Ucrania: La dama de la espiga

MÉXICO D.F. (apro).- Durante las dos últimas décadas, Yulia Timoshenko se ha consolidado como uno de los personajes más emblemáticos de Ucrania. En 2005 la revista Forbes la ubicó en tercer lugar entre las mujeres más poderosas del mundo. Con 53 años, ha sido empresaria, líder revolucionaria, primera ministra, opositora y presa política.

A primera vista, Timoshenko es una mujer atractiva, carismática y quizás hasta vanidosa. Pero quienes la conocen dicen que es una mujer astuta, buena en los negocios, de carácter fuerte y de accionar implacable. Sus propios rivales reconocen que no hay nadie igual de duro que ella en la política.

Pasó poco más de dos años y medio en prisión. Su liberación se produjo momentos después de que el Parlamento decidió destituir al presidente Víktor Yanukovich, el pasado 22 de febrero, y convocar a elecciones, la cuales están programadas para el próximo 25 de mayo.

Oleksander Turchinov,  actual presidente de la Rada Suprema,  considerado mano derecha de la recién liberada, firmó una ley que permite la restitución en funciones de aquellas personas cuyos procesos el Tribunal de Estrasburgo consideró como violaciones a la Convención para la Protección de los Derechos Humanos. De esta manera, Timoshenko puede presentar su candidatura.

Pese a su cuerpo debilitado por un problema en la espalda, Yulia se sumergió en la vorágine política en la que se encuentra su país. Acudió de inmediato al Maidán, cuna de las protestas contra el gobierno. Entre vítores y abucheos, en silla de ruedas y lágrimas en la cara, salió a escena y ofreció un discurso emotivo tratando de conquistar a las masas ahí reunidas.

“Esta es una Ucrania diferente, una Ucrania de gente libre, y eso lo consiguieron ustedes para los que vivimos ahora y para los que vendrán después. Por eso los que lucharon y murieron son héroes y ¡los héroes nunca mueren!”, dijo.

Sin embargo, ¿Qué esperar de Yulia Timoshenko?

Muchos celebraron su liberación, pero consideran que su pasado oligarca no corresponde con la voluntad de cambio exigido por el pueblo ucraniano. Ella tiene un pasado plagado de corrupción, del que muy difícil se puede redimir.

 

“La princesa del gas”

 

Timoshenko nació el 27 de noviembre de 1961 en el seno de una familia humilde que residía en Dnipropetrovsk. Al ser una zona de mayoría rusófona, su idioma nativo es el ruso. Adoptó la lengua ucraniana posteriormente, cuando entró en la política. Su padre la abandonó cuando ella tenía cuatro años de edad. Su madre la crio y le dio el apellido de su segundo matrimonio: Teléguina.

A los 18 años conoció al hijo de un funcionario rico e influyente del Partido Soviético, Olexandr Timoshenko, con quien se casó en 1979. Con él procreó un año después una hija de nombre Yevgenia.

En 1984 se graduó como economista en la Universidad Estatal de su óblast. Pasados los años, defendió el título de doctora con la tesis titulada La regulación por el Estado del sistema fiscal.  En 1989 inició su actividad empresarial alquilando videos e invirtiendo acciones en la recién creada bolsa de valores rusa.

Aprovechando el vacío normativo y el desorden postsoviético fundó junto con su esposo y su suegro la Corporación de Gasolinas Ucranianas. Después, fundarían una compañía dirigida por ella llamada Sistemas Unidos de Energía de Ucrania (UESU, por sus siglas en inglés), distribuidora mayorista de gas que a la postre obtendría el monopolio de la venta de combustible en su óblast.

De acuerdo con el Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB) esta mujer lograría en tres años de existencia de la compañía  facturar casi una cuarta parte de la producción económica ucraniana. “Para 1997 las deudas multimillonarias que Ucrania tenía con Rusia por el gas natural quedaron completamente liquidadas gracias a la actividad de la UESU”. Así, se convirtió en una de las oligarcas más ricas y poderosas de su país. Toda esta presteza y riqueza le valió el sobrenombre de la Princesa del Gas.

 

La otra “dama de hierro”

 

El CIDOB menciona que  “probablemente para protegerse contra una eventual acción judicial en su contra, Timoshenko incursionó en la política”. En diciembre de 1996 ganó un escaño en la Rada o Consejo Supremo, como candidata independiente. Para 1997, abandonó la dirección de la UESU y se concentró de lleno en su carrera política pues su “padrino de negocios”,  el primer ministro Pavlo Lazarenko, fue obligado a dimitir so pretexto de unos problemas de salud tras los que se ocultaban serias divergencias políticas.

Al siguiente año Timoshenko refrendó su escaño en la Rada y fue elegida jefa del Comité Presupuestario de la Cámara.

No pasó mucho tiempo para  que los tratos con Lazarenko salieran a la luz. En 1999 fue acusado por lavado de dinero y de recibir sobornos por parte de la UESU, lo que explicaría el desmedido acaparamiento de contratos por parte de la compañía entre 1996 y 1997. Timoshenko, previniendo lo que se avecinaba, dimitió como vicepresidenta del grupo parlamentario creado con el exprimer ministro y estableció uno independiente. Aunque situada en el ojo del huracán, se las arregló para no pisar la cárcel.

Ese mismo año, Víctor Yushchenko, en aquel tiempo primer ministro, la nombró viceministra de combustibles en el ministerio de Energía. Ocupó el cargo entre diciembre de 1999 y abril de 2001. Durante ese periodo, intentó “poner orden” en un terreno socavado por la corrupción y el robo de materias primas, de ahí que la prensa la bautizara como la Dama de Hierro Ucraniana.

No obstante, su gestión no fue bien recibida ni por el presidente Leonid Kuchma ni por las grandes empresas proveedoras locales que le echaron en cara la reiterada escasez en los niveles de demanda del gas, obligándola a dimitir. Un mes después, la arrestaron bajo acusaciones de evasión de impuestos, falsificación de documentos y contrabando de gas natural ruso durante su tiempo como presidenta de UESU. Sin embargo, fue puesta en libertad casi enseguida. Actualmente, su esposo Oleksandr Timoshenko, está oculto fuera de Ucrania, también acusado por corrupción.

Los detractores de la ‘princesa del gas’ han apuntado que su familiaridad con los negocios ilícitos la descalifican para combatir la corrupción. A pesar de ello, es considerada una genuina y efectiva reformista, pues mientras fungió el cargo, eliminó de facto las prácticas corruptas dentro del sector energético de Ucrania.

Andrey Ermolaev, un observador político ucraniano, dijo a la escritora Julia Ioffe en 2010 que Timoshenko “fue como un cazador furtivo custodiando la reserva de recursos naturales…fue la guardiana más eficaz”.  Ioffe argumenta en su artículo titulado Kiev Chameleon para The Next Republic,  que Yulia en su nuevo disfraz como luchadora de la corrupción se deshizo del complejo sistema de trueque del mismo negocio de gas que la había hecho rica y lo convirtió en un esquema efectivo que ayudó a resolver muchos de los problemas presupuestarios del gobierno.

Según datos de la CIDOB, en aquella época el presupuesto industrial se elevó en más de un 1000%. Sus reformas se tradujeron en una mayor recaudación para el estado y en disponibilidad de más fondos financieros para pagar a los funcionarios y aumentar sus salarios.

 

Una “Juana de Arco”

 

Tras un supuesto fraude a favor del candidato progubernamental Víktor Yanukovich en las elecciones presidenciales de noviembre de 2004, Yulia Timoshenko dirigió las protestas en las calles de Kiev apoyando al otro candidato: Víktor Yuschenko.

El movimiento conocido como la Revolución Naranja la proyectó en el escenario internacional como la Juana de Arco ucraniana.

La revuelta devino en la convocatoria de nuevas elecciones. Yuschenko logró la victoria y Timoshenko se convirtió en primera ministra. Sin embargo, sólo ocupó el cargo durante siete meses. Fue destituida debido a acusaciones de corrupción. La situación la llevó a convertirse en la más grande opositora de quién alguna vez fue su compañero de lucha.

En septiembre de 2007 su partido fraguó una mayoría parlamentaria con la alianza Nuestra Ucrania-Autodefensa Popular, que le permitió ser nuevamente primera ministra.

Tras varios meses de gestión, Timoshenko rompió definitivamente relaciones con Yuschenko, quien la acusó de mala gestión económica durante la crisis mundial del 2008. Intento ser presidenta en 2010, pero Yanukovich, a quien había vencido durante la Revolución Naranja, la derrotó en la segunda vuelta.

 

“Presa política”

 

Con Yanukovich en el poder los problemas para Timoshenko se agudizaron.  En mayo de 2010 las autoridades la acusaron de malversar miles de millones de euros en fondos públicos. Un año después fue acusada de excederse en sus funciones al firmar en 2009  un contrato de gas con Rusia.

Al no reconocer la legitimidad del tribunal para juzgarla, fue enviada a prisión preventiva por desacato. El 11 de octubre de 2011 fue condenada a siete años de cárcel por abuso de poder.  Acusó a Yanukóvich de orquestar una “campaña de persecución política” en su contra. “La condena no me detendrá. ¡Viva Ucrania! Debemos ser fuertes y defender a Ucrania del autoritarismo”, fueron sus palabras tras conocerse el fallo.

Vladimir Putin crítico está condena. Dijo: “En primer lugar Timoshenko no firmó nada. Los contratos se firmaron a nivel de los agentes económicos, Gazprom y Neftogaz. En segundo lugar, y más importante, estos contratos se firmaron de acuerdo con Rusia y las leyes ucranianas, con apego a las leyes internacionales”.

La salud de Yulia empeoró considerablemente durante el tiempo que pasó entre rejas a causa de una hernia discal. Además, realizó dos huelgas de hambre. Durante la primera, en abril de 2012, difundió fotos con hematomas en su vientre y denunció la  “violencia y falta de derechos” en su país. Resistió la huelga tres semanas, hasta que le aseguraron sería tratada de su hernia por un médico alemán en un hospital de Járkov.

El suceso atrajo los reflectores internacionales. Gobiernos occidentales y medios de comunicación reprobaron el proceder de las autoridades ucranianas hacia la exdirigente. En ese momento, el gobierno se encontraba en negociaciones de un acuerdo de asociación y libre comercio con la Unión Europea (UE),  pero hubo una condición: únicamente se llevaría a cabo si daba solución al caso de Timoshenko.

Se realizaron otras acciones. Por ejemplo, la UE realizó un boicot a la EuroCopa 2012 celebrada en Ucrania. El país fue orillado a suspender una cumbre de países del Este y Centro Europa que debía celebrarse del 10 al 12 de mayo de ese año en Yalta, después de que 14 de 18 mandatarios se negaran a asistir al evento. En abril de 2013, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Ucrania por la detención “arbitraria e ilegal” de la exprimera ministra.

En noviembre pasado inició su segunda huelga de hambre. Exigía a las autoridades firmar el acuerdo de asociación con la UE en la cumbre de la  Asociación Oriental de Vilna, que se realizaría a finales de ese mes. A raíz de que las protestas en Ucrania subieron de tono, el 6 de diciembre, Timoshenko cesó la huelga.

 

La “Evita”

 

Al inicio de su carrera política, Timoshenko usaba el pelo corto y negro, pero 1999 comenzó a usar una trenza rubia en forma de corona. Existen dos versiones sobre este cambio de imagen:

La primera señala que se trata de un homenaje al peinado tradicional de las campesinas ucranianas de mediados del siglo pasado que imita la forma de una espiga de trigo. Debido a ello sus adversarios la tacharon de falsa, de procurar la simpatía de las masas. Durante una conferencia de prensa no vaciló en deshacer la trenza, soltar su cabello, y posteriormente peinarlo, para demostrar que no llevaba ninguna peluca.

La segunda versión gira entorno a Eva Perón. Según Dmitry Vydrin, quien fue asesor cercano de Timoshenko durante casi una década y entrevistado por Julia Ioffe, mencionó que en círculos cerrados Yulia admitía ser la reencarnación de la política y actriz argentina.

A pesar de sus problemas de salud, la ucraniana esta públicamente activa. Pidió la intervención de la UE para frenar a Rusia y afirmó que Vladimir Putin “irá tan lejos como le permita el mundo occidental democrático”.

“Nadie quiere una guerra, pero se trata de una cuestión de supervivencia para nuestra joven democracia”, advirtió.

Por lo pronto, el pasado de Timoshenko la hostigará. Poco se habla en los medios occidentales sobre la investigación de los millones perdidos de la ‘Princesa del Gas’.

En marzo del año pasado la oficina jurídica londinense Lawrence Graham inició una investigación sobre sus cuentas en el extranjero, por encargo del Ministerio de Ingresos y Recaudaciones de Ucrania. Parece ser que la investigación ha avanzado y han encontrado varias cuentas vinculadas a la exprimera ministra. Su abogado, Serguéi Vlásenko, sostiene que se trata de una “mentira manifiesta” defendida por “el régimen de Yanukóvich con el fin de desacreditar a Timoshenko.”

La emisora de radio La voz de Rusia realizó una serie de entrevistas en torno al suceso. Alexánder Gúsev, director del Instituto de Planeación Estratégica de Rusia, cree “que semejantes revelaciones afectan directamente a su imagen, pero ahora este tema de las cuentas en el extranjero importa muy poco cuando el poder está en manos prácticamente de bandidos”, afirmó. Por su parte, Ígor Shíshkin, vicedirector del Instituto de la Comunidad de Estados Independientes, opina que los resultados de la investigación no influirán en su imagen puesto que Occidente ya sabía de sus andanzas. Incluso, considera que la caída del gobierno pro-ruso en Ucrania y la posterior liberación de Timoshenko será útil para presionarla. “La existencia de esas cuentas la hace manejable”, sostiene el experto.

 

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