Actualidades escénicas: “Coppelia” en Bellas Artes

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- El compositor francés Léo Delibes (1836-1891) es conocido sobre todo por su ópera Lakmé (1883) y el ballet Coppelia (1870); este último hacía 15 años que no era representado en Bellas Artes por la Compañía Nacional de Danza del INBA (CND) y ahora vuelve para alegría de niños y adultos.

Está basado en un cuento infantil, de E. T. A. Hoffmann (1776-1822), escritor, jurista, dibujante y caricaturista, pintor, cantante (tenor) y compositor musical, “Der Sandmann” (El hombre de arena), y cuenta la historia de un joven que se enamora de una muñeca mecánica, Olimpia, que en el ballet llaman Coppelia.

El asunto tiene una evidente doble lectura: ¡Cuántas personas son verdaderos autómatas o robots, de carne y hueso! Este mismo personaje, Olimpia, aparece en la ópera de Jacques Offenbach (1819-1880), Les contes d’Hoffmann (Los cuentos de Hoffmann). El ballet es una verdadera delicia, ya desde el principio; en seguida del preludio disfrutamos del conocidísimo “valse lente”, cuya popularidad ha trascendido la obra entrando en las salas de concierto y en las recopilaciones de piezas famosas en ese género.

El elenco que nos tocó ver estaba conformado por Agustina Galizzi (Swanilda) y Erick Rodriguez (Franz). El programa de mano, para variar, no da ninguna información sobre la obra ni los personajes ni los intérpretes… Estos dos jóvenes bailarines, ya mexicanos por cariñosa adopción, han constituido la mejor pareja dancística de los últimos tiempos. ¡Qué química, qué técnica, qué expresividad!

Agustina Galizzi es una magnífica actriz –y primerísima bailarina–, todo lo que interpreta se lo cree gracias a su verdad escénica, así sea La fille mal gardée, La Cenicienta, la Tatiana de Oneguin y un largo etcétera. Madura, segurísima de sí misma, poseedora de una técnica muy personal que pone al servicio de las obras, y si algo nos encanta de la Galizzi es que su enfoque está en el lucimiento de la obra, no en el suyo propio, resultado inevitable de lo anterior.

La CND ha mejorado muchísimo en los últimos años, en parte obviamente por la calidad de sus bailarines.

Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas en estas funciones: Desde el preludio inicial (que no obertura) nos dimos cuenta de que la pista usada para estas representaciones (no hubo orquesta en vivo) es de alta infidelidad.
Malísima la pista, el sonido fatal. El Palacio de Bellas Artes está dotado desde su remodelación con cientos de bocinas colocadas en los palcos y en todos lados, pero no las usaron para Coppelia. En vez de ello pusieron dos vejestorios de bocinas a los lados del escenario, que si bien pudieran ser de alta fidelidad, al reproducir un sonido de mala calidad da igual que sean o no buenas. Qué, ¿ya no sirven las de la remodelación que tan criticadas han sido?

La coreografía es de Enrique Martínez, quien decidió reincorporar danzas tradicionalmente que ya estaban fuera de la obra (mazurcas y czardas). El maestro Raúl Fernández, pilar fundamental de la compañía, interpreta el personaje del Doctor Coppelius.

Para la maestra de la CND, Tihui Gutiérrez, es un reto poner esta obra: Por una parte en el aspecto técnico, y por el otro en la comicidad que le dio originalmente Marius Petipa. Originalmente esta pieza está entre el periodo clásico y romántico, por lo que se plantea drama y comicidad, que para la ejecución corporal resulta muy difícil, pues requiere mucha pantomima… y hacer reír no es fácil.

Enhorabuena y ojalá se ponga con más regularidad esta delicia de ballet.

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