La Iglesia se opone a proyecto hidroeléctrico en Oaxaca

OAXACA, Oax. (apro).- El obispo de la Diócesis de Puerto Escondido, Pedro Vásquez Villalobos, se pronunció en contra de los megaproyectos hidroeléctricos como el de la presa Paso de Reina que el gobierno de Enrique Peña Nieto pretende construir en los municipios de Santiago Ixtayutla, Santa Cruz Zenzontepec, Santiago Tetepec, Santiago Jamiltepec y Tututepec, en perjuicio de casi 20 mil habitantes de los pueblos mixtecos, chatinos, afromexicanos y mestizos.

A pesar de la campaña de desprestigio que emprendió la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en contra de la Iglesia Diocesana Puerto Escondido, el prelado sostuvo que dicho proyecto viola los derechos humanos de cientos de miles de personas.

Arropado por 29 sacerdotes, el obispo Vásquez Villalobos resaltó su preocupación por los ataques de la Coordinación de Proyectos Estratégicos de la CFE que “lanza graves descalificaciones contra nuestro trabajo señalándonos de ajenos a la región y acusándonos de desinformar y confundir a la opinión pública”.

Este tipo de ataques, dijo, construyen un entorno adverso para los defensores de derechos humanos, agentes de pastoral y las comunidades de la Diócesis porque coloca en un grave riesgo su labor.

El religioso expresó también que los indígenas son los dueños legítimos de las tierras y territorios que ahora se ven amenazados con la presa que afectaría directamente 3 mil 100 hectáreas de 40 comunidades pertenecientes a seis municipios.

Estas propiedades, dijo, tienen grandes riquezas, pero no de las que se guardan en los bancos o cotizan en la Bolsa de Valores. “Son los guardianes del agua, plantas, animales, y el territorio que habitan. Son descendientes de grandes culturas y tienen grandes valores como la fiesta y las lenguas que son parte de su identidad”.

En su pronunciamiento, el obispo de la Diócesis de Puerto Escondido reafirmó su compromiso de “profundizar la presencia pastoral en las poblaciones más frágiles y amenazadas por el desarrollo depredador y apoyarlas en sus esfuerzos para lograr una equitativa distribución de la tierra, del agua y de los espacios urbanos”.

También de buscar un modelo de desarrollo alternativo integral y solidario basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana que se fundamenta en el evangelio de la justicia, de la solidaridad y el destino universal de los bienes y que supere la lógica utilitarista e individualista, que nos somete a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos”.

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