Extrabajadores de Pemex: dos años en espera de justicia

MÉXICO, D.F. (apro).- Desde hace dos años y dos meses, un grupo de 376 extrabajadores petroleros decidieron plantarse indefinidamente frente a la sede de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, en demanda del cumplimiento de una promesa hecha por el entonces presidente Vicente Fox para ser recontratados por Petróleos Mexicanos.

En todo ese tiempo, cuatro de ellos ya no pudieron continuar la lucha porque la muerte los sorprendió.

Todos ellos trabajaron en la Terminal Marítima de Dos Bocas, de Tabasco.

Su martirio inició en los albores del sexenio salinista, con la detención de Joaquín Hernández Galicia La Quina porque fueron despedidos masivamente para fortalecer al actual secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), Carlos Romero Deschamps.

“El motivo que dio la paraestatal fue una supuesta disminución de la materia de trabajo y supresión de plazas para lo cual, en contubernio sindicato-empresa, firmaron convenios administrativos para el despido masivo sin obtener el aval o autorización de las autoridades laborales”, cuenta Álvaro en entrevista con Apro.

Entre marzo y junio de 2001, dice, Pemex emitió oficios para permitir la reactivación del personal liquidado y jubilado, pero cuando quisieron ejercer ese derecho les dijeron que debían ser propuestos por el sindicato a lo cual se negaron.

Por eso, en 2004 alrededor de 376 trabajadores iniciaron el juicio laboral 642/2004 para la reactivación de sus fichas y aplicación de beneficios.

La Junta rechaza el caso y ahora está en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Durante los últimos 10 años los petroleros fueron testigos de las irregularidades cometidas por las autoridades desde su liquidación en el salinato.

“Estamos enfermos”

A lo largo de una década, los trabajadores petroleros en plantón van y vienen de Tabasco.

–¿De qué viven? – se les pregunta.

“De vender dulces y de la gente de la colonia. Nos traen de comer, el agua la sacamos de la llave. Estamos enfermos. No tenemos baño. Hacemos “del uno” en una cubeta y nos bañamos en un rincón cubierto con maderas que nos han desarmado y tirado a la basura, pero nosotros lo volvemos a armar. No nos dejan entrar ni al baño aunque es una institución pública”, dice Álvaro.

José, otro extrabajador petrolero, ironiza con su desgracia: “Ven, te vamos a enseñar el ‘depa’”, dice a la reportera.

“Aquí está nuestra cocina integral”, añade al tiempo que señala una negra, cochambrosa y humeada parrilla eléctrica conectada a un diablito colgado al poste de energía eléctrica.

Luego presume sus televisores, que no son más que cascarones de bulbos. Las camas king size son cartones cubiertos con una cobija. “Todas las noches vemos las estrellas”, dice y levanta la vista al techo del improvisado campamento armado con plásticos azules. El baño es una cubeta.

“Aquí hay mucho polvo, entra mucha basura y aunque barremos diario siempre entra el polvo. El polvo es lo que más nos molesta”, dice Álvaro.

Los petroleros son aguerridos. En el Distrito Federal han bloqueado hasta el periférico, consiguieron transporte para regresar a Tabasco la primera vez que rechazaron su demanda y hasta impidieron que la policía capitalina los desalojara.

“No nos iremos sin una respuesta favorable”, sentencian Álvaro y cinco petroleros que lo acompañan al momento de la entrevista.

Despidos injustificados

Aunque no es un secreto que la JFCA es juez y parte en las demandas laborales, el caso de los petroleros de Tabasco es uno de los más representativo porque sus juzgadores no sólo despachan ahí, son también empleados de Pemex y están afiliados al STPRM.

Tres años después de su liquidación, peritos de la Junta concluyeron que fue falsa la disminución de materia de trabajo en la Terminal Marítima de Dos Bocas. Es más, sostuvieron que la producción aumentó, de acuerdo con el expediente 642/2004 oficio número D.P 2569/2007.

Las autoridades preguntaron a los peritos de la Junta si de 2001 al 2006 Pemex había reincorporado, reactivado o reingresado a Dos Bocas a trabajadores para más de setenta categorías de trabajo, incluidas las que tenían los demandantes y el perito respondió:

“Si, en Pemex Exploración y Producción Terminal Marítima de Dos Bocas, Tabasco, del periodo 2001 al 2006 para llevar a cabo las labores de dicho centro de trabajo se ha contratado personal para que se realicen diversas funciones necesarias para que el centro de trabajo ya mencionado funcione de manera normal”, respondieron de acuerdo con el expediente en poder de Apro.

En la pregunta número 22 del peritaje se cuestiona si todavía existe la materia de trabajo en dichas categorías y la respuesta fue afirmativa. Más aun, los peritos determinaron que desde el 2001 se tomó en cuenta a personal propuesto por el sindicato, previa solicitud de Pemex y no por la antigüedad o sus derechos laborales.

La demanda de los extrabajadores petroleros forma parte del expediente 642/2004, de fecha 22 de marzo del 2010, radicada en la Junta Especial número 36, con sede en Villahermosa, Tabasco. En ella, el dictaminador, Arminio Castillo Marin, determinó que es procedente el reclamo de los trabajadores.

En el segundo resolutivo señala: “Se condena al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana y sección 50 del mismo a que solicite a la patronal la reactivación de fichas para el reingreso de los laboriosos a Petróleos Mexicanos, previo los requisitos que requiere la política de recontratación de personal sindicalizado respecto de los casos en que deban ser recontratados en razón a su grado de especialización, circunstancias extraordinarias o habilidades específicas y de acuerdo a los requisitos previstos en el contrato colectivo de trabajo, que no se registren antecedentes negativos de conducta ni acciones laborales en contra de la institución”.

“Estamos en la pobreza”

“Yo me enfermé en el 2011 de la próstata y he estado muy enfermo. Acabo de venir de Tabasco porque me quitaron la sonda. Estoy solo, en Tabasco, rentando un cuartito. Mis hijos viven en Veracruz. Me separé de mi esposa hace muchos años y estoy solo. Ahora con esto y esta enfermedad no los he podido ver porque se me quita y me vuelve otra vez. No tengo donde ir, no conozco a nadie aquí”, dice Juan.

El trabajo en Pemex toda su vida. Tenía diversos oficios como obrero. Entré con plaza. Nunca le faltó el trabajo hasta que lo despidieron.

Esteban tenía la categoría de ayudante diversos oficios. Laboró en la empresa alrededor de nueve años, hasta 1993 que fue despedido.

“Desde esa fecha para acá hemos venido batallando para recuperar nuestra fuente de empleo. No las hemos visto duras, la verdad, se va degradando nuestra familia, se va enfermando. Vamos viendo cómo pasa el tiempo…”.

Esteban se siente enfermo, padece de los nervios. Le preocupa que nadie les haga caso. “Parece que la autoridad está en contra de que nuestra situación se resuelva”.

–¿Ni con el cambio de gobierno? –, se le pregunta.

— Nada–, responde.

— ¿Ni con el cambio de gobierno en Tabasco? –

— No, tampoco.

“Cuando tuvimos la demanda en Villahermosa ni por parte de las autoridades laborales o las del gobierno no hicieron caso. Por eso venimos a la ciudad de México a interponer la demanda por la violación a nuestros derechos humanos”, cuenta.

Esteban sostiene que su situación es desesperante. “No tenemos recursos para sostener a la familia, ya dos años y dos meses aquí son desesperantes”.

Auliat trabajó en la perforación desde 1967 en Agua Dulce, Veracruz. Luego lo enviaron a Plataformas en Ciudad del Carmen, pero tuvo un accidente y en lugar de indemnizarlo le dieron más trabajo. Regresó a Agua Dulce a reparar pozos. Luego lo enviaron a Dos Bocas y a Paraíso, Tabasco, con la sección sindical 50.

“Me daban un contrato y a los cinco días me daban otro, pero había gente de afuera que traía plazas y esas no las soltaban. Cuando me retiraron del trabajo me dijeron que la materia del trabajo ya se había terminado, que no había chamba para mí porque ya tenía 40 años, pero yo me encontraba competente para trabajar pero me dijeron que no y siendo nativos de Paraíso nos quitaron la chamba”, refiere.

En los poco más de dos años que lleva en el plantón, el campamento se ha caído dos veces por el granizo. “Aquí hemos vivido lo que usted no se imagina”. En la marcha de Villahermosa al Distrito Federal se cayó y le salió una hernia que todavía no se ha operado.

Recuerda que ya quisieron desalojarlos, pero los policías no pudieron.

Álvaro tercia en la conversación y reconoce que su estancia en la capital del país ha sido costeada por ellos mismos. “El alimento… el agua es de llave. La mayoría de los compañeros están enfermos del estómago. Aquí han muerto cuatro compañeros: Santiago Colorado López, Lauro Jiménez Pérez, Eleazar Magaña Javier y José del Carmen Domínguez Córdoba. Estos compañeros llegaron bien al campamento…”.

Aparte de la causa que defienden, la mayoría de los extrabajadores petroleros comparten otra batalla: la enfermedad de sus compañeras de vida.

“No sé por qué, pero la mayoría de nuestras esposas son diabéticas. Nuestra pobreza es extrema porque ya no reciben el apoyo ni moral ni económico. Sólo nos avisan, no tengo para las medicinas, hoy no comí nada… Sabemos que estamos en una situación precaria…”.

La JFCA juez y parte

El 22 de marzo de 2010 el representante obrero Efrén Felipe Hernández López, el del capital Santiago Castro García y el del gobierno, Víctor Manuel Mendoza Orantes, miembros de la Junta Especial número 36 de la JFCA con sede en Villahermosa, Tabasco, alteraron el acta.

Esta acta resolvió: “Discutido el aludido dictamen se procedió a la votación siendo aprobado por mayoría de votos de los representantes obrero y patronal en contra del voto del representante del gobierno, por lo que el presidente acordó que se proceda a dictar el laudo respectivo”.

Con pluma y letra de molde se escribió un día después: “Voto contra razonado”, pero el texto del acta tiene un contenido distinto.

Los petroleros interpusieron una denuncia por esos hechos.

En el trayecto supieron que Efrén y Santiago, los abajo firmantes del acta tuvieron una relación laboral y dependencia económica con Pemex y el sindicato petrolero, durante todo el proceso del juicio laboral.

Con esa información, los trabajadores iniciaron un nuevo juicio ante el juez Fausto Padilla Hernández, de la Junta Especial Número 7 de la JFCA, quien también es trabajador de Pemex. Piden que Pemex reconozca la violación a sus derechos humanos. La sentencia fue en contra de los petroleros.

Se ampararon ante el Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que decidió por unanimidad de votos, que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sea la que resuelva este asunto por “trascendente e importante”, de acuerdo con el expediente DT-734/2013.

La Segunda Sala de la SCJN dio entrada a la solicitud del Tribunal Colegiado y turnó el expediente 54/2014 a la ministra Margarita Luna Ramos para que elabore el proyecto de sentencia.

Los ministros deberán discutir la vulneración y corrupción del sistema de justicia laboral. La violación y responsabilidad de Pemex como un ente del Estado, respecto a los derechos humanos de sus propios extrabajadores.

Además por qué permite que trabajadores en activo de Pemex dejen sus actividades en la paraestatal para ser “juzgadores a modo”, recibiendo salarios de la empresa y de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

Los petroleros inconformes han mantenido durante toda la batalla legal otra lucha social con plantones, marchas, huelgas de hambre y protestas sociales. El saldo ha sido la muerte de varios trabajadores que no tuvieron acceso a la justicia.

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