Luz y sombra en “La flauta mágica”

Die Zauberflöte (1791) es un Singspiel (tipo de ópera popular alemana donde se intercalan partes habladas y cantadas) con música de W. A. Mozart (1756-1791) y libreto de Emanuel Schikaneder (1751-1812). El propio Mozart dirigió el estreno en Viena, y las funciones subsecuentes; dos meses después murió.

Los dos autores pertenecían a la logia Zur Wohltätigkeit (La Beneficencia) por lo que esta obra está dotada de mucho simbolismo masónico. El elemento mítico y hechizante adquiere un gran relieve en La flauta mágica. El asunto de la lucha entre la luz y la oscuridad, por ejemplo, es un símbolo recurrente en las enseñanzas masónicas. Ya en la obertura, los tres acordes con los que inicia, y que se repetirán recurrentemente a lo largo de la obra significan el símbolo masón  (“la  batería  masónica”).

Hoy día es una de las óperas más representadas del mundo dotada de magníficos solos, dúos, tercetos, etc.

La Ópera de Bellas Artes inicia sus actividades correspondientes al 2014 con la reposición de La flauta mágica, después de 14 años de no representarse en nuestro principal foro operístico. Encargó a Josefo Morales y Rosa Blanes Rex la puesta en escena, vestuario e iluminación y como ocurre con frecuencia, en vez de sólo dirigir escénicamente la obra, se dan a la tarea de “adaptarla”; ya no transcurre la acción en Egipto, sitio mítico de la iniciación masónica, sino en alguna ciudad maya…

Los más de cien trajes utilizados para la representación de esta obra fueron elaborados uno a uno en telares de cintura (algunos muy hermosos sin duda, otros no), perecen surgidos de alguna sala del museo de antropología, totalmente fuera de lugar en esta ópera.

Toda la majestuosidad de la Reina de la Noche desaparece al vestirla como la abuelita de Benito Juárez. ¿Para qué? ¿Quién gana con ello? ¿Cuál es el ansia de magullar una obra maestra del arte lírico? Nos proyectaron hasta la nausea imágenes de planetas, de galaxias, de lunas y cometas, símbolos mayas, Quetzalcóatl va y viene… ¿Y lo masónico? Eso ya no, ¿para qué? Las intenciones filosóficas de Schikaneder y Mozart le importaron un comino al régisseur.

La función inaugural de esta corta temporada fue un triunfo pese a los atropellos escénicos, por la expectación de ver al jovencísimo director musical Iván López Reynoso que a sus 23 años ya ha dirigido una docena de óperas, este fue su debut en Bellas Artes y obtuvo un gran éxito, nos gustó mucho el sonido orquestal y de los cantantes, siempre mesurado sin grandes explosiones sonoras ajenas al estilo mozartiano que permitió a los intérpretes cantar cómodamente, sin “gritos” ni aspavientos románticos o veristas.

Lourdes Ambriz, experimentada soprano nos obsequió una Pamina exquisita, quizá lo mejor de la noche, así como el simpático Papageno de José Adán Pérez actuado con absoluta verdad escénica y cantando como los mejores. Las tres damas de la noche: Zaira Soria, Carla Madrid y María Ávalos realizaron un trío hermoso, de fina musicalidad y actuación.

Comentarios

Load More