Luna Morena: El 13 de la buena suerte

Este año, la compañía de títeres (y de teatro y de música) Luna Morena cumple 13 años de peregrinación cultural. En entrevista, sus directivos Miguel Ángel Gutiérrez y Liliana Rojas describen parte de su trayectoria, llena de emoción en la parte creativa y de frustración cuando no se consigue financiamiento.

Miguel Ángel Gutiérrez es uno de los fundadores y el cerebro de la compañía experimental de títeres Luna Morena, que se ha destacado por producciones aclamadas como Sombras, un sueño entre un sueño, homenaje al poeta Edgar Allan Poe, de 2005; Canek, leyenda de un héroe maya, una coproducción con el teatro Diana, que se exhibe desde 2008, y su proyecto musical Zaikocirco.

Es también artífice del Festín de los Muñecos desde 2005 y del Festival Internacional de Títeres de Guadalajara, que se lleva a cabo cada dos años desde 2009.

Gutiérrez dice que 2013 fue un año difícil, porque la compañía funciona en gran medida mediante aportaciones públicas y convenios con instituciones: “Creo que fue pesado porque el dinero no fluyó como todos esperábamos y fue a nivel nacional, todos estos cambios hicieron que se alentara la situación económica, pero nosotros tuvimos mucho trabajo, porque tuvimos un festival y algunos estrenos”.

Comenzó este 2014 mudando Luna Morena de la vieja casa de la colonia Artesanos a una finca mucho más amplia, de estilo Art Déco, donde montó un taller, oficinas y una habitación de descanso. Su colección de títeres y máscaras de bufones tanto de estilo veneciano como folclóricas y tradicionales está en los muros de la nueva sede.

Durante la entrevista, el fundador de la compañía sostiene a un perro xoloizcuintle de madera: un prototipo de la marioneta que protagonizó el año pasado el espectáculo inaugural del Festival de las Artes (Festa), titulado Emiliano y el tren al inframundo, producción multidisciplinaria que combina títeres, música y artes audiovisuales.

Sobre sus inicios en las artes escénicas, Gutiérrez cuenta que originalmente tenía la idea de hacer animación mediante la técnica stop motion 3D, pero durante su búsqueda encontró un taller de títeres que lo atrapó:

“Ahí me di cuenta de que los títeres son el tipo de animación más antigua que existe y tiene todas las ventajas del teatro, que es un arte vivo, un arte instantáneo, que combina muchas otras disciplinas artísticas. Entonces decidí que eso deseaba hacer: teatro con títeres. Así se conjugó la necesidad de contar historias con esta disciplina, que tiene principios de artes plásticas.”

Dice que para crear sus historias se nutre de la ficción, porque ésta es una parte de la realidad.“No es mentira, como muchos dicen, sino una forma distinta de ver la realidad y vivirla”, resalta.

En sus obras siempre están presentes la angustia, las injusticias sociales y la esperanza, pero igualmente se pueden encontrar elementos de política, aunque manejados de manera velada.

“Creo que el discurso artístico también es político por naturaleza, es una postura ideológica ante la sociedad. Se maneja de distintas formas, a veces veladamente, metafóricamente, pero siempre hay un discurso político; no partidista sino político.”

 

Al vaivén del presupuesto

 

En 2014 se cumplen 13 años de la fundación de Luna Morena, y en opinión de la subdirectora, Liliana Rojas, no ha sido fácil consolidar a la compañía porque sus proyectos dependen mucho del financiamiento público y de becas, como aquella que les dio en 2009 el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) a través de su programa Teatros para la Comunidad Teatral, que les permitió presentarse en el foro del IMSS durante seis años (periodo que concluye éste).

Rojas relata que en 2009, una semana antes del Festival Internacional de los Muñecos, el municipio de Zapopan les canceló el apoyo y tuvieron que llevarse el espectáculo a León, Guanajuato:

“Fue tremendo. León apoquinó en gran parte, pero otra parte de la programación ya se tenía planeada aquí y la gente ya tenía programas. Nosotros no podíamos decir: ‘Siempre no va a haber porque Zapopan no apoyó’. Lo que hicimos fue endeudarnos con los grupos locales que participaron gracias al pretendido apoyo de Zapopan, pues ellos nos dieron un crédito.”

Por ese motivo la compañía interpuso una demanda contra el ayuntamiento y la ganó en abril del año pasado, por lo que Zapopan tuvo que indemnizarla con 200 mil pesos. Con ese dinero Luna Morena le pagó a los grupos que hicieron posible el festival.

“Es un evento sin recursos propios; lo organiza Luna Morena, que tiene en los bolsillos prácticamente lo que tú y yo tenemos. Para llevar a cabo cada edición tenemos que tocar puertas y buscar apoyo público, y este año un poco más seriamente con la iniciativa privada”, comenta.

La falta de dinero y el corto tiempo para desarrollar el festival orilló a Luna Morena a organizarlo cada dos años. A decir de Rojas, los procesos creativos de la compañía se veían afectados, pero ahora tienen más tiempo para desplegar buenos espectáculos.

–¿Es la respuesta del público lo que le ha permitido sobrevivir al festival?

–En gran medida sí. Cuando eres parte de una compañía independiente y no tienes recursos, es una tarea muy difícil volver a tomar aire para empezar nuevamente a pedir los apoyos. Es desgastante, y más porque no siempre se obtienen los apoyos.

–¿Hay muchos enredos en la burocracia?

–Totalmente, y más porque no obtiene uno la respuesta que quisiera. 2013 fue el primer año del festival, donde participaron los distintos niveles de gobierno, la Universidad de Guadalajara, el ayuntamiento de Guadalajara y la Secretaría de Cultura de Jalisco, que nunca había apoyado al Festival sino hasta esta edición, lo cual nos sorprende.

–¿Ustedes ponen dinero de su bolsillo?

–Por lo general sí, aunque procuramos no hacerlo porque no hay bolsillo que alcance para mantener algo así, cuando no hay tantos ingresos. Pero en algunos proyectos, al fin de la temporada, sí terminamos por invertir, porque hay gastos fijos en el teatro, como los impuestos del ayuntamiento.

“Por cierto, no hemos podido hacer que se entienda que el gasto del interventor que nos mandan se elimine porque nosotros podríamos ir a hacer el pago de ese impuesto, y cuando lo han solicitado lo hemos hecho al día siguiente. En cambio, nos mandan al interventor y nos cobran por ir a contar los boletitos.

“También están los pagos por el aseo, los de Fideteatro, que es un fideicomiso que para mantenimiento de los espacios… Todos esos gastos le restan a la taquilla, que de por sí es poca y los precios no son elevados. Los recursos que se generan se sacan enseguida de la taquilla y se invierten en nuevos proyectos, como Zaikocirco. Pagarle a la cantidad de gente que interviene ahí es tarea difícil.”

Zaikocirco es una de las producciones más constantes de la compañía. La agrupación musical cerró 2013 con sus presentaciones en el Teatro del IMSS y planea producir este año su segundo disco, aunque lo estrenará hasta 2015. Con influencias del jazz y ritmos balcánicos, entre otros, el espectáculo combina teatro, títeres humanos, máscaras y zancos.

Rojas menciona que la agrupación ha tenido que sobreponerse a considerables dificultades, como la salida de Saúl El Muerto Ledesma, uno de sus integrantes clave.

“Cuando él se emancipó nosotros estábamos asustados, debo confesarlo, y decíamos: ‘es que Zaiko ya no va a ser lo mismo’. Pero lo es. Creo que el grupo o el concepto es por sí mismo sustentable, conserva la esencia. Aunque yo no me imagino al grupo sin la vieja guardia. Por ejemplo, hay elementos que tienen toda la vida con el Zaikocirco y siguen ahí… No sé qué podría pasar si ellos también se emanciparan.”

Al respecto, Miguel Ángel Gutiérrez apunta que, además del segundo disco de Zaikocirco, estrenarán dos obras con dos directores invitados: el canadiense Dany Lefrancois y el mexicano Alberto Villarreal, identificado con el teatro posmodernista. Agrega que después de este año la compañía retomará su vida itinerante, que interrumpió por el compromiso de presentarse en el Teatro del IMSS.

Comentarios