Alan García, acosado por las investigaciones, adelanta su campaña

Alan García, expresidente de Perú. Foto: AP Alan García, expresidente de Perú. Foto: AP

LIMA (apro).- Faltan casi dos años y medio para las próximas elecciones generales en Perú y Alan García, que ya ha ocupado dos veces la presidencia de ese país, parece desde hace cuatro meses un político en campaña: hace mítines, se prodiga en los medios de comunicación, lanza propuestas populistas, ataca sin piedad a sus rivales sin importarle recurrir a golpes bajos, se adjudica éxitos internacionales…

Su primer gobierno (1985-1990) fue un desastre total, con una hiperinflación brutal y el Estado acorralado por la guerrilla maoísta Sendero Luminoso. Aun así consiguió imponerse de nuevo en 2006 (en Perú sólo está prohibida la reelección consecutiva).

Y aunque en esta segunda oportunidad logró, impulsado por la bonanza internacional, uno de los índices de crecimiento económico más altos del mundo, acabó con una aprobación cercana a 20%, debido a una alta conflictividad social que dejó decenas de muertos y a los numerosos escándalos de corrupción.

Su partido, el APRA, sólo logró cuatro congresistas en un Parlamento de 130 curules, en las elecciones de 2011 y, lastrado por los problemas internos, ni siquiera presentó un candidato presidencial.

García está actualmente siendo investigado por el Congreso (que podría acabar inhabilitándolo políticamente) y por la Procuraduría anticorrupción por haber dejado en libertad a cientos de condenados por narcotráfico y por injerencias de su gobierno en una investigación policial por un caso que implica escuchas telefónicas ilegales y corrupción político-empresarial, casos por los que tres cuartas partes de los peruanos lo considera culpable, según las encuestas.

Y, sin embargo, ni los analistas políticos ni la mayoría de los ciudadanos dudan de que será candidato. No sólo eso, sino que hay una opinión generalizada de que tiene serias opciones de triunfo. Y es que Alan García es un animal político, un encantador de serpientes acostumbrado a remontar las situaciones más adversas y una máquina de obtener votos en las campañas electorales.

“Él ha querido ser el primer peruano elegido tres veces presidente de la República. Ese ha sido su objetivo siempre”, asegura el analista político Fernando Rospigliosi.

García afirma que no sabe si participará en las próximas elecciones generales. Ningún político lo ha hecho, pues falta mucho todavía y nadie quiere desgastarse antes de tiempo. Pero al expresidente no le ha quedado más remedio que “destaparse” como un posible contendiente a raíz de las investigaciones en su contra.

De entre los múltiples casos de corrupción de su gobierno, hay dos que le implican directamente. Uno es por la interferencia del Ejecutivo en la investigación de unas escuchas ilegales con la finalidad de espionaje industrial, algunas de las cuales fueron filtradas a la prensa y revelaron actos de corrupción en la consecución de contratos con el Estado. Esta intromisión, que salpica a varios miembros de la administración de García, incluido un primer ministro, habría tenido supuestamente la finalidad de evitar que se conociera la implicación de altos funcionarios.

El otro caso es más grave. Se trata de los ‘narcoindultos’: la liberación, mediante prerrogativa presidencial del indulto o la conmutación de pena, de más de más de 3 mil condenados por delitos de narcotráfico, 400 de ellos en su forma agravada.

Su estrategia para defenderse de las acusaciones es achacarlas a una persecución política con el objetivo de inhabilitar a un posible contendiente electoral.

“Él hubiera dosificado su campaña de otra manera si es que no hubiera tenido este ataque del gobierno”, explica Rospiglisoi. “Los primeros meses del gobierno de (el actual mandatario, Ollanta) Humala él estaba tranquilo, dando una imagen de estadista, de respaldo al gobierno. Hasta que viene la comisión investigadora (del Congreso) y, cuando se da cuenta de que el objetivo es sacarlo del juego, cambió completamente”.

Desde principios de año, García no ha dejado de hacerse notar e intentar ganar puntos ante la opinión pública. Comenzó con el fallo de la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya de enero sobre la reclamación que había interpuesto Perú contra Chile por la frontera marítima.

Pese a que todos los partidos políticos habían acordado previamente que luego de la lectura de la sentencia nadie haría ninguna declaración antes de la reacción oficial de Humala, García, que una semana antes se había reunido con éste y con el también expresidente Alejandro Toledo (2001-2006) en el palacio de gobierno, fue el único que se saltó el pacto y se adelantó a su sucesor.

Después no ha dudado en intentar anotarse lo que Perú ha considerado un triunfo en la CPI (dado que le otorgó una parte del mar que había estado bajo soberanía de Chile y que reclamaba, aunque no todo), alegando que la demanda se interpuso durante su segundo gobierno, si bien el proceso había comenzado durante el de Toledo.

Otro día, al salir del funeral del hijo del alcalde de un municipio limeño asesinado a balazos y cuando arreciaban las críticas al gobierno por la creciente inseguridad, propuso “sacar el Ejército a las calles” e instaurar “la pena de muerte para violadores de niños”.

También recordó que cuando intentó esta medida durante su último mandato “lamentablemente la politiquería, el querer quedar bien con las academias de derecho, hizo que el Parlamento no se atreviera” a aprobar la reforma.

En su intento por salvarse, tampoco ha desdeñado el juego sucio y hace unas semanas denunció que el diputado que preside la comisión parlamentaria encargada de investigarle, Sergio Tejada, tenía un hijo no reconocido. No sólo la jugada demuestra los pocos escrúpulos del expresidente, que durante su segundo mandato sufrió esa misma situación, sino que luego se supo que en realidad era la madre, una novia de la época universitaria del legislador, quien no había querido que éste lo reconociese.

Incluso, conocedor de la debilidad de su partido y de que necesitará apoyo en el Parlamento en el caso de una votación sobre su inhabilitación, García ha comenzado a lanzar globos sonda a otros partidos para potenciales alianzas.

No le hace ascos tampoco al fujimorismo, pese a que tuvo que exiliarse tras el autogolpe de Estado de Alberto Fujimori en 1992 para no ser detenido. Ha alabado a Keiko Fujimori, la hija del expresidente (encarcelado por corrupción y delitos de lesa humanidad) y líder de su partido, por ser “una mujer que está construyendo una opción democrática”, un “nuevo partido”.

Su táctica de presentarse como víctima de persecución también ha incluido buscarse un némesis, un enemigo al que achacar todos los males y ante el que presentarse como alternativa. Y ha elegido a la primera dama, Nadine Heredia, cuya intromisión poco disimulada en las funciones de gobierno de su esposo ha despertado una intensa polémica en Perú, alimentada en gran parte por el propio García.

El analista y bloguero José Alejandro Godoy destaca que la “fijación de García siempre ha sido establecer un enemigo claro”. Cuando ganó su primera elección presidencial, en 1985, “era la derecha”, pues se presentó con un programa inclinado hacia la izquierda (que no cumplió). En 2006 fue el desaparecido líder venezolano Hugo Chávez, que había irrumpido en la campaña apoyando a Humala e insultado a García. “Y ahora es Nadine. Está obsesionado con Nadine”, indica Godoy.

Su argumento, explica, es que “Humala quiere sacarlo de la carrera (por la presidencia) porque Nadine quiere ser presidenta del Perú, porque tienen un proyecto a lo Kirchner”.

“La presidenta-candidata decretó que debo ser inhabilitado”, insiste el exmandatario, aunque tanto Heredia como Humala han descartado que ella vaya a postularse en 2016.

Cuando todos los partidos, excepto el oficialista Gana Perú, decidieron negarle en una primera votación la confianza a un nuevo gabinete nombrado por Humala el pasado mes de marzo, la bancada del gobierno y el mismísimo escritor y político Mario Vargas Llosa acusaron a García de haber instigado este voto de castigo.

Dado que el APRA sólo cuenta con cuatro diputados, esta acusación da una idea del poder de influencia y de convicción que le otorgan al experimentado político sus propios rivales.

Otra muestra de la percepción respecto de su capacidad de omnipresencia en la vida política de Perú es que, según una reciente encuesta de la consultora Datum, 60% de los entrevistados opinó que él estaba detrás de un falso rumor lanzado por un congresista de un pequeño partido sobre la paternidad de Humala de un hijo fuera del matrimonio.

No es que García se haya visto obligado a presentarse nuevamente como aspirante a la presidencia como consecuencia de las acusaciones. Como señala Rospigliosi, simplemente ha tenido que adelantarse, mostrar sus cartas antes de tiempo. Según el politólogo, ya comenzó a prepararse para la próxima contienda electoral en los últimos años de su segundo gobierno (2006-2011).

“Hacía obras y tenía la idea de que con ellas iba a hacer su campaña de 2016 al decir: ‘Miren la cantidad de obras que he hecho’. Estaba claro, cuando era presidente todavía, que esa iba a ser su estrategia”.

En efecto, no desaprovecha ocasión para presumir de sus acciones de gobierno. No sólo de las obras, sino de las altas tasas de crecimiento, que ahora, en el gobierno de Humala, se han moderado, pese a que siguen estando entre las mayores de la región.

El despliegue de actividad y de exposición pública de García parece haber empezado a rendirle frutos. Su popularidad (todavía baja, como la de todos los políticos peruanos) ha ido subiendo lenta pero constantemente en los últimos meses.

Aunque según la más reciente encuesta, de Datum, estaba en abril en 25%, aún lejos del 43% de Keiko Fujimori, otro sondeo le situaba recientemente con 30% y a sólo seis puntos de ésta, y mostraba que la había superado en la percepción de la ciudadanía como líder de la oposición.

No se puede decir que el astuto político haya limpiado su nombre ni mucho menos. Las encuestas reflejan que la mayoría de la población le ve como deshonesto y poco confiable. Y en una consulta realizada a finales del año pasado, 76% consideró que es culpable de los casos de corrupción de los que le acusan. Pero él ha demostrado en más de una ocasión que es muy capaz de reponerse a situaciones adversas.

Godoy recuerda que en 1985 García se presentó a las elecciones lastrado por un escándalo de financiación a su partido por un personaje relacionado con el narcotráfico. Y que en 2006 no sólo cargaba con el infausto recuerdo de su primer gobierno, sino que dos años antes había lanzado un paro nacional contra el gobierno de Toledo que había fracasado.

En esa ocasión su imagen se vio todavía más dañada cuando participaba en una marcha arropado con la bandera nacional y se le cruzó en el camino un discapacitado mental, al que se quitó de en medio con una patada. Pero nada de eso impidió que regresara triunfante al palacio de gobierno.

“Ningún peruano podía pensar que después del desastre de su primer gobierno pudiera regresar alguna vez al poder y lo hizo. Todos nos quedamos sorprendidos. Es el más hábil de todos los políticos peruanos”, reconoce Rospigliosi.

De momento, ha logrado un primer triunfo al conseguir que un juez declarara inválida la investigación en su contra llevada a cabo por la comisión parlamentaria, cuyo informe todavía estaba pendiente de ser discutido por el pleno del Parlamento con vistas a inhabilitarlo. El magistrado, en respuesta a una solicitud de amparo interpuesta por García, consideró que se había violado su derecho al debido proceso porque cuando fue interrogado por la comisión no se le informó de que delitos se le acusaba.

Ya en 1991, tras su primer gobierno, se había librado por una ‘leguleyada9 similar cuando era investigado por la adquisición de unas casas.

Ahora está por ver si el Parlamento acepta el blindaje a García que supone esta decisión judicial o si lo considera una violación de la separación de poderes y lo ignora.

En todo caso, todavía queda activa una investigación de la fiscalía, pero hay poca confianza en que el Poder Judicial acabe sentenciándole. Como señala Godoy, aunque “hay una norma que impide a los jueces militar abiertamente (en un partido político), se sabe que muchos de los magistrados son cercanos al partido aprista”.

“Lo que probablemente vaya a pasar es que varios de sus ministros vayan al sacrificio, vayan a la cárcel, pero que a él lo mantengan fuera de las investigaciones y se postule para 2016”, agrega.

Y en una elección, remacha Rospigliosi, “Alan García es un monstruo, convence a la gente de cualquier cosa, hasta de que la tierra es plana”.

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