150 años de Ricardo Castro

Ricardo Castro en su época fue más conocido como pianista virtuoso que como compositor. A la usanza de los grandes pianistas del siglo XIX solía tocar sus propias composiciones además de las obras consagradas de los clásicos. Este año se conmemora el 150 aniversario de su natalicio. 

Ricardo Castro Morales nació el 7 de febrero de 1864 en la Hacienda de Santa Bárbara, municipio de Nazas, Durango, y murió en la Ciudad de México el 28 de noviembre de 1907. Dos obras pianísticas lo han inmortalizado y le han dado permanencia en el subconsciente, si no de la colectividad, sí de los aficionados a la música de calidad: el Vals caressante y el Vals capricho, Op. 1, del que hay también otra versión para Piano y orquesta, Op. 2, ambas grabadas en varias ocasiones; la de Luis Herrera de la Fuente al frente de la Sinfónica Nacional con Gloria Bolívar al piano es una versión de referencia. Destacan en este vals las hermosas melodías impregnadas de nacionalismo y los solos y cadencias para piano muy al estilo de Chopin, autor de cuya maravillosa influencia no se pudieron sustraer los compositores que le sucedieron.

A los seis años de edad Ricardo Castro comenzó a estudiar música en Durango, a los 13 se traslada toda la familia a la Ciudad de México, ahí se matricula en el Conservatorio de Música y estudia composición con Melesio Morales (1839-1908), otro de los grandes compositores, autor de la ópera Ildegonda (1866). El talento del joven Ricardo Castro era tal que cursó la carrera conservatoriana en la mitad del tiempo requerido, se graduó a los 18 años y ganó el premio de la Exposición de Querétaro como pianista, y el de compositor en la Exposición de Veracruz.

Un año después concluye su primera sinfonía, Sagrada. En 1883 el gobierno mexicano envió algunas de sus composiciones a Venezuela, para los festejos del centenario del natalicio de Simón Bolívar. En 1884 y 1885 se presentó como pianista en Estados Unidos: Nueva Orleáns, Chicago, Filadelfia, Washington y Nueva York. A su regreso a México fundó junto con otros músicos el Instituto Musical Campa Hernández Acevedo, también la Sociedad Anónima de Conciertos y la Sociedad Filarmónica Mexicana. Entonces su fama se extendía por México y el extranjero, no sólo por sus composiciones sino por su virtuosismo al piano.

Eva María Zuk, pianista polaco-ucraniana nacionalizada mexicana, comentó:

“Castro tuvo mucha suerte, porque logró publicar en vida muchas obras, además viajó a Europa. Fue el primer gran pianista concertista mexicano.”

Y como Castro compuso el primer concierto para piano y orquesta en México y América Latina, añadió:

“Es importante recordar a los compositores que son parte notable de la historia de la música en México, personajes excepcionales en el ámbito latinoamericano, porque en esa época no habían muchas personas que pensaran en términos de piano, de música de concierto. Castro fue un pianista y compositor absolutamente extraordinario.”

En 1896 comienza a trabajar en su ópera Atzimba, obra nacionalista que trata de la conquista de Michoacán, estrenada en 1900, y tendremos la oportunidad de verla en Bellas Artes a partir del 10 de abril.

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