Ucrania: Una guerra civil en la variante de Yugoslavia

MOSCÚ (apro).-  La ceremonia de conmemoración de los 70 años del desembarco en Normandía contra la Alemania nazi, no pudo eclipsar el conflicto ucraniano que sacude hoy a Europa.

El presidente ruso Vladimir Putin, que por primera vez desde 1993 no participó de la Cumbre del G7, se reunió brevemente con el presidente Petro Poroshenko, de Ucrania, sostuvo un corto diálogo con el presidente Barack Obama, y mantuvo conversaciones con la canciller Angela Merkel, el primer ministro británico David Cameron y el presidente de Francia François Hollande.

“En el curso de una corta conversación, Putin y Poroshenko se pronunciaron por un rápido final del derramamiento de sangre en el sur oriente de Ucrania y de las acciones militares de parte de las fuerzas armadas ucranianas, y de los partidarios de la federalización de Ucrania”, dijo a la agencia Ría Novosti, Dmitri Peskov, vocero del presidente Putin, el viernes 6.

Sin embargo, mientras los líderes mundiales posaban para la foto, la Operación Antiterrorista iniciada por el gobierno de Kiev contra los rebeldes pro rusos en el oriente del país continuaba con toda su fuerza, y no había señales de ninguna negociación que pusiera fin al enfrentamiento armado. De hecho, las dos semanas transcurridas entre el triunfo electoral de Poroshenko y su toma de posesión el sábado 7 de junio, han sido las más sangrientas en el conflicto que divide al país.

Recién electo, Poroshenko dijo que la Operación Antiterrorista no debería demorar meses sino horas, y al día siguiente, en el ataque al aeropuerto de Donetsk tomado por los rebeldes, murieron cerca de 100 personas.

Como regalo de su toma de posesión, Poroshenko recibió la promesa del Pentágono de enviar a Ucrania asesores militares, entrenar personal y brindar ayuda para fortalecer a las fuerzas de seguridad de Kiev en el combate por el control del oriente del país;  y el presidente Barack Obama firmó un crédito de 5 millones de dólares para la compra de chalecos antibalas y elementos ópticos para el ejército ucraniano, además de otros 23 millones de dólares para gastos de defensa.

La semana antepasada visitó Kiev una delegación del Pentágono encabezada por el asistente del Secretario de Defensa Derek Chollet, “para adelantar consultas”.  En abril, habían visitado Kiev el vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden y John Brennan, el jefe de la CIA.

Al mismo tiempo, la Guardia Nacional de Ucrania, la nueva formación militar creada por el gobierno interino que sucedió a Victor Yanukovich el 22 de febrero, pidió a Poroshenko “cerrar la frontera con Rusia, imponer el estado de excepción, colocar a la Guardia Nacional en el control de las fronteras, y realizar una operación militar local y efectiva”.

Esta semana los combates se concentraron en Slaviansk, considerada una plaza estratégica por ser un cruce de caminos entre Donetsk y Jarkov, donde se encuentran importantes depósitos militares. Tanques y helicópteros del ejército ucraniano cercaban la ciudad, aunque no se atrevían todavía a tomarla por asalto.

El politólogo ucraniano Vladimir Fesenko, explica que para Kiev, quebrar la resistencia en Slaviansk es el eje, “porque allí se ha concentrado el grupo fundamental de los separatistas dirigidos por el ruso Igor Strelkov, ministro de Defensa de la autoproclamada República Popular de Donetsk, y para ellos, Slaviansk es su Stalingrado”, en referencia a la ciudad donde se libró la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial.

En Slaviansk, el agua fue cortada después de los bombardeos, se acabaron los líquidos en los negocios, no hay productos, no se reciben sueldos ni jubilaciones, en los hospitales no alcanzan los medicamentos y la gente anda con botellas y baldes para juntar agua, pues no se puede salir de la ciudad.

El analista de Kiev Evguen Magda cree que después de la toma de posesión de Poroshenko, “la operación antiterrorista se va a acelerar y permitirá destruir las fuerzas armadas del territorio de Donetsk y de Lugansk”.

Nueva Rusia

La respuesta militar de Kiev se intensifica sin que haya habido por el momento ningún intento de negociación con los líderes de la rebelión, lo cual ha llevado a una polarización cada vez mayor.

El pasado 24 de mayo se realizó en Donetsk una reunión de delegados de las Repúblicas Independientes de Donetsk y Lugansk y representantes del sur de Ucrania, para poner las bases fundacionales del Estado de Nueva Rusia.

Oleg Tsariev, exdiputado de la Rada ucraniana, excandidato presidencial, y uno de los promotores de Nueva Rusia, dijo a Izvestia el 28 de mayo que los fundamentos de la nueva formación serán “garantizar el desmonte de la oligarquía, la desmonopolización de la economía, terminar la corrupción, no participar en bloques militares, neutralidad, independencia política, garantías sociales, mecanismos para prevenir la corrupción, superar el atraso y la pobreza”.

Alexei Ampilogov, del Centro de Coordinación y Apoyo a las repúblicas rebeldes, que funciona en Moscú, explica a Apro que Nueva Rusia se refiere a las tierras del suroriente ucraniano que fueron conquistadas por el imperio ruso a los turcos y lo compara con el “salvaje oeste” de Estados Unidos, que fue colonizada hace 200 años por las fuerzas conjuntas de ucranianos y rusos.

“La fuerza de Ucrania es que era una nación sincrética, de rusos, ucranianos, hebreos, armenios, austriacos, siempre hubo un consenso, ninguna nacionalidad se puso por encima. La nacionalidad ucraniana no quería decir que uno fuera ucraniano. Esta es la diferencia con los países del Báltico, donde los rusos se quedaron sin nacionalidad”, dice.

Y agrega:

“Pero si nos quieren prohibir el idioma, si dicen que vamos a la Unión Europea, que van a destruir nuestra industria, si nos llaman despectivamente “bichos colorados” porque usamos la cinta de San Jorge que es naranja y marrón, y nos dicen que somos alcohólicos y drogadictos porque explotan los problemas de las ciudades, mientras que ellos viven al aire libre en el campo, la base de la nacionalidad ucraniana está en cuestión”.

Para Ampilogov, las condiciones para el diálogo son cada vez menores. “Antes, estábamos dispuestos a una federalización en los restos de la Ucrania que existía, pero después del referéndum del 11 de mayo, las dos repúblicas van a pelear con Kiev hasta el final”, dice.

“Donbass es sólo el primer paso, como cuando Fidel Castro llegó a Cuba y solo tenía 20 personas y en dos años llegó a La Habana”, agrega. Además, opina que el conflicto se va a extender hacia el sur de Ucrania. “Odesa no perdona los 46 muertos quemados vivos en la Casa de los Sindicatos el 2 de mayo”.

Los rebeldes pro rusos utilizan la palabra española “junta” para designar al gobierno de Kiev, al que acusan de montar una caza de brujas contra todos los que se le oponen. “Si hay activistas de izquierda, los toman por separatistas. Dicen que no negocian con terroristas, pero no quieren negociar con sus propios ciudadanos, porque ya no los consideran ciudadanos”, dice Ampilogov.

Andriy Manchuk, conocido periodista ucraniano, dirigente de la organización de izquierda Borotba, que accedió a ser entrevistado con muchas precauciones en una cafetería de Kiev el mismo día de las elecciones, mientras que un auto hacía guardia en la puerta, señala a Apro que se vive un clima de persecución.

“Entraron a mi casa, se llevaron mi computadora, destruyeron todo y desde entonces duermo en la casa de amigos”, dice. “Soy ucraniano puro, del occidente del país, hablo en ucraniano, nunca apoyé a Putin, quiero una Ucrania unida, pero estoy en contra de lo que está sucediendo. Rusia sólo recoge las consecuencias de los actos del gobierno de Kiev”, agrega.

“Yo no estoy por unirme a Rusia, no hablo ni siquiera como político, sino como ciudadano ucraniano, tiene que haber un acuerdo federal, pero este gobierno quiere ganar hasta el final. El problema es que la guerra está condenada a la derrota porque la gente en el oriente está cada vez más contra Kiev. Por eso, hay que hacer la paz, así nadie va a querer ir a Rusia”.

La Operación Antiterrorista está provocando grietas entre los activistas de la Plaza Maidan. Según el editorial  del periódico Observador Militar Independiente de Moscú del 29 de mayo, en Kiev se reunieron representantes de Maidán y emitieron una declaración exigiendo detener el derramamiento de sangre, garantizar negociaciones, y llamaron a todos los partidarios del conflicto a dejar las armas e iniciar conversaciones de inmediato.

La incógnita es la respuesta rusa. El analista Fedor Lukyanov, director de la revista Global Affairs, dice a Apro que “Rusia habló mucho, pero su acción ha sido muy moderada. En Moscú creen que apoyar totalmente la protesta armada es un error. Rusia no quiere anexar a Donetsk, le conviene que sea parte de Ucrania. Donetsk no es Crimea, donde la mayoría de la gente quería unirse a Rusia, la gente está contra Kiev, pero lo que quiere es calma y estabilidad”, concluye.

Los hechos se están dando con demasiada velocidad. Para el periódico  Observador Militar Independiente, “Ucrania se desliza a la guerra civil siguiendo la variante de Yugoslavia”. ¿Lo impedirá el nuevo presidente Poroshenko?

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