La ópera “Manón”

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Estrenada el 19 de enero de 1884 en la Ópera Cómica de París, la Manón de Jules Massenet (1842 -1912) vuelve a nuestros escenarios después de 38 años de ausencia, y lo hace de la mano, musicalmente, de Alan Guingal, director francés de larga trayectoria internacional y, escénicamente de Antonio Algarra, quien con este montaje demostró conocer muy bien el realizado por la Staatsoper de Berlín en el 2007, llevando como protagonistas a Anna Netrebko y Rolando Villazón.

Sirvió nuestra Manón, entre otras cosas, para ratificar el buen trabajo que como dupla mexicana están logrando María Katzarava (confío en que definitivamente haya olvidado el “Alejandres”), la soprano mexicana más importante de por lo menos los últimos 50 años, y Arturo Chacón, tenor que igualmente es requerido en las más importantes casas de ópera del mundo.

El montaje marcó también el más que afortunado retorno a la ópera de Bellas Artes de esta magnífica escenógrafa que es Félida Medina quien, una vez más demostró que con talento e imaginación, más que con dinero, se pueden lograr auténticas creaciones que satisfagan todos los requerimientos y proporcionen absoluta “verdad” a cada espacio y ambiente. El sobresaliente trabajo de la maestra Medina viene a cancelar, espero que definitivamente, el millonario derroche que en este rubro se “justificaba” sin que jamás los millones se vieran sobre el escenario.

Volvieron también el barítono Ricardo Santín, igualmente ausente varios años, el tenor Antonio Duque y el también barítono Armando Gama. Vale destacar igualmente que, con excepción del director-concertador Alain Guingal, todos los demás son debutantes en sus respectivos roles, es decir, por ejemplo, es la primera vez que la Katzarava hace Manón, Chacón a Des Grieux, Gama a Lescaut, Duque al Guillot y Santín a De Brétigny o sea, un ramillete de primeras veces con resultados por demás elogiables.

Lo sobresaliente fue, sin duda, la encarnación de Manón a quien, actoralmente, la Katzarava confirió todos los matices necesarios y que van de una casi niña que aun no ha cumplido los dieciséis años, a una cortesana ambiciosa y sin escrúpulos y hasta una moribunda realmente enamorada que, hasta en los momentos previos a su muerte cobra conciencia del mal que ha causado. Papel endiabladamente complicado vocal y actoralmente, la soprano lo solventó en cada momento, circunstancia e intención con total autoridad. Con esa voz y el manejo que hace de ella, María Katzarava está, sin duda, destinada a abordar papeles que la convertirán en número uno mundial.

Igualmente elogiable fue la participación de Chacón como ese desafortunado Chevalier que pierde todo, incluso a su amada definitivamente, rol que cantó e interpretó en la mejor actuación que le haya visto y escuchado y ya con esto está dicho todo.

No desmereciendo para nada a sus compañeros fue la participación de Gama (Lescaut), Duque (Guillot), Santín (De Brétigny), Arturo Rodríguez (Conde Desgrieux) y las amigas de Manón (Claudia Cota, Zayra Ruiz y Lydia Rendón). Bien, a secas, el Coro bajo la dirección huésped John Daly Goodwin y bien la orquesta con la batuta del ya mencionado Guingal.

Puesta en escena bien lograda, como la de Berlín, ambientada sin necesidad alguna en los años cuarenta del siglo pasado, ambientación que, la verdad, ni siquiera queda plenamente asentada, y nada aporta más allá de enseñar el cómo hacer una estupenda escenografía sin gastar millones para que de aquí en adelante no se caiga en tentaciones… efectivamente de gastar.Una última cosa que no puedo dejar de mencionar porque es importante el espacio que se le brinda: las penosas notas al programa de mano del, así se firma, Dr. Gonzalo Uribarri Carpintero.

Manón, que vale la pena ver, se presenta este domingo a las 5 de la tarde y los próximos martes y jueves a las 8 de la noche en el Palacio de Bellas Artes.

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