Perú: El sueño maoísta acabó en pesadilla

LIMA (apro).- A sus 12 años Lurgio Gavilán ingresó a las filas de la guerrilla de Sendero Luminoso. En 1985, ya con 14 años, recuerda, la población dejó de darles comida y cada vez era más fuerte el acoso de los grupos campesinos armados por el gobierno para enfrentarlos.

Con frecuencia, dice, tenían que salir huyendo a los cerros con sus escasas pertenencias en una mochila, entre ellas algunos folletos y libros de Carlos Marx con los que se empapaban de la doctrina maoísta.

“Más que leer estas cosas de Mao estábamos pensando en cómo escapar, cuándo vamos a morir, cuándo vamos a comer… ‘Al diablo estos folletos’, decíamos dentro de nosotros”, recuerda a sus 42 años.

Gavilán, hijo de una pareja de campesinos de la región de Ayacucho, el epicentro de la ‘guerra popular’ de Sendero Luminoso iniciada en 1980 (justo cuando Perú regresaba a la democracia, luego de 11 años de dictadura militar), se incorporó al grupo rebelde cuando tenía 12 años.

Lo hizo, dice, siguiendo los pasos de su hermano mayor, pero admite que también se sentía atraído por “un discurso que sonaba muy bonito, de la justicia social, de los pobres que gobernarán el futuro del país, donde no iba a haber pobres ni ricos. Era un discurso que sonaba muy bien y calaba en los campesinos, pero  tampoco había otra opción”, sostiene.

No obstante, pronto llegó el desencanto ante los excesos de la guerrilla, como las matanzas de campesinos o ejecuciones dentro del propio grupo insurgente.

“Teníamos que matar a nuestros propios compañeros” condenados por faltas, algunas de ellas insignificantes, como “quedarse dormido o por pensar en desertar… Era una muerte ejemplarizante. Estábamos totalmente traumatizados”, indica Gavilán.

El Partido Comunista de Perú (Sendero Luminoso), apunta, predicaba “la justicia social para los más pobres, pero a los más pobres, a los campesinos, empezamos a matar”, recuerda.

Y pregunta: “¿Qué le pasó por la cabeza a Abimael Guzmán (el máximo líder senderista) y a los dirigentes para matar a los campesinos?”.

El pasado 26 de diciembre se cumplió el 120 aniversario del nacimiento de Mao Zedong. Y en Perú, bastión del maoísmo en América Latina, apenas queda una organización política que se considera maoísta, Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), desterrada de la democracia de partidos por reivindicar la lucha de Sendero Luminoso.

Los guerrilleros que aún quedan –ahora enfrentados a sus antiguos líderes, que aún operan en la apartada región ayacuchana del valle– se dicen maoístas, sin embargo, están más ocupados en sobrevivir con las cuotas que cobran al narcotráfico para que operen en la zona bajo su control, que en extender la lucha popular al resto del país.

 

“Guerra popular”

Desde antes del levantamiento de Sendero Luminoso, el maoísmo se hizo presente en Perú, cuando al amparo de la Revolución Cultural china (1966-1976) surgieron en el continente Americano varios partidos maoístas.

De acuerdo con el historiador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), Antonio Zapata, “en los años setenta había no menos de cuatro grupos maoístas considerables (en Perú), tres de ellos vinculados a Beijing”, entre los que se encontraba Sendero Luminoso, cuyo líder, Abimael Guzmán, viajó un par de veces a China para recibir adoctrinamiento.

“Ciertos aspectos de la realidad social peruana, como el atraso de algunas zonas rurales; la creencia de que por ello Perú era un país semifeudal, en tránsito al capitalismo, y el empleo de unas categorías que habían sido establecidas por Mao para caracterizar a la sociedad”, propiciaron que “el maoísmo lograra reclutar una buena cantidad de jóvenes universitarios en los años sesenta”, indica Zapata.

De su lado, el vicepresidente del Movadef, Alfredo Crespo, considera que las condiciones en las que Sendero Luminoso impulsó su “guerra popular” eran “muy semejantes a las condiciones de China”, cuando Mao lanzó su “guerra popular”.

Perú, afirma, era un país semifeudal en el que “la explotación de la tierra era por servidumbre”, es decir, el terrateniente pagaba al campesino en especie o cediendo un pequeño terreno a cambio de que trabajara sus tierras. Era también un país “semicolonial y atado a la dominación imperialista, principalmente yankee, y al capitalismo burocrático”.

Ante ello, Sendero Luminoso adoptó la ideología maoísta. Su consigna era conquistar el poder mediante la violencia revolucionaria, con el campesinado como actor principal. Adoptó una estrategia de guerra de guerrillas que comenzaría en el campo y debía terminar en las ciudades.

El analista político Rolando Ames, quien fue miembro del Comité de la Verdad y la Reconciliación, detalla que en la década de los sesenta Abimael Guzmán –un profesor de filosofía de clase media– llegó a la Universidad de San Cristóbal de Huamanga, creada en la ciudad andina de Ayacucho, en 1959, con financiamiento internacional.

Desde allí, añade, logró diseminar la doctrina maoísta por la región de Ayacucho, valiéndose sobre todo de los maestros rurales, formados en las escuelas normales por egresados de la facultad de Educación.

Guzmán “estaba convencido de que el comunismo soviético se había desnaturalizado porque pactó con el capitalismo, y que la revolución mundial pasaba por China”, sostiene Ames, quien no obstante subraya que la ideologización de los cuadros maoístas se llevó a cabo en la década anterior al conflicto armado.

Una vez iniciada la guerra, no fue fácil inculcar la doctrina maoísta a unas bases campesinas con bajos niveles de educación, que en muchos casos sólo hablan quechua.

“Nos hablaban de proletariado, una guerrilla del proletariado, pero sólo éramos campesinos pobres e indios. ¿Qué es burguesía? ¿Qué es proletariado? ¿Qué es fábrica? Era una cosa de locos”, apunta Gavilán.

“Decían que tenían su plan estratégico, que había que organizar a los campesinos, y que a esos indios que no entendían la revolución había que hacerles entender”, agrega. Lo malo, dice, es que a veces pretendían hacerles entender con sangre.

Según Gavilán, “la aplicación por Abimael Guzmán de la experiencia de China no cabía acá (…) Vivíamos en otro tiempo, en otra realidad, y con esas disciplinas totalmente verticales no lograron el consenso de las poblaciones. Es otra realidad, es otro mundo, el mundo andino”, puntualiza.

Al respecto, Antonio Zapata comenta que a diferencia de los cuadros formados en la década de los setenta, que eran “hombres de estudios que acumulan información dogmática pero letrada”, el militante de los ochenta “era un hombre clandestino que lo que quiere es disparar. Eran menos políticos que los setenteros”.

Y conforme fueron cayendo en la guerra los senderistas de la primera ola, añade, “fueron progresivamente desplazados por estos segundos. Y esta generación ochentera le dio un sesgo supermilitarista en la última fase de la guerra”, donde se da “una escalada de atentados terroristas cada vez más horribles”.

Según Rolando Ames, Sendero Luminoso juzgó al marxismo- leninismo soviético como una etapa del comunismo superada por el maoísmo. “Todos los demás grupos de la izquierda no eran considerados porque estaban en la línea equivocada y, por lo tanto, eran parte del campo enemigo”. Muchos de sus líderes cayeron asesinados por Sendero, dice.

 

“La cuarta espada”

En lo que aún no se ponen de acuerdo los especialistas es en si Abimael Guzmán (que alimentó el culto a su personalidad) se veía a sí mismo como un mero aplicador del maoísmo en Perú, o como el ideólogo de una nueva y superior etapa del comunismo.

Para Zapata, el “endiosamiento” del Presidente Gonzalo fue aumentando conforme avanzaba la guerra. “Al comienzo simplemente era el jefe, pero poco después arrancó el mismo proceso que llevó a Stalin a colocarse por encima de los demás. En los últimos años de la guerra acabó sintiéndose con la misma estatura de Mao y la cuarta espada del marxismo: Marx, Lenin, Mao y él”.

Esto, añade, “lo hacía sentirse muy por encima de los demás y tratar todos los problemas como los trata un Papa: con infalibilidad”.

Crespo rechaza esta idea: “El mismo Abimael Guzmán y el Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso niegan eso de la cuarta etapa, la cuarta espada. Hasta ahora la ideología del proletariado ha llegado a una tercera etapa nada más. El pensamiento de Gonzalo es para una realidad concreta”.

Subraya:

“Algunos comunistas en el mundo dicen que el Presidente Gonzalo ha aportado a la ideología del proletariado internacional, pero esa es su posición”.

Ames, por su parte, no tiene claro “exactamente qué es lo que tenía en la cabeza” los de Sendero Luminoso.

Cuando se desata la lucha por el poder dentro del Partido Comunista Chino, Abimael Guzmán, dice, es partidario del ala más izquierdista, encabezada por Jiang Qing, la esposa de Mao, que resulta perdedora tras la muerte éste, en 1976, frente a Deng Xiaoping. Por lo tanto, “el mundo está en manos del capitalismo, ha caído la Unión Soviética, que fue la patria del socialismo, y también acaba de caer China porque Deng es otro negociador”.

Esto podría haber llevado al Presidente Gonzalo a pensar que en Perú se estaba iniciando la cuarta etapa del comunismo. “Hay un momento donde uno no sabe si se estaba ante un grupo que quiere hacer la revolución en Perú, o en el comienzo de la revolución mundial”, asevera el analista.

En este sentido, Guzmán “jugó con la ambigüedad”, afirma.

En 1992, la guerra interna, que había puesto contra las cuerdas al gobierno peruano, dio un giro de 180 grados con la captura de Guzmán y de toda la cúpula de Sendero Luminoso. Al año siguiente Gonzalo declaró la paz, pero los guerrilleros que seguían en libertad lo desconocieron.

La cúpula de Sendero lleva más de dos décadas en prisión. Entre los partidos que en la década de los setenta se declaraban maoístas, sólo Patria Roja continúa con esa posición. Y, como entonces, tienen predominancia entre el gremio magisterial, pero ya no reivindica el maoísmo.

 

Las “condiciones objetivas”

En 2009 fue fundado el Movadef intentó registrarse como partido político para participar en las elecciones. Para ello tuvo que reunir más de 134 mil firmas y formar comités partidarios en más de 60 provincias del país, un tercio del total. Sin embargo, la autoridad electoral le negó el registro al considerar que no se ajustaba a las normas del sistema democrático por asumir el legado de Sendero Luminoso.

Crespo –quien en 1992 fue abogado de Abimael Guzmán, enjuiciado al año siguiente por un tribunal militar del régimen de Alberto Fujimori (1990-2000) y condenado a cadena perpetua– reconoce que la guía ideológica de Sendero Luminoso es “el marxismo- leninismo-maoísmo”.

Añade:

“Lo esencial del maoísmo es el poder mediante la violencia revolucionaria, pero eso está sujeto a las condiciones objetivas y subjetivas de cada país, y hoy no pensamos que haya condiciones en nuestro país para el inicio de una lucha armada. Pensamos que hoy es momento de lucha política, es decir, la participación en elecciones”.

Reconoce que se cometieron excesos, sin embargo, considera que en su momento la “guerra popular” estaba justificada por las condiciones del país y que sirvió para mejorarlo. “Ha hecho que el Estado en algunos casos vea por pueblos olvidados. Por combatir la guerra han tenido que construir carreteras, hospitales… Ahora hay teléfono, servicios públicos”, apunta.

 

El niño guerrillero

Gavilán fue capturado por el ejército a los 14 años de edad, después de pasar dos años en Sendero Luminoso. Su corta edad lo salvó de que lo mataran y acabó como militar. Pasó 10 años en el ejército, luego de lo cual se hizo monje franciscano por un tiempo, y ahora, como antropólogo, trabaja en una tesis sobre la pobreza, que presentará en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México.

El año pasado, en su libro Memorias de un soldado anónimo, editado por el IEP, Gavilán publicó sus experiencias en la guerrilla y en el ejército.

Pese a sus críticas al dogmatismo y los excesos de Sendero,  Lurgio Gavilán coincide con Crespo en que la rebelión sacó del olvido a zonas del país sumidas en la más absoluta miseria.

“Dicen que gracias a que apareció esta guerra hay ayuda del Estado: apareció la carretera, llegó la electricidad, la luz… Si no, seguirían totalmente olvidadas”.

Zapata opina que el Movadef tiene un número de seguidores no desdeñable, pero su principal reivindicación, dice, es la amnistía para los líderes de Sendero Luminoso y los demás condenados (civiles, militares y policías) por los crímenes cometidos durante la guerra interna que asoló el país, entre 1979 y 1992.

“No constituye para mucha gente un motivo real de preocupación política, incluso gente politizada que puede ser de izquierdas, que puede ser radical”, apunta.

Crespo, por su parte, admite que la presión de las autoridades y de algunos medios ha disuadido a algunos de sus seguidores.

El abogado, quien salió en libertad en 2005, después de que su condena fue anulada, acusa al gobierno de “persecución política” contra su movimiento.

“A mí me hicieron un embargo persecutorio en mi casa, se llevaron hasta el colchón. Me ha estado citando la policía antiterrorista todos los meses a declarar. Constantemente me citan y hasta ahora no me han denunciado”, dice, al tiempo que muestra un fajo de papeles con las citaciones, colocado sobre la mesa de su pequeño despacho, instalado en un vecindario popular.

El pasado 23 de diciembre, el apoderado legal del Movadef, Carlos Gamero, fue condenado a una pena –finalmente suspendida– de tres años de cárcel por “falsa declaración en procedimiento administrativo”, después de que la justicia encontró que 37 de las 68 sedes de los comités partidarios, que declaró al pedir su registro electoral, no existían o eran falsas.

No obstante, Crespo alega que los dueños de esos inmuebles negaron que fueran usados por el movimiento por temor al acoso del gobierno.

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