Talento Joven en Álamos

ÁLAMOS, SON.- El domingo 26 de enero, en el trigésimo Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT), se entregó la medalla Talento Joven a la soprano Valeria Quijano.

Después vino el concierto Voces jóvenes, con Jéssika Arévalo, soprano; Adriana Romero, soprano; la homenajeada; Christopher Roldán, tenor; Fabián Rodríguez, tenor; Juan Carlos Heredia, barítono; Carlos López, barítono, y José Miguel Valenzuela, bajo, acompañados por la Orquesta Filarmónica de Sonora bajo la dirección de Enrique Patrón de Rueda. Ante el extraordinario potencial de estos jóvenes, el conductor declaró a Proceso: “Todos y cada uno fueron rechazados del taller de la ópera del INBA, donde además, increíblemente, no hay tenores, entonces, ¿qué ensamble se puede hacer sin tenores?”.

Valeria Quijano ingresó apenas en 2010 a la licenciatura en Música de la Universidad de Sonora. Ella inició el recital cantando el Caro nome, de Rigoletto de Verdi, aria nada fácil en la que lució un hermoso timbre de voz, atractivo y maleable, propio para el repertorio lírico-ligero.

A continuación el tenor Christopher Roldán, tenor lírico ligero, impresionó con su interpretación del Ah, mes amis de La hija del regimiento, de Donizetti, conocida como “el aria de los nueve dos”, y que no puede faltar desde que Pavarotti la inmortalizó en aquel álbum The King of the high Cs.

Adriana Romero comenzó con un aria del Baile de máscaras de Verdi, se mostró poseedora de una voz más oscura, más amplia y con una mayor densidad tímbrica.

En adelante disfrutamos de un repertorio muy variado en el que destacó el barítono Juan Carlos Heredia con El Brindis de la ópera Hamlet de Thomas, magnífica voz, bien trabajada y una muy convincente dicción del francés. La primera parte del concierto terminó con el tercer acto de La Bohéme de Puccini,­ donde a los jóvenes quizá les faltó un poco de dramatismo que ya con la experiencia conseguirán. Muy destacado en este fragmento de la ópera Fabián Robles.

En la segunda parte, José Miguel Valenzuela interpretó un aria de Eugenio Onegin, de Tchaikovsky (muy cuidadosa su dicción del ruso), y dio muestras de que, aunque los bajos son escasos en nuestro país, cuando se dan, se dan y de muy buena calidad. Como lo volvió a demostrar en uno de los encores que fue la canción Despierta Negro de la zarzuela La tabernera del puerto, de Zorozabal.

Excelente la versión del barítono Carlos López del aria “Nemico della patria” de Andrea Chénier, de Giordano, muy buena voz y muy bien encausado en su repertorio y su técnica. En general se lucieron más los jóvenes que las jovencitas, aunque, como dijimos, se nota una falta de experiencia que obviamente será subsanada.

Una velada inolvidable. Lástima del uso de micrófonos; en un escenario de mediano tamaño como el del FAOT no hay como la acústica natural.

Comentarios

Load More