailandia y, sobre todo, India”, enfatizan los autores del informe.

La situación en India dista de ser homogénea y es particularmente grave en los estados de Uttar Pradesh y Bihar, caracterizados por sus altos niveles de formas hereditarias de esclavitud, sobre todo en zonas rurales, y por alimentar un intenso tráfico de personas hacia otros estados indios.

También existe una gran disparidad jurídica en relación con la esclavitud en Asia: Australia y Nueva Zelanda tienen un sólido cuerpo de leyes al respecto; Filipinas intenta innovar y modernizar su legislación para luchar contra la alienación de las empleadas domésticas, mientras China y Japón siguen con pocas leyes o políticas de lucha contra ese fenómeno.

El África Subsahariana es la mayor de las regiones analizadas por el Índice. Alberga 16.36% del total de los esclavos modernos. Los expertos de Walk Free enfatizan la situación en Mauritania: “La transmisión hereditaria de la condición de esclavo es muy arraigada en ese país, el cual tiene 3.8 millones de habitantes y un número de esclavos que oscila entre 200 mil y 220 mil. Mauritania enarbola además altos niveles de matrimonio infantil y destaca por sus redes de trata de seres humanos”.

Diko Hanoune, secretario general de la Asociación de los Haratins (descendientes de esclavos) de Mauritania radicados en Europa, destaca:

“La condición de esclavo se transmite de generación en generación. Los esclavos pueden ser vendidos, alquilados o regalados. Se les prohíbe tener bienes materiales. Peor aún, se les sigue considerando bienes y no personas. (…) La ley prohíbe la esclavitud desde 2007, pero nadie la respeta. En los seis últimos años una sola víctima se atrevió a pedir su aplicación.”

Walk Free estima que 3.36% de los esclavos modernos se encuentran en Rusia y Eurasia. Turkmenistán, Uzbekistán y Azerbaiyán muestran altos niveles de riesgo de esclavitud.

Según Human Rights Watch cada año el gobierno uzbeko obliga a 1 millón de personas a participar en la cosecha de algodón durante dos meses. Precisan los expertos de Walk Free: la estimación de ese trabajo forzado “se suma a la de 160 mil a 180 mil esclavos modernos permanentes. Eso significa que durante dos meses Uzbekistán se convierte en el país con la segunda prevalencia más alta de esclavitud moderna en el mundo después de Mauritania”.

Agregan: “Existen formas complejas de migración laboral entre los países de Europa Central y Oriental y muchas generan alarmantes situaciones de explotación. La gran economía rusa atrae a trabajadores vulnerables, algunos de los cuales acaban siendo esclavizados en la agricultura o la construcción”.

 

Noráfrica y Medio Oriente

 

La última región analizada por Walk Free es la de Medio Oriente y el Norte de África, donde se concentra 3.78% de las víctimas de la esclavitud moderna.

El creciente tráfico de migrantes hacia Europa Occidental procedentes del África subsahariana y de Asia aumenta considerablemente el riesgo de esclavitud en esa zona geográfica, advierten los autores del informe.

Recalcan: “Esa región tiene el nivel mundial más alto de discriminación contra la mujer. Los cambios que se dan después de la Primavera Árabe ponen en duda la continuidad de políticas de lucha contra la esclavitud iniciadas en una serie de países clave. En los últimos años Egipto, Siria y Marruecos aprobaron leyes adecuadas, pero debido a incesantes conflictos y movilizaciones sociales éstas siguen siendo letra muerta”.

Agregan: “Varios países de Medio Oriente recurren cada vez más a mano de obra extranjera. Se calcula que los trabajadores extranjeros representan entre 40 y 90% de la población de Jordania, Arabia Saudita, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait. No todos los migrantes están esclavizados, pero muchos enfrentan situaciones que fomentan la esclavitud”.

Qatar está en la mira de la prensa y de las ONG internacionales desde que la FIFA le confió la organización del Mundial de Futbol de 2022. Ese país sale bastante mal parado en una amplia investigación publicada el pasado 25 de septiembre por el diario británico The Guardian con un título elocuente: Qatar’s World Cup Slaves (“Esclavos de la Copa del Mundo de Qatar”).

Con base en documentos entregados al periódico por la embajada de Nepal en Doha, The Guardian estableció que entre los pasados 4 de junio y 8 de agosto, 44 albañiles nepaleses fallecieron mientras trabajaban en la construcción de infraestructura para el Mundial. Esos jóvenes estaban sanos al llegar a Qatar, pero al cabo de pocos meses la mayoría sufrió infartos cuando no murió en accidentes laborales.

Se calcula que 94% de la mano de obra es extranjera en Qatar. El número de migrantes oscila entre 1 millón 200 mil y 1 millón 400 mil; vienen de Nepal, Filipinas, Pakistán, Indonesia o Bangladesh y la mayoría trabaja en condiciones indignas, denuncian Human Rights Watch, Amnistía Internacional y organizaciones que luchan contra la esclavitud.

The Guardian describe las jornadas laborales de los migrantes: a temperaturas de 50 grados, ritmo de trabajo infernal, acceso limitado al agua potable, hospedaje en cuchitriles desprovistos de sanitarios…

El pasado 17 de noviembre Amnistía Internacional publicó un informe demoledor sobre la situación de las 80 mil empleadas domésticas en Qatar.

Como los demás migrantes, tienen que someterse a un sistema de padrinazgo. Todo extranjero deseoso de trabajar en Qatar debe tener un padrino para entrar al país. Los trabajadores no pueden abrir una cuenta bancaria, moverse de una ciudad a otra, cambiar de empleo o regresar a su patria sin el visto bueno de sus padrinos. Estos casi siempre son los empleadores, quienes además confiscan los pasaportes de los migrantes.

Las empleadas domésticas trabajan más de 12 horas diarias los siete días por un salario generalmente inferior al prometido. Muchas sólo se alimentan de las sobras de sus “amos”, viven en condiciones insalubres y no tienen recursos legales para defenderse, pues el trabajo doméstico no está previsto en el derecho laboral qatarí.

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